Los músicos que tocan la dulzaina -un instrumento tradicional con arraigo sobre todo en Cataluña, la Comunidad Valenciana y Castilla- tendrán que tener la vista puesta en lo que ocurre en Moaña a partir de ahora. Y es que un aficionado a la gaita afincado en Moaña, Francisco Javier Ramiro, ha ideado y patentado un silenciador para este instrumento, tras la solicitud del zamorano Alberto Jambrina, una figura destacada en este instrumento.

Su invento comenzó hace un par de años, cuando creó la "insogaita", para amortiguar el sonido de las gaitas y permitir así que los músicos ensayen en sus domicilios sin molestar a los vecinos. "Me regalaron una gaita y empecé a tocar, sufría quejas de los vecinos pese que trataba de reducir el sonido con mantas". Su invento consiste en un saco-cojín con un material de insonorización y cubierto por polipiel. Tiene agujeros por los que introduce el punteiro y las manos para tocar. Con la dulzaina necesitó realizar varias modificaciones y sobre todo emplear un material más denso, "pues suena muy fuerte, es ensordecedora". Asegura que con su invento no se elimina el sonido del todo "pero no llega a molestar a los vecinos", señala.

El precio es el mismo que el de la "insogaita", de unos "100 euros incluyendo el IVA y los gastos de envío", señala. Trabaja con una empresa de confección para producir más unidades.

Aunque el silenciador de dulzainas está provocando ya un cierto impacto entre músicos tradicionales de otras comunidades, de momento son los gaiteiros los que más reclaman su producto, "sobre todo en Asturias, en donde vendo más", destaca.

Asegura que ambos inventos están pensados "para la gente que ensaya en su casa cada poco tiempo" o incluso para los músicos que antes de una actuación "tocan en un hotel". El despegue de su invento se produjo cuando una escuela de gaitas de Sestao le hizo un pedido destacado. "Al principio la gente era reacia, pero también fui mejorando algunos detalles a medida que se probaba". Gaiteiros de renombre como los moañeses Anxo Lorenzo e Iván Costa también adquirieron su producto. Le llama la atención la demanda extranjera para un complemento de algo tan propio como la gaita. "Hace poco vino un gaiteiro japonés y también recibo pedidos de Estados Unidos, Alemania, México o Argentina".

Ahora trata de hacerse con un nuevo mercado gracias a la adaptación de su invento a la dulzaina. El nuevo silenciador mide unos 50 centímetros y pesa menos de un kilo.