La ballena será la gran protagonista de la próxima exposición temporal del Museo Massó de Bueu. Será el plato fuerte de la programación cultural para los próximos meses y se prolongará hasta inicios de 2015. La iniciativa ya cuenta con el visto bueno y la aprobación de gasto por parte de la Consellería de Cultura. La previsión es que esta muestra pueda inaugurarse a principios de verano para que pueda visitarse durante la temporada de mayor afluencia de visitantes a Bueu y la comarca de O Morrazo.

La exposición estará comisionada por la directora del museo, Covadonga López de Prado, y por uno de los mayores expertos en la industria ballenera en la Península Ibérica y que fue testigo directo de los últimos años de esta actividad: el biólogo Àlex Aguilar, que ahora es director del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona. "Habrá una introducción histórica, con la época legendaria en la caza del cetáceo por parte de los vascos y gallegos durante la Edad Media. Luego nos adentraremos en el siglo XX, con la llegada de los noruegos y con la aparición de las factorías balleneras del sur de España", explica la directora del Museo Massó. La parte central será estará dedicada a la industria ballenera y a las fábricas que se asentaron en Galicia durante la segunda mitad del siglo pasado: la de Balea en Cangas, la de Caneliñas en Cee y la de Cabo Morás en la costa de Lugo. Esta exposición será una oportunidad para que el museo buenense muestre gran parte de su colección sobre la caza e industria ballenera, unos fondos que constituyen probablemente la colección más grande e importante de España, apunta Covadonga López de Prado. El proyecto expositivo se está perfilando y en la iniciativa colabora también el Museo Provincial do Mar de Lugo.

Uno de los comisarios de la exposición, Àlex Aguilar, acaba de publicar "Chimán. La pesca ballenera moderna en la Península Ibérica", un enorme estudio sobre el origen de esta industria en España y Portugal y en el que recoge su experiencia en Galicia durante finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, justo antes de la moratoria. Aguilar fue un testigo de excepción de aquel momento porque era uno de los biólogos encargados de supervisar que los balleneros y las factorías gallegas respetaban las cuotas asignadas por la Comisión Ballenera Internacional (CBI).