E n la memoria de mujeres y hombres de Ourelo aún está muy presente el miedo que se vivió el pasado año con los incendios forestales. Por suerte, el fuego no afectó a esta sierra de A Magdalena, que sí fue azotada por las llamas en años anteriores. Pero el miedo de que un día u otro les tocara el turno no se lo quitaba nadie. Sus casas están pegadas a la Sierra de A Magdalena, en la parroquia de Darbo. El monte que les acecha es comunal y no se encuentra precisamente muy limpio. Lo reconocen y no tienen miedo a decirlo cuando se les pregunta. "Non, o monte é de todos, porque nos tamén somos comuneiros, pero a verdade é que non está moi limpo". Pero no logran saber el motivo de que su monte se encuentre así.

Muchos particulares de Ourelo ya hace tiempo que se pusieron manos a la obra y comenzaron a limpiar la maleza y árboles que rodean sus viviendas y que se encuentran dentro de su propiedad. Son los más precavidos y los que no quieren ni por asomo pasar el miedo que pasaron en agosto de 2006. Aprovechan los fines de semana y días libres para realizar una tarea en la que acostumbra a participar la familia. Otros, los más hacendados, contrataron empresas que limpiaron sus fincas de árboles, maleza y leña no deseada. Aún se pueden ver las huellas. Lo más difícil es el acceso. Los caminos son estrechos y los tractores entran con mucha dificultad para cargar las ramas.

Algún despistado aún había y reconocía que lo de la franja de 25 metros de seguridad lo había oído en alguna parte, pero no sabía muy bien de que iba. Cuando se enteró zanjó: "25 non, debería de ser 50".

El matorral acumulado por algún vecino en el cierre de fincas de su propiedad produjo algún que otro conflicto vecinal, que se tradujo con denuncias ante el Concello de Cangas, pero que no acabó en nada.

Ayer, todos se congratulaban con el inicio de los trabajos. No sabían que había empezado y sólo el ruido de la máquina motosierra, que les había despertado muy temprano, les sugería que algo pasaba en el monte.