Los últimos derrumbes en el talud del enlace a Cangas en el Corredor do Morrazo (CG-4.1), que sigue cortado al tráfico mientras no se acometan las obras de reparación, pone en tela de juicio el diseño de esta carretera abierta en 2005 y pendiente de su desdoblamiento para ganar en seguridad vial, ya que en 2010 registró una ola de accidentes con 11 víctimas mortales. Ahora empiezan a surgir también las críticas por el elevado coste ecónomico que supone este vial para las arcas públicas. La primera procede de la Plataforma en Defensa dos Montes do Morrazo que muestra su malestar después de que la Consellería de Infraestructuras cifrara en 400.000 euros el coste de los arreglos de este último desprendimiento del talud. La Plataforma asegura que a estos 400.000 euros, habría que sumar también los gastos realizados anteriormente por otros derrumbes de taludes, los de la separación con medianera y pivotes de los dos carriles a lo largo de los 18 kilómetros del vial, en los que se destinaron 200.000 euros; y los 72 millones de euros que costó construir el propio corredor, además de las labores anuales de mantenimiento y limpieza "co que implica un enorme gasto económico con fondos públicos".

La Plataforma siempre se mostró contraria al proyecto del desdoblamiento y dice que la persistencia de la consellería en licitar esta ampliación el próximo año y por tres tramos, sólo agrandará más este coste económico. Según el Plan de Mobilidade Viaria de la península do Morrazo, presentado por la consellería en 2012 y contra el que presentó alegaciones la Plataforma, para el desdoblamiento figuraba una inversión de 41,29 millones de euros correspondiente a la primera fase de 11,14 kilómetros, desde Rande al enlace de Cangas, precisamente en donde se ha producido el derrumbe. La Plataforma sostiene que esto es aumentar el coste económico y supone además un nuevo e irreversible impacto para el territorio y el paisaje, entre los que están el espacio natural de los montes do Morrazo y el carballal de Coiro

Dicen que los últimos derrumbes son tan solo un episodio de una larga cadena de efectos negativos que arrastra este vial desde su puesta en funcionamiento "unha obra que nunca debeu realizarse, aforrando en impacto ambiental, colapsos viarios, accidentes e sinietsralidade humana".

Señalan que las principales causas de estos últimos desprendimientos están en que el vial se trazó en los montes de Moaña a alrededor de 250 metros de altitud y entre varios nacimientos de la cuenca del regato do Inferno, por encima del barrio de Xalde, en la parroquia de San Martiño, con afección de las capas freáticas y la alteración de la circulación del agua del subsuelo. A esto, dicen que hay que unir el profundo corte vertical de varias docenas de metros en el terreno y la poca consistencia del mismo. La importancia del agua en la zona también se hizo notoria, señalan, cuando a escasos metros de los derrumbes también existen unos depósitos de la traída privada y tubería de canalización que igualmente se vieron afectados.

Desde la Plataforma de defensa dos montes do Morrazo advierten que no es la primera vez que se producen estos derrumbes de tierra en las proximidades del corredor, sino que es una constante cada año, y el impacto es cada vez mayor producto de la fuerte erosión del terreno causado por la propia construcción del vial y las lluvias torrenciales que, como las de este invierno, rematan por hacer hendidura en el suelo y de ahí la gran magnitud de los derrumbes de este año.

Respecto a las obras de reparación del derrumbe en el enlace de Cangas y el otro en el tramo hacia el alto da Portela, la consellería asegura que los trabajos no están parados ya que aunque no se trabje en el talud, se está trabajando en los despachos en los estudios geotécnicos y topográficos necesarios para arreglar la situación de una manera definitiva. Hay que recordar tres semanas antes se había producido otro derrumbe en este mismo enlace, qeu tambiéns e tuvo cortar al tráfico durante varios días. El problema en esta zona es la excesiva altura del talud que quedó con el tarzado del corredor al cortar el monte.