El vecino de Cangas José Alberto Portela Durán, ha sido condenado por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Cangas a una multa de 120 euros y a no acercarse al Centro de Salud del municipio durante tres meses, en concreto al puesto de trabajo del médico E.J.F.G. El vecino había sido denunciado por el profesional que a las 03:40 horas del día 7 de enero de 2010 ejercía su función de médico de guardia en el citado centro cuando el denunciado le dijo, según la sentencia, que "se non lle puñan unha ambulancia para ir ó hospital, ía ir ó coche por unha pipa para secuestralo".

El juez condenó al vecino, marinero de profesión, como autor de una falta de amenazas del artículo 620.2º del Código Penal a la pena de 20 días de multa con una cuota diaria de 6 euros, así como a la prohibición de acercarse al centro de trabajo del médico durante esos tres meses y al pago de las costas del procedimiento judicial. La sentencia tiene fecha del mes de mayo, aunque el vecino ha sido nuevamente requerido ahora por el Juzgado para que abone la multa y se abstenga de acercarse al trabajo del médico.

En la sentencia, el juez señala que la versión de los hechos que ofreció el denunciado en el acto del juicio fue menos creíble que la del denunciante "porque recoñeceu que discutiran e que o que lle dixera fora que se tiña que quedar a comer pipas. Non parece razoable que un empregado público que está de servizo de urxencias mobilice as forzas de seguridade do Estado como fixo o denunciante unicamente porque o denunciado lle proferira esta expresión polo que a versión do denunciante resulta máis creíble".

En cuanto a la calificación de los hechos, el juez dice que lo cierto es que la expresión que le dirigió el denunciado al denunciante implica el anuncio de un mal futuro para éste "porque implica a vulneración do seu dereito fundamental a liberdade e foi efectuada con seriedade tal como demostra o feito de que o médico se sentira intimidado dabondo como para abandona-la consulta e premer o "botón do pánico" que avisaba as forzas de seguridade do Estado".

Por lo que respecta a la pena, la sentencia dice que la falta de amenazas reviste gravedad porque fue proferida contra un empleado público y con la finalidad de que éste adoptara la decisión en el ámbito de su competencia y contra su parecer profesional "polo que debe ser condenado á pena na máxima extensión que permite o Código Penal, vinte días de multa, coa responsabilidade persoal subsidairia de un día de privación de liberdade por cada dúas cuotas impagadas".

De la responsabildiad civil, el juez falla que no consta que el denunciante sufriera daño moral "porque unha vez que abandonou a consulta e requiriu a presenza da Forza Pública non consta que tuvera contacto co denunciado a este só proferiu unha frase ameazante e non consta que a situación se prolongara no tempo como para afectar á integridade psíquica do denunciante, polo que non procede a indemnización". La acusación particular había solicitado la condena del denunciado como autor de una falta de amenazas a la pena de 20 días de multa con cuota de 6 euros diarios, que se le impusiera la prohibición de acercarse a la víctima y su centro de trabajo durante seis meses y una indemnización por daños morales por importe de 200 euros.

Por su parte, el vecino condenado asegura que el médico tuvo un comportamiento de mala educación con él y como no le hacía caso para llamar una ambulancia le dije que "iba a coger una pipa para secuestrarle hasta que llegara". Asegura que acudió a las 3 de la madrugada del día 7 de enero con su pareja, enferma de neumonía, y que el médico le dijo que la tenía que llevar al hospital Povisa de Vigo. Entonces él le pidió una ambulancia porque no estaba apto para conducir ya que había tomado alcohol, que se lo repitió tres veces, pero el médico no le hizo caso y le contestó que hiciera lo que quisiera: "Yo que no tengo estudios puedo tener este comportamiento, pero él no", dice el vecino condenado. Añade que cuando el médico llamó a la Guardia Civil los agentes no le dijeron nada, ni tan siquiera fueron al coche a ver si tenía un arma o no. Sólo a los tres días pasaron por la casa de su pareja y le citaron en el cuartel. Dice que acudió y después llegó el juicio.