Los dos detenidos en su día por una oleada de hurtos y robos en Cangas se acogieron ayer a su derecho de no declarar ante el juez. Ahora mismo en libertad, están acusados de ser los responsables de hasta al menos ocho hurtos y robos continuados que se comenzaron a perpetrarse el pasado verano.

Pero este caso no llama tanto la atención por la cuantía de lo robado, sino por la pericia demostrada para cortar, con precisión de cirujano, pero utilizando una sierra, toda la instalación de calefacción y el calentador de una casa en la que no vive habitualmente nadie y, supuestamente, ponerla después en el mercado.

La instalación estaba a la vista y el precio del cobre ahora mismo alcanza la cantidad de 4,5 euros el kilogramo. Fueron los propietarios quienes denunciaron este robo con fuerza cuando se encontraron con la ingrata sorpresa. Pero entre sus sospechosas habilidades también figura la de robar los pulsadores de un edificio de la avenida de Marín, donde se encuentra la clínica Prosaúde. Lo hicieron por dos veces. Esperaron a que la comunidad se gastara el dinero en reemplazar lo robado y reincidieron, supuestamente, sin esperar demasiado tiempo.

Los dos investigados son vecinos de Cangas y cuentan con antecedentes penales. Entre sus presuntas habilidades está la de entrar precisamente en casas que no son viviendas habituales y robar el cobre y otros aparatos. También se les acusa de pequeños hurtos y parece que el escenario de los mismos eran los parques infantiles. Pendientes siempre de que las madres dejase algún bolso al alcance de sus manos. También operaban en el interior de los vehículos. Siempre, supuestamente, permanecían al acecho de aquellos que quedaban sin cerrar adecuadamente. En su momento, hubo cierta alarma social por esta oleada de hurtos y robos, que decayó conforme la Guardia Civil localizó a los presuntos autores, que ahora siguen paseando las calles de Cangas, aunque la actividad delictiva denunciada bajó sustancialmente.