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Un Corpus con los santos por los suelos

Una procesión del Santísimo en Cela, hace más de un siglo, generó el rechazo de la parroquia ante la intención de la Iglesia de tomar posesión del espacio vecinal conocido como el "Eirado"

Robustiano Sández Otero, el 11 de febrero de 1926, ante la catedral de Santiago. //Ruth Matilde Anderson

Robustiano Sández Otero, el 11 de febrero de 1926, ante la catedral de Santiago. //Ruth Matilde Anderson

Las alfombras florales del Corpus Christi se han convertido en una de las señas de identidad de Bueu. La documentación que se conserva prueba que esta celebración se remonta al menos hasta el siglo XVII, cuando hay constancia de la existencia de una Cofradía del Santísimo. Eso sí, en aquel entonces no había aún la tradición de las alfombras, que es muy posterior. Sí hay constancia de las procesiones con el palio y de algunas anécdotas de lo más curiosas e incluso tumultuosas. Una de las más llamativas ocurrió en Cela a principios del siglo XX, cuando las imágenes de los santos acabaron por el suelo y hechas añicos debido a la oposición vecinal al recorrido que pretendía completar el entonces párroco. Un trazado con el que la Iglesia quería de alguna manera "tomar posesión" del conocido como Eirado, un terreno de carácter vecinal.

El suceso ocurrió cuando el párroco de Santa María de Cela era Robustiano Sández Otero (1875-1961), que estuvo en la parroquia entre 1901 y 1910. Se trata de un personaje importante porque pasados los años llegaría a ser canónigo de la Catedral de Santiago, profesor en el seminario mayor y fue el impulsor del museo catedralicio, del que fue director hasta su fallecimiento. También fue una de las personas que ayudó a la conocida fotógrafa estadounidense Ruth Matilde Anderson durante sus visitas a España y a Galicia. Le llegó a escribir una carta de recomendación para el director del Museo del Prado y Anderson lo fotagrafió en febrero de 1926 delante de la Catedral de Santiago. Después mantuvieron correspondencia por carta.

Sin embargo, su paso por Cela no tuvo un buen final. Antiguamente la procesión del Corpus salía de la iglesia románica, girando a la izquierda y se dirigía hacia el cruceiro del Igresario, donde daba la vuelta y regresaba por el mismo sitio, aunque esta vez pasando por la casa de obra de la iglesia y por el costado derecho.

No obstante, hacia el final de su estancia la parroquia bueuesa el párroco quiso introducir un cambio en el recorrido de la marcha, que no tenía alfombras florales [esta expresión artística en Cela es muy reciente]. Su intención era llegar hasta el cruceiro y luego bajar por un callejón que daba acceso al conocido como "Eirado de Cela", un terreno ya entonces de titularidad vecinal. A día de hoy podría parecer algo baladí, pero en la época se trataba un gesto cargado de intención. Los vecinos y la comisión de fiestas entendieron que lo que quería el párroco era pasar por el Eirado como una forma de "toma de posesión" de ese espacio, un paso previo a la colocación de un cruceiro y que el terreno pasase a ser propiedad eclesiástica.

En una especie de "no nos moverán" o "por aquí no pasarán" los vecinos y la entonces comisión de fiestas se opusieron de manera rotunda a las pretensiones de Robustiano Sández. Según alguna documentación hubo alguna persona, como Agustín García Parada, que llegó a tumbarse delante de la procesión para impedir su paso. Tanto esta persona como su hermano llegaron a ser alcaldes de Bueu en diferentes épocas.

Precisamente al Concello de Bueu le corresponde el último intento de hacerse con la propiedad de este espacio. Fue en el año 2001 a través de un pleito que finalmente fue desestimado por los tribunales, que ratificaron que el Eirado de Cela era vecinal y no municipal.

El caso es que la presión vecinal tuvo éxito. El párroco no tuvo más opción que dar marcha atrás y volver con la procesión por donde había venido. Algunas fuentes señalan que durante la refriega las tallas de las imágenes que salían en procesión se llevaron la peor parte, acabando destrozadas. Esa sería la razón por la que hoy las actuales son de escayola y de escaso valor artístico. No hay constancia de que hubiese represalias contra los vecinos porque se protegieron entre sí.

El Libro de Fábrica de la iglesia de Cela también guarda otra curiosidad relacionada con el Corpus, relativa al 1 de febrero de 1670. En aquel entonces el atrio de la parroquial no estaba enlosado y alrededor del templo había varios robles y castaños. En una de las frecuentes visitas pastorales ordenadas por el Arzobispado a las parroquias, el canónigo Juan de Pedriza Chantre deja por escrito un mandato en el que ordena al párroco la tala de esos árboles. El argumento era que que "arruinan los olivos que están en dicho adrio" y porque su ramaje dificultaba tanto la procesión del Corpus como del Jueves Santo.

Hay constancia de que el cura cumplió la orden. Más le valía hacerlo porque el mandato establecía que en caso contrario se enfrentaba a la pena de excomunión mayor y a una fuerte multa económica.

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