Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Testigos de la invasión

Tres marineros relatan ante notario la llegada de los franceses a Vigo

Ensenada de Beluso, donde bajó el piloto de la goleta Santa Ana.

Ensenada de Beluso, donde bajó el piloto de la goleta Santa Ana. / Carmen Giménez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

José Moreira PUmar - Cangas

Expuesta así a grandes rasgos la situación de la Guerra, pocos días antes de ser conquistada la ciudad de Vigo por los franceses, tres marineros portorriqueños que habían arribado a este puerto con productos ultramarinos, se ven arrastrados a una curiosa aventura. Los tres navegantes fueron testigos involuntarios de lo que sucedía en aquel Vigo tomado por las tropas francesas desde hacía pocos días. Los costarricenses nos contarán de primera mano aquellos tormentosos días que precedieron a su rendición así como la circunstancia del mal tiempo reinante de aquellos momentos, acompañado de fuertes vientos y lluvias pertinaces.

He aquí su testimonio, tal como lo vivieron y contaron aquellos agitados días.

Aquel 18 de febrero de 1809, Claudio Pastorel, primer piloto y sobrecargo de la goleta Santa Ana, el contramaestre Esteban Gracián y el marinero Francisco Prescrichy los dos primeros con sus petates al hombro, el último únicamente con lo puesto, se encuentran perdidos y desorientados en un Vigo alterado y revuelto, lleno de soldados franceses por haber sido tomada la ciudad por las tropas napoleónicas desde el 31 de enero. Los tres determinan dirigirse ante el notario don Nicolás Santiago Caneda encargado de los asuntos de Marina de Vigo para denunciar su desvalida situación.

Declaran que habían partido de la isla de Puerto Rico en la goleta Santa Ana a mediados de junio de 1808 con cargamento de café con destino al mercado de Vigo y otros puertos de la costa española. Tras algo más de dos meses de navegación atlántica, recalan en el puerto de Vigo donde venden parte de la mercancía y no pudiendo despachar todo el café salieron en busaca de otros mercados eligiendo en esta ocasión el puerto de La Coruña. A los pocos días, se da por vendida la mercancía y deciden retornar a Puerto Rico el día 13 de enero llevando de regreso carga de sardina salada con destino a los puertos de Canarias, La Habana y Puerto Rico donde debían rendir viaje.

Mal tiempo

Rumbo a las Canarias, el mal tiempo reinante les obliga a buscar refugio en nuestra Ría de Vigo debiendo permanecer fondeados durante unos días en el citado puerto. Cuentan que estando” a la espera vieron como los días 23 y 24 de enero en este puerto se formó un gran tumulto de gentes en que la anarquía y el revuelo vecinal parecía haberse apoderado de la ciudad de Vigo de cuyas resultas quitaron el mando al Comandante de Armas y a la Justicia ordinaria nombrando los agitadores a otros para que ocupasen el gobierno y la defensa de la villa”, relata.

La revuelta de los vigueses obedecía a que corrían alarmantes noticias de que los franceses se acercaban peligrosamente a la ciudad y… “aquí querían por encima de todo defenderse hasta la muerte… pues se decía que los franceses estaban ya en Pontevedra” y como las autoridades nada hacían para evitarlo fue necesario en un gesto patriótico para destituirlas. Relatan que las nuevas autoridades se apresuran a organizar la defensa de la Villa, pero los de Vigo son conscientes que faltan muchos efectivos en hombres y armamento para impedirlo. De todos modos pueblo y autoridades se ponen manos a la obra y entre las medidas adoptadas fue embargar todas las embarcaciones que en ese momento estuviesen surtas en este puerto al objeto de que sus dotaciones tomasen las armas para defender la Villa. Los organizadores de la resistencia desconfían que las embarcaciones pudieran huir amparándose en la oscuridad de la noche, por lo que dispusieron, como medida cautelar, quitarles los timones al objeto de inutilizarlas.

En efecto, la mayoría de las tripulaciones no estaban por la lucha ni tampoco nuestros protagonistas y menos ante la posibilidad de morir por una guerra que no era la suya.

Dispuestos a no intervenir en la defensa de Vigo, nuestros protagonistas pretenden fugarse aquel mismo día; esperaron a que se hiciese de noche para hacerse a la mar. Con mucha prudencia “levantaron el ancla y con todo sigilo se hicieron a la vela en el mayor silencio pues tenían a bordo un práctico que también pretendía huir…que les conduciría al puerto de Viana en Portuga”l.

La fuga

Con la mayor de las discreciones -confiesa el contramaestre- “aquella noche salimos a las 2 de la madrugada evitando siempre hacer cualquier ruido y con calma para evitar nos delatásemos y nos detuvieran”, salieron del fondeadero con arreglo al plan previsto, navegaron rumbo a Portugal hasta divisar la entrada del puerto de Viana, pero el tiempo borrascoso les impidió entrar en puerto por lo que decidieron regresar de nuevo a las abrigadas aguas de estas rías, haciéndolo en esta ocasión en el puerto no en Vigo sino en la ensenada de Beluso… “que está a sotavento de las Islas Cíes”.

La goleta Santa Ana, siempre acompañada de viento duro y mar gruesa, se encontró con otras embarcaciones que habían huido de Vigo y prudentemente también habían buscado refugio y fondeadero en la rada de Beluso. Allí, por medio de los parroquianos le llegan informaciones y acontecimientos de la guerra y, en una de ellas, se enteren que el puerto de Vigo había caído en poder de las tropas francesas “además de otras ciudades como La Coruña, Ferrol, Santiago e incluso Pontevedra”. “Vivíamos estas noticias con el mayor recelo pues las voces que se corrían cuando íbamos a tierra eran que los franceses vendrían a este fondeadero de Beluso pues también habían tomado el puerto de Marín Y cuanto más deseábamos vernos libres de los franceses para irnos a América”, con más fuerza se lo impedían los temporales al extremo de estar convencidos que las borrascas eran aliadas de los franceses

Los vecinos de Beluso, “tuvieron noticias ciertas que de Marín había salido una expedición formada por varias lanchas con soldados franceses” para apresar los buques fondeados en Beluso, pero los fuertes vientos, afortunadamente, se lo impidieron viéndose obligada la expedición a regresar a aquel puerto. Pero los franceses no estaban dispuestos a perder tan valioso botín. Las últimas noticias son que “en el puerto de Bayona, a pocas leguas de Vigo, se estaba armando un buque corsario francés cuyo capitán y dotación habían salido ya del puerto de Vigo al objeto de apresar los muchos barcos españoles y portugueses y otros países” escondidos en Beluso y su presencia en esta ensenada sería el día 13 al 14 de este mes.

Tracking Pixel Contents