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"Sí quiero", pero después de la pandemia

El estado de alarma, con el cierre de la hostelería, obliga a aplazar bodas y comuniones - El sector augura un año "en blanco", a expensas de las medidas de distancia social que se puedan aprobar

Cuando el amor es más fuerte que el coronavirus

Cuando el amor es más fuerte que el coronavirus GONZALO NÚÑEZ

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Cuando el amor es más fuerte que el coronavirus GONZALO NÚÑEZ

Pedro Torres y Carmen Pastoriza son una pareja de Bueu. Ayer, 18 de abril, iba a ser el día de su boda. Una ceremonia que se ha tenido que aplazar hasta que el coronavirus permita salir del confinamiento y paulatinamente se pueda recuperar cierta normalidad. "Cuando se decretó el estado de alarma y el confinamiento nos dijimos que de esta salimos reforzados o separados", cuentan con buen humor desde su piso, donde ayer tenían previsto disfrutar de una comida diferente que les recordase que tenían que celebrar su enlace. Sus vecinos, que sabían de la fecha tan especial, les brindaron una emotiva sorpresa por la tarde, a la hora de salir a los balcones para homenajear a los sanitarios. Ayer, parte de eso homenaje fue para ellos, para Mela y Pedro, que salieron a saludar y brindar con sus trajes de novios. Su historia es la de otras muchas parejas que han tenido que posponer el "sí quiero" por culpa de la pandemia.

Cuando el amor es más fuerte que el coronavirus

Cuando el amor es más fuerte que el coronavirus

La irrupción del coronavirus ha supuesto el aplazamiento de numerosas celebraciones que se programan con muchos meses de antelación, como bodas, comuniones o algunas celebraciones familiares. Un revés para las parejas, pero que también tiene consecuencias económicas para restaurantes, fotógrafos, agencias de viajes o incluso para músicos o dj's que se encargan de amenizar estos eventos. Si Gabriel García Márquez aún estuviese vivo probablemente tendría material suficiente para continuar aquella historia de Fermina Daza y Florentino Ariza, "El amor en los tiempos del cólera".

"No queremos ser pesimistas y ojalá nos equivoquemos, pero este va a ser un año en blanco", cuentan Manuel y César, responsables del restaurante Loureiro de Bueu, uno de los espacios más demandados para este tipo de celebraciones. Lo del blanco no es una alusión al tradicional color vestido de las novias, sino a las temibles consecuencias económicas del Covid-19. "En marzo teníamos dos bodas que se cambiaron de día y para mayo teníamos previstas unas 20 comuniones y varios enlaces. Algunas de las bodas ya las estamos pasando para el año que viene y otras parejas están a la espera de lo que diga el Gobierno, a ver si queda algún hueco libre durante el verano o en octubre", explican. Lo peor de todo, aseguran, es precisamente "la incertidumbre, la falta de información".

Pedro y Carmen fueron previsores y una semana antes de que se decretase el estado de alarma decidieron aplazar su enlace, previsto en el Pazo de Santa Cruz. "Veíamos lo que estaba pasando en China y sabíamos que esto iba para largo. Al principio aún dudamos porque va a ser una celebración íntima, con unos 60 invitados, pero al final la aplazamos hasta el 17 de julio. Y aún así no sabemos si será posible celebrarla", cuentan desde su confinamiento. Esa nueva fecha la eligieron debido a la cercanía del día de la Virgen del Carmen, una festividad especial en Bueu. "Es el santo de ella y mi suegro es un marinero de toda la vida", añade el novio.

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Una alianza de amor en pleno confinamiento

En el caso de Bueu hay una quincena de bodas que ya tenían fecha -una en la isla de Ons- y que o bien se han aplazado o están en el aire a la espera de la evolución de la pandemia, así como de las nuevas medidas de aforos y distancia social que se dicten desde el Gobierno. "Además hay otras diez que estaban tramitándose y que en estos momentos han quedado completamente paralizadas", explican desde el Juzgado de Paz. Desde que se decretó el estado de alarma, hace ya un mes, solo se celebró una y bajo estrictas medidas de seguridad. Fue en los primeros días y se mantuvo porque había causas de fuerza mayor. "Entraron los novios y los testigos, pero de uno en uno. Firmaron y salieron", explican. Nada que ver con lo que en otras circunstancias debería ser un día de fiesta.

