El botín de la Perla
La nave, camino del puerto de Vigo, fue asaltada por una corbeta inglesa
José Moreira Pumar - Cangas
Corría el año de 1803. España es acosada por franceses e ingleses para que deje su neutralidad y entre en el conflicto que ambas potencias mantienen. “ Ntra Señora del Carmen” es una balandra matrícula de Vigo conocida también como La Perla, hacía la ruta de Cumana al puerto de Vigo con carga de cacao. La embarcación se hizo a la vela a mediados de agosto. Después de una navegación solitaria y sin novedad el día 8 de septiembre divisan una embarcación que “por su silueta nos pareció un correo inglés que seguía nuestro mismo rumbo. Era aproximadamente la una de la tarde cuando por su mayor andar” nos dio alcance. Desde el buque se hizo un disparo de cañón para que nos detuviéramos. En efecto era inglés, vimos su pabellón desplegado y nosotros mostramos extendido el nuestro.. Comprobaron si éramos verdaderamente españoles, qué carga llevábamos y otras preguntas más. Viendo que todo estaba en regla no molestaron más y nos dejaron proseguir nuestro viaje”.
Siguiendo nuevamente la balandra su rumbo, el 3 de octubre corría un fuerte viento del N. a N.E cuando al comienzo de la tarde y bajo un fuerte chubasco, desde popa, vislumbraron otra embarcación que hacía también el mismo rumbo en dirección a Europa. Dos horas después, les dio alcance. Se trataba de una corbeta de guerra inglesa con 16 cañones que enarbolaba gallardete de Inglaterra. Puestos al habla ambos capitanes, los recién llegados hicieron las mismas preguntas que la embarcación anterior cuando sorprendentemente hicieron una descarga de fusilería. Desde el barco atacante les mandaron arriar la bandera española y como no podían abordarla debido a la mala mar, “ordenaron que la siguiésemos o nos aguantásemos en sus aguas “al pairo” hasta que amainase más el tiempo.”
Amenaza de fusilarles
Era forzoso obedecer “pues nos amenazaron con fusilarnos si intentábamos alguna treta o falsa maniobra. Serían las siete de aquel mismo día, cuando templó más la borrasca y la mar, momento en que desde la corbeta arriaron un bote e hicieron maniobra de abordarnos. A bordo, venía su capitán con varios marineros armados de fusiles para “marinerar” nuestra balandra. Sin necesidad de que subiesen a nuestro buque, nos ordenaron arriásemos nuestro bote y viniese el capitán con toda la documentación e hiciesen lo mismo su tripulación. En la balandra, quedaron únicamente el cocinero y el marinero Juan Amoedo”.
A bordo de la corbeta, los españoles les entregaron los documentos exigidos y acto seguido “comenzaron a registrarnos a solas uno por uno, llegando al extremo de desnudarnos”, bajo la amenaza de quedar definitivamente prisioneros, así como recibir otros castigos”. Los ingleses querían obligarles a que dijesen dónde guardaban el dinero, pero sobre esto, nada pudieron sacar en limpio, “porque ningún dinero teníamos ni traíamos”. Conforme iban saliendo los marineros de “la cámara del registro” donde les iban interrogando y siempre con ánimo de amedrentarles, los condujeron al pañol de proa donde permanecieron encerrados desde las 8 de aquella tarde hasta las 11 de la mañana del día siguiente en que vino el mismo oficial a “interrogarnos de nuevo con la dichosa proposición del dinero y con el frívolo pretexto de darles libertad si confesaban de una vez dónde escondían el dinero. Pero como en este punto nada podían decir y las respuestas eran siempre las mismas, dio por finalizado aquel cansado e inútil interrogatorio”.
El oficial mandó a todos embarcasen en el bote y regresar a la balandra, entregándoles despreciativamente los papeles totalmente arrugados y algunos rotos. Los ingleses “marearon” su corbeta y “largando fuerza de vela tomaron rumbo E.S.E.”
El botín
Llegados nuestros personajes a la balandra encontraron serias y sorprendentes novedades; la embarcación estaba totalmente revuelta. El capitán vigués preguntó al cocinero y al marinero Amoedo “quién había sido el actor de semejante atentado” los dos de a bordo, le contestaron que era obra de los ingleses. El cocinero dice que cuando vinieron al barco, les privaron de su libertad y los encerraron en “el rancho de proa teniendo que comer por mano de ellos y cuando se les antojaba”. Ocasionalmente los hacían salir a trabajar y fueron testigos cómo entraron en la bodega sacando cuanto se les antojaba.
El cocinero seguía señalando que iban echando en el bote de la corbeta sacas de cacao y lo más que han querido transportar, y era tal su codicia y rapiña que llegaron al atrevimiento de sacarle a Amoedo el capote que llevaba puesto. La balandra había sido saqueada de proa a popa. Antonio Rodríguez Mayan, que así se llamaba el capitán, decide hacer balance. He aquí lo sustraído:
A primera vista comprobaron que faltaban todos los fusiles, sables y caja de pólvora así como el compás de navegación. De la cocina les robaron todo el ajuar y serventía de mesa de cámara, además del vino, aguardiente y ron. Comprobada la despensa, se llevaron todas las provisiones así como el azúcar, té y café. Del pañol de pertrechos, hurtaron varios motones, cuadernales, agujas e hilo de velas. Añadía el capitán que también habían “visitado” su cámara, hallándola en un estado deplorable.
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