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Faro de Vigo

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Historias de O Morrazo · "Cualquier tiempo pasado fue peor"

1860, la emigración a América (III)

Largas travesías en incómodos veleros y familares que nunca regresaron

Vista de la entrada del astillero J.Barreras en Vigo. // Ricardo Grobas

A estas alturas entre 1850 a1860 todavía no habían hecho acto de presencia en Vigo las Grandes Compañías Navieras, su escala lo harán más tarde a finales de ese mismo siglo. En este período estudiado, los buques que cruzaban el Atlántico eran modestos veleros: goletas, bergantines y corbetas que cruzaban temerosos el proceloso mar sin calendario fijo de llegada. Sus propietarios son siempre armadores vigueses.

Partían de Vigo en cualquier época del año con preferencia en invierno esperaban que el aforo de la embarcación fuese lo suficiente rentable, ponían rumbo a La Argentina con escala en Montevideo, la ruta de la Habana vendría poco después.

Aunque no son muchos los datos que tenemos de aquellos navieros y sus embarcaciones, conocemos alguno de ellos. Por ejemplo, sabemos que en enero de 1854, el bergantín "Ramonito" había anunciado a los cuatro vientos la inminente salida de este puerto de Vigo al mando del capitán y propietario D. Juan Tapias Ferrer. En su publicidad advertía que el bergantín partiría con destino al puerto de Buenos Aires a la mayor brevedad. Precio del pasaje, 65 duros (1300 reales).

D. José Barreras era otro conocido armador vigués que hacía ruta trasatlántica en su "bergantín-goleta", tenía por nombre "J B" (las iniciales de su propietario) su rutinario destino era la Habana. En este bergantín, tienen pasaje con destino a aquel puerto dos esperanzados muchachos Manuel González Herbello y Manuel González Carballo. Otro velero que hacía ruta a Montevideo y Buenos Aires era el buque "Ignacia" al mando del capitán D. Manuel Soto en el que D. Agustín Pla Avalle, fomentador de sardina, dice haber hecho viaje a aquel último puerto en 1867. Tres años después, el mismo capitán aparece al mando de la corbeta Nueva Ignacia

Conocemos los nombres de otros industriales que, probablemente, estarían involucrados en este lucrativo negocio, entre ellos a don Francisco Gil Montrelles fomentador de sardina en Cangas y copropietario en tres embarcaciones: el bergantín Cristino, el bergantín-goleta Rita y otro llamado Viejo Feliz.

Prudencio Landín, en su libro (De mi viejo Carné pág. 75 a 78), relata que de Pontevedra partía en 1861 una goleta recién construida en aquella ría pontevedresa llamada Los Nodales. Medía 64 varas de largo y tenía tres palos, estaba al mando del capitán vigués Leopoldo Neira con viajes a Montevideo y Buenos Aires. Tenía capacidad para 300 pasajeros

La travesía

En cuanto al viaje se diría que la palabra "placer" sobra. Aquellos veleros nada tienen que ver con los vapores de final de siglo en que las condiciones de a bordo habían mejorado sensiblemente.

Los veleros de este período estudiado (1850 -1875) entonces no estaban en condiciones de alojar pasajeros. Cada viajero debía agenciarse su alojamiento como podía en medio de aquel hacinamiento humano. Las comidas, pobres y mal condimentadas; el agua escasa por tanto la higiene se hacía desear. Todo ello contribuía a que la travesía fuese un sufrimiento y así en esas condiciones debían soportar una dura travesía que podía durar de 30 días a mes y medio, según destino. Hallamos algún que otro viajero que por unos reales extra deseaba un viaje más confortable, es el caso de Estanislao Fernández, su madre Joaquina Rodal, pagó 2000 reales para que la travesía de su hijo "lo hiciese en la cámara del buque Ramonito" por tal motivo hipotecó la casa de dos altos sita en la calle Xesteira (hoy, Valentín Losada)

El viaje inaugural de la goleta Los Nodales, de Pontevedra a Buenos Aires duró 77 días. Cuentan que la vida a bordo transcurría rutinaria, cantaban canciones de la tierra ya lejana, al anochecer, sobre la cubierta se rezaba diariamente el rosario. La comida habitual era bacalao, patatas y pan duro. El alojamiento, muy malo. Cada uno debía lavarse la ropa como pudiera y en caso de enfermedad había a bordo un sangrador y un pequeño botiquín.

Fallecidos en América

Las causas por las que muchos decidieron permanecer en América, son numerosas.

La lectura de muchos documentos nos permite comprobar la tristeza e incertidumbre que embargaba a muchos padres que, pasados los años, a la hora de testar recuerdan con nostalgia el hijo que se fue. Manuel Bermúdez es uno de estos casos. En testamento redactado por sus padres en 1868 recuerdan que su hijo "se ausentó de Cangas siendo casi un niño en 1842 sin que actualmente sepamos nada de su paradero si vive o está muerto

En términos parecidos Juan Bastos afirma que sus dos hijos varones José y Emilio, el primero se ausentó de Cangas y "se ignora su paradero", el segundo, Emilio está ausente en Cuba. Los hermanos Tomás y José Lemos de Hio en 1876, reclaman los bienes de su hermano Serafín fallecido soltero en la Habana

Otros, señalaban que la emigración trajo casos de desarraigo, abandono o de rotura familiar como lo atestigua Francisca Santos Curra señalando que su marido Francisco Martínez emigró a las Américas " pasa ya de 23 años sin saberse su paradero", pero por informaciones recibidas sabe que allá había contraído y formado nueva familia; señalaba que " por noticias ciertas su marido se halla casado" en aquellas tierras.