Esa denominada como "nueva normalidad" es el quid de la cuestión, en opinión de los responsables de otro reconocido restaurante de la comarca. "A estas alturas creo que la pregunta ya no es cuándo podremos abrir, sino cómo", señala Julio Estévez, desde A Centoleira. Cuestiones como el aforo, la forma de relacionarse en una sociedad acostumbrada a saludarse con besos y abrazos, la protección de los trabajadores y de los clientes. "Va a ser muy diferente a lo que estamos acostumbrados", auguran. En este restaurante, al pie de la playa de Beluso, tenían numerosas comuniones contratadas para el mes de mayo y la mayoría ya se están posponiendo. Casi todas con un horizonte temporal más allá del verano. "Yo diría que el verano ya está casi perdido. Se va a tratar de sobrevivir e intentar mantenerse", añaden.

La orden del cierre de la hostelería y la restauración obligó a la mayoría de los locales a tramitar expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) para sus plantillas, aunque siguen afrontando gastos considerables. "Tuvimos que cambiar el contrato de la luz para bajar la potencia porque estuviésemos abiertos o cerrados la factura se nos iba a casi 2.000 euros al mes", apuntan desde el Loureiro.

En Cangas, el Concello ha tenido que suspender o aplazar alrededor de media docena de bodas debido al confinamiento y a la imposibilidad de formalizarlas en acto público. Algunos novios han notificado a la Alcaldía su disposición a casarse cuando se levante la cuarentena, aunque la mayoría evitan poner fecha debido a la incertidumbre, según señala el alcalde, Xosé Manuel Pazos.

En Moaña el Juzgado de Paz ha tenido que suspender solo una boda ya fijada con día y hora, según explican desde el Concello. El juez de paz, Jacinto García, relata que el personal está rotando con un solo trabajador activo cada día. "Únicamente atendemos las urgencias como nacimientos y defunciones. El resto está paralizado".

Desde el Concello la alcaldesa, Leticia Santos, explica que cuenta con varias peticiones de bodas para el verano y desconoce todavía si podrá celebrarlas o no. Entiende que lo más lógico, a tan corto plazo, sería aplazar estas ceremonias. "Las que necesiten realizarse por alguna urgencia se harían solo con los novios y los testigos, sin mayor problema", defiende.

Tatiana y Darío: "Queríamos casarnos el día de nuestro aniversario"

Tatiana Teixeira y Darío Rúa viven en Bueu, son pareja desde hace diez años y su boda iba a ser el sábado 16 de mayo, en la víspera del Día das Letras Galegas. El día no estaba elegido al azar. "Es la fecha de nuestro décimo aniversario juntos y queríamos celebrarlo con la boda", cuentan también de su confinamiento y sin poder trabajar. Darío es entrenador deportivo personal y Tatiana regenta el bar de tapas A Esmorga, en la Praza Massó. "Al final la vamos a celebrar el 26 de septiembre porque teníamos claro que no íbamos a esperar otros diez años para casarnos", cuentan.

En su caso mantuvieron la esperanza de poder mantener la fecha hasta hace relativamente poco tiempo y en un primer momento manejaban aplazar el enlace hasta junio ya que será una ceremonia sencilla. "Pero desde el restaurante nos bajaron de la nube y nos dijeron que con un poco de suerte podría ser en septiembre", explican. "Al final escogimos el 26 de septiembre casi obligados porque era la única fecha que quedaba libre en el Concello [les casará el alcalde]. Pensamos en el día 5 de ese mes, pero ya no tenían más huecos para esa jornada", manifiestan. Tampoco querían retrasar más la celebración porque eso significaría adentrarse en el otoño-invierno y podría provocar un problema con el vestuario a los novios y a los invitados. La mayoría ya tiene la ropa comprada pensando para una boda en época de primavera-verano.

La pareja ha conseguido mantener casi todo lo que tenían previsto, contando con el mismo fotógrafo y restaurante en Baiona. Sin embargo, han tenido que renunciar a algunas sorpresas que tenían previstas para los asistentes. "Iba a estar un caricaturista, que se encargaría de realizar una caricutura de los invitados. Nos hacía ilusión porque era un detalle diferente, pero con el cambio de fecha ya no podrá ser", se lamentan.

Con la luna de miel han tenido más suerte. Tenían previsto un viaje a Grecia y desde la agencia de viajes han podido tramitar el cambio de fechas. "Pero habrá que esperar a que se acerque el momento porque no está claro si se podrá viajar entonces", concluye la pareja.

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