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La vida en Beluso de Rómulo Gallegos

Grial presenta en su nuevo número un artículo sobre la estancia en Bueu del escritor y presidente de Venezuela

De izquierda a derecha: Rosinda, Josefa Francisca "Paquiña" (a quien querían adoptar Rómulo Gallegos y su esposa) y María Martínez. // G.N.

De izquierda a derecha: Rosinda, Josefa Francisca "Paquiña" (a quien querían adoptar Rómulo Gallegos y su esposa) y María Martínez. // G.N.

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David garcía - Bueu

"Tiven unha vida moi dura e negra, con moita pobreza e sufrimento, incluindo a morte dunha filla de só 11 anos. Pero estou contenta de que os meus pais non me afillaran e non me mandaran para Venezuela con esa xente". Quien así habla es Josefa Francisca Martínez "Paquiña", una vecina del lugar de A Roza, en Beluso, que hoy cuenta con 78 años años de edad. Cuando apenas tenía dos años tuvo, sin ella saberlo, la que quizás fue la oportunidad de su vida: el escritor Rómulo Gallegos y su esposa, Teotiste Arocha "Teo", le propusieron a su familia la posibilidad de adoptarla y llevársela a Venezuela para ofrecerle una vida mejor. Eran los meses previos al estallido de la Guerra Civil y la familia, que no tenía muchos recursos pasaba grandes penurias. Pero los padres rechazaron separarse de su hija y "Paquiña" se quedó en la playa de Beluso con el resto de la familia. "Teño pasado noites dándolle voltas a cabeza por moitas cousas, pero nunca pola vida de rica que perdín. Alégrome de que os meus pais non me deixaran ir, non sei o que faría se chego a ir e logo me enterase de que era afillada", afirma convencida.

Su historia forma parte de las vivencias de Rómulo Gallegos, que llegó a Beluso por primera vez en 1933. El escritor se había marchado exiliado en 1931 de Venezuela, donde gobernaba el dictador Juan Vicente Gómez. Tras un paso inicial por Nueva York, en 1932 llega a España y en el verano de 1933 a Beluso. "Eu cheguei a coñecelo porque veraneaba nunha casa da miña avoa, que estaba pegada a Vizcaína [actualmente A Centoleira]. El estaba na parte de arriba e na planta de abaixo estaba a carpintería de José de la Torre", cuenta Benigno Barros, un vecino de Beluso de 85 años de edad. Benigno tenía menos de diez años de edad cuando Gallegos veraneaba en Beluso y lo solía llevar a pescar. "Íamos a zona do Penedo, baixabamos media hora e volviamos co caldeiro cheo de ameixas e nécoras; daquela a praia era moi distinta a como está agora e podíanse facer esas cousas", cuenta él.

No obstante, sus recuerdos y los de Rosinda Martínez, la hermana mayor de Josefa Francisca Martínez, difieren a la hora de situar el lugar de veraneo del escritor venezolano. "O escritor e a muller estaban na casa de don Eugenio Vidal, que era un home de Marín estudiado e con título. Era a finca de Fontenlas, antes de que hoxe a chamaran a da Americana. Logo había outro matrimonio mexicano, Andrés e Graciela, que estaban ao lado da Vizcaína", relata de manera vehemente. Y añade que en ese grupo "había tamén unha pintora, que andaba sempre cun caderno moi grande e facendo debuxos", probablemente Maruja Mallo.

En lo que sí coinciden es a la hora de señalar el carácter abierto, afable y desprendido de Rómulo Gallegos y su esposa Teo, lo que les llevó a interesarse por la situación de los habitantes de la playa de Beluso y de los marineros. "Notábase que era un personaxe, pero non se daba ningún tipo de ínfulas e sorprendíame que andivese sen escolta", afirma Benigno. Rosinda y otra de sus hermanas, María, también recuerdan con cariño el recreo y la salida de la escuela, "cando viña doña Teo coas bolas de pan e coa mermelada de froita que facía ela xunto coa nosa nai e facía reparto entre os nenos".

Su hermana Paquiña era muy pequeña cuando la pareja quiso "afillala", pero ellas sí que se acuerdan. "Tiñamos poucos medios, daquela eramos catro irmáns e nosa nai estaba de novo embarazada. Viviamos todos apiñoucados nunha casa que era pouco máis que unha cuadra onde hoxe é o porto", cuentan. Su madre, Isabel, ayudaba a la esposa de Gallegos en la cocina y en otras tareas domésticas. Fue así como el matrimonio conoció a la pequeña "Paquiña" y plantearon su adopción. "Eu non me acordo de nada diso, pero cando crecín a xente sempre me dicía que era tan boa e tan bonita que era normal que me quixeran levar", cuenta con una sonrisa la propia interesada.

Sus dos hermanas también se acuerdan del momento en el que Rómulo Gallegos y su esposa se marcharon de Beluso. "Foi pouco antes da Guerra Civil. Chegoulles unha carta e el ía correndo todo contento dicindo ´Teo, Teo ya podemos volver a casa´ [había muerto el dictador]. E con eles brincaba a cadeliña que tiñan, que se chamaba Chiquita", rememora Rosinda. El matrimonio, que a aquellas alturas ya pasaba también parte del invierno en Bueu, quiso regalarle a la familia los muebles que tenían en su residencia de Madrid. "Eles pagaban o transporte nun vagón ata Vigo e logo tiñamos que traelos nos para Beluso. Non puidemos aceptar porque non tiñamos medios para traelos dende Vigo nin sitio onde poñelos", reconocen las hermanas.

Cuando Rómulo Gallegos estuvo en Beluso era ya un escritor reconocido y años más tarde, durante nueve meses del año 1948, llegó a ser presidente de la República de Venezuela. En la parroquia buenense mantuvo su actividad literaria, muy intensa por aquella época: "A súa habitación estaba chea de papeis por todos os lados, incluso polo chan", dice Rosinda. Se llevaba con todo el mundo, pero había una persona con la que pasaba muchas horas: el carpintero José de la Torre, que luego sería el primer vecino paseado del municipio. "Botaban moitas horas falando e discutindo de política, creo que os dous eran comunistas, e mentras tanto eu ás veces andaba a montarlle lío pola carpintería", recuerda con media sonrisa Benigno. Y cuando se cansaba decía aquello de "Benigno, vamos a pescar nécoras". Aquel joven Barros también tuvo su regalo de despedida: "Regaloume un bañador de lan e queixeime porque era moi grande. ´No te preocupes, que cuando se moje se encoge´, contestoume el con razón", apunta Benigno, que luego llegaría a ser patrón de barcos de Massó.

Tanto Benigno Barros como las hermanas Rosinda, María y Josefa recuerdan con gran cariño al carpintero José de la Torre. "Era moi boa persoa e viu a buscalo unha parella da Garda Civil a plena luz do día, cando lle estaba dando alquitrán a un barco. Lembro que ao noso pai fixéralle un importante desconto cunha dorna e logo regaloulle o equipamento e os pertrechos", rememora Rosinda. El nombre de esa embarcación era "República", un nombre que cuando estalló la Guerra Civil desde la comandancia de Bueu le obligaron a cambiar. "Papá puxolle o nome de Josefa, que daquela era a máis pequena", concluye. La misma niña adoptiva que tanto desearon Rómulo Gallegos y su esposa Teo como hija adoptiva.

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