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Quinto aniversario del regreso talibán

Tras la fiebre del opio llega la del oro: Afganistán se lanza a la minería del metal precioso

Desde que regresaron al poder en agosto de 2021, hace cinco años, los talibanes han prohibido el cultivo del estupefaciente y se han visto forzados a encontrar otras vías de financiación para un país que vive prácticamente al margen de los mercados internacionales

Dos mineros afganos separan las piedras de las pepitas de oro en el valle de Gulak-Dara, en la provincia de Badakhshan, el pasado 28 de julio.

Dos mineros afganos separan las piedras de las pepitas de oro en el valle de Gulak-Dara, en la provincia de Badakhshan, el pasado 28 de julio. / WAKIL KOHSAR / AFP

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Adrià Rocha Cutiller

Adrià Rocha Cutiller

Estambul

Hace cinco años, en lo que parece otro mundo, Afganistán era el centro del mundo de la heroína. El 80% de la producción mundial de este estupefaciente se realizaba en el pobre y constantemente en guerra país centroasiático.

Pero el 15 de agosto de 2021, tras más de 20 años de conflicto, EEUU se retiró del país por sorpresa. El Gobierno de Kabul cayó, y a la capital llegaron los insurrectos, los talibanes, cuyo primer Gobierno, entre 1995 y 2001, fue derrocado tras el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York.

Una de las primeras medidas que tomó el grupo fue prohibir el cultivo de opio. Sin excepciones ni alternativas. Desde entonces, según la ONU, el país ha visto reducido el 95% del cultivo de esta planta: de 232.000 hectáreas en 2021 a apenas 10.000 en la actualidad, escondidas e ilegales. Esto tan solo ha hecho que agravar la crisis humanitaria y económica que vive el país, sobre todo desde la victoria talibán.

Un agricultor afganos extrae el opio crudo de los cogollos de amapola en su plantación en las afueras de Kandahar.

Un agricultor afganos extrae el opio crudo de los cogollos de amapola en su plantación en las afueras de Kandahar, en marzo de 2022. / STRINGER / EFE

Pero los nuevos amos de Kabul se han lanzado a una alternativa: la fiebre del oro se ha apoderado del país centroasiático. Desde 2022, el sector minero —Afganistán tiene una enorme bolsa de recursos subterráneos— "ha registrado un crecimiento anual del 25% al 30%", según un informe del Banco Mundial publicado esta misma primavera.

Los talibanes han entregado cientos de contratos a empresas de minería, aunque obligan a estas compañías a pagar tasas fijas, contratar mineros afganos y entregar entre el 30% y el 40% del oro extraído al Gobierno de Kabul.

Según la nueva legislación al respecto, las empresas que reciben los contratos de minería deben ser afganas por obligación. Pero estas firmas se juntan con compañías, inversores y capital de países vecinos: sobre todo China, Azerbaiyán y Uzbekistán.

Industria en alza

Hasta la fecha, la minería de este metal precioso —increíblemente destructiva para el medio ambiente a causa del uso de químicos en las aguas para separar el oro de otros materiales— tan solo ha empezado a desarrollarse en el norte afgano. Pero las autoridades talibanes, lanzadas por completo al petróleo dorado, esperan abrir más minas en el futuro.

"Este trabajo es mejor que cualquier otra cosa. En Kabul no hay trabajo ni nada que hacer", explicaba a la agencia de noticias AFP un joven minero, Mohammad Agha Jwaya Jail, cuyo salario es cercano a los 130 euros al mes