Son frecuentes los casos de personas que emigrados años atrás habían fallecido sin dejar descendientes, pese al compromiso de regresar algún día. Allá, unos pocos afortunados acumularon riquezas; sin hijos y herederos forzosos dejaron por beneficiarios de sus bienes a familiares de este lado del Atlántico. Viajar a América era una aventura que todos deseaban hacer, de ahí que el fallecimiento de un pariente sin hijos era motivo para embarcarse e ir a recibir la herencia.

En 1866, D. Ignacio del Río da carta de poder a un pariente suyo Juan Benito del Río para que viaje a Buenos Aires y gestione la herencia de D. Esteban del Río que "falleció soltero en aquella República sin herederos por cuya razón recayó la herencia en el compareciente por ser biznieto del fallecido" por tal motivo Ignacio decide hacerse cargo y de inmediato "partir en la primera embarcación que salga de Vigo" con destino a la Argentina.

En 1869, José Pastoriza Pastoriza casado con viuda y fallecida recientemente recibe noticia de haber muerto el hijo de su mujer Manuel Costas Gestido que" emigró hace años a la parte de América en Montevideo y allí se apartó al punto que llaman Salto Oriental donde falleció soltero". Pastoriza, su padrastro, envía poderes notariales para que el cangués D. Juan Fandiño residente en aquella ciudad de Montevideo le gestione "recaude y gire los bienes que le quedaron".

Y así podríamos repetir más casos.

También los dineros, en algún caso, viajaron en dirección americana. Se trata de aquellos casos en que el emigrante decide vender sus propiedades en esta parte del Morrazo para invertirlos en algún negocio o industria con intención de residir definitivamente en aquellas tierras. En 1879, José Agulla Portela solicita de su hermano Claudio le venda sus predios de Bueu y Aldán y remita su valor a Buenos Aires donde había montado un negocio en la Calle Alsina Nº 107

Dos casos excepcionales: Soage y Del Río

No queremos pasar por alto sin hacer al menos, breve referencia a un emigrante bienhechor e hijo de este pueblo, Don José Félix Soage Villarino que llegó a ser una de las primeras fortunas de la villa. El reconocimiento a su persona se testimonia en el bello monumento erguido no "Xardín vello" de esta villa.

Soage Villarino fue uno de los muchos cangueses que emigró siendo todavía un adolescente de 14 años, arribó al puerto de Buenos Aires en 1858 y cuya biografía la documentó ampliamente, en estos mismos medios, nuestro recordado Eugenio Eiroa Hermo al que tanto debe la historia local.

El segundo de estos filántropos fue D. Esteban del Rio, otro de los tocados por la fortuna que pese a la distancia no olvidaría a su Meiro natal.

En mayo de 1868, el Alcalde de Bueu y un grupo destacado de hombres prominentes de la villa, se reúnen en la Casa Consistorial para dar lectura al testamento de don Esteban del Río.

Señalaba el testador haberlo redactado ya muchos años antes en 1830 en la ciudad Buenos Aires, En él decía "ser natural del lugar de Meiro perteneciente al Ayuntamiento de Bueu" ,haber emigrado a Buenos Aires donde con tesón y trabajo había logrado reunir cierta fortuna y que siendo soltero y sin herederos directos, era su firme voluntad dejar una parte de su patrimonio para beneficio de sus paisanos de Meiro, haciendo que con parte de sus bienes se instituyesen en aquella localidad tres entidades que deberán sostenerse a perpetuidad:

a) Una escuela pública de primeras letras.

b) Se traiga un facultativo en medicina que asista gratuitamente a los pobres de Meiro en sus dolencias y enfermedades así como atender aquellos otros que lo necesiten o lo exijan. Y por último?

c) Una capellanía eclesiástica, pensionada, (es decir, pagada) donde se celebrará una misa rezada todos los días festivos del año.

De América vinieron muchas fortunas que contribuyeron en buena medida a paliar la enorme crisis económica que atenazaba el país, una Galicia pobre y una España envuelta en constantes guerras civiles provocadas por la irresponsabilidad de unos políticos mediocres, demagogos más preocupados en desalojar al gobernante de turno que arreglar las necesidades de los gobernados.

Una gran mayoría de los emigrantes regresaron al poco tiempo desilusionados, otros lo hicieron al cabo de años enfermos y envejecidos con las manos vacías en la esperanza de que algún pariente le acogiese en su vejez.. Una inmensa mayoría no fueron capaces de devolver el préstamo del pasaje Otro elevado número murieron al poco de desembarcar víctimas de un clima poco propicio, fallecidos anónimamente sin saberse de ellos. Los que trajeron algunos ahorros fueron los menos.

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