Los números son escalofriantes. Entre julio y septiembre de 2018 las capturas de pulpo de la flota de Bueu alcanzaron los 73.000 kilos; el primer trimestre de la campaña pasada arrancó con un descenso, hasta las 47.000 toneladas. Una caída que casi parece irrisoria si se compara con las cifras acumuladas entre julio y septiembre de este año: menos de 5.500 kilos. Una cantidad que en condiciones normales debería corresponderse con la de unos pocos días de trabajo y no con la de tres meses. La flota de Bueu es junto a la de Ribeira la más representativa de Galicia en la pesca del cefalópodo y muchos barcos han decidido reducir los días de trabajo, otros han cambiado de oficio y otros directamente han optado por amarrar a la espera de que la situación mejore. Una mejora que de momento no se vislumbra. "A ver si con el invierno, las maruxías y una revoltura en el mar la cosa cambia", expresan entre la esperanza y la desconfianza.

El patrón mayor de Bueu y presidente de la Federación de Cofradías de Pontevedra, José Manuel Rosas, insiste en que es necesario un estudio científico para saber las causas del problema y si se trata de algo puntual. "Es verdad que hubo otros años malos, aunque no como este", manifiesta. Rosas defiende la necesidad de articular de inmediato un plan de recuperación para el pulpo y que aporte seguridad económica al sector. En caso contrario alerta de "catastróficas" consecuencias. "En apenas un mes abre la centolla. Si hay un basculamiento de flota hacia ese recurso es verdad que en noviembre vamos a tener muchas capturas, pero llegaremos a navidades con el recurso agotado", advierte.

"Ir al mar y no traer nada cansa mucho. Empiezas a dar vueltas y ya no sabes a donde ir a pescar, yo llegué a ir hasta por fuera de Sálvora y nada", afirma Arturo Goberna, patrón del "Raima". Cuenta que antes de la veda las capturas eran escasas, pero suficientes para salvar la semana. "Cuando volvimos en julio el primer día volvimos con 30 kilos y el segundo no llegamos a 20. Paré el resto de la semana y volvimos a ir la siguiente, un día con 20 kilos y otro con menos", relata. Entonces decidió amarrar el barco y hasta ahora. "Solo entre carnada y gasóleo tienes unos gastos de 600 euros a la semana y con esas capturas no cubres nada", explica. El otro tripulante se pudo acoger al paro, pero él desde entonces tira de ahorros y sigue pagando su cuota de autónomos. "Tengo 49 años y llevo en el mar desde la juventud. Nunca en mi vida vi algo como esto, volver a tierra con uno o dos pulpos. Puede pasar un día porque hay mal tiempo, pero no todos", afirma.

Un relato que coincide con el de otros compañeros, como Carlos Lemos, patrón del "Yuli Un". En su caso llegaron a acogerse a un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) entre agosto y mediados de septiembre debido a la escasez de capturas. "Volvimos al mar pensando que para entonces la situación habría mejorado, pero solo fuimos unos días. Al final la tripulación la tuvimos que mandar al paro porque al acabar la semana lo que le estabamos pagando era casi una propina y con eso no se pagan facturas", relata. "Es la primera vez que tenemos que amarrar porque no hay capturas. A veces hay años malos que compensas con otros buenos, aunque nada como esto", añade.

La opción de cambiar temporalmente de arte está encima de la mesa, pero no es una solución. "Primero porque tienes que realizar un desembolso de más de 10.000 euros para comprar aparejos y adaptar el barco. Y luego porque si todos vamos a la misma especie le hacemos daño al mar y tiramos los precios porque saturas el mercado", argumenta Carlos Lemos. La flota bueuesa del pulpo, compuesta por unos 40 barcos, defiende la necesidad de un paro de entre dos y tres meses para toda Galicia para dar tiempo a que la especie de recupere y que sea remunerado. "La situación actual es una vergüenza. Solo hubo un año en que pagasen el paro; el resto siempre fue a costa del bolsillo del sector, ni siquiera nos descontaron las cuotas de la Seguridad Social", afirma indignado Arturo Goberna. La situación actual entiende que resulta contraproducente. "Si no paramos todos lo poco que hay se destroza y estamos siempre en la miseria", argumenta. "Es como si cada vez que en el campo salen brotes verdes vas y los cortas, no llegan a crecer nunca", añade a modo de ejemplo Carlos Lemos.

Las razones para semejante descenso en las capturas del cefalópodo todavía son una incógnita. No falta cierta autocrítica que apunta a un número excesivo de nasas, pero entienden que no es suficiente para explicar un desplome que es generalizado en toda Galicia. "No sé si es un mal desove o está relacionado con que este año hay mucha caballa, caballón y pescadilla, que son especies depredadoras. Eso es algo que tiene que estudiar la Xunta, que para eso tienen biólogos", sentencia el patrón del "Raima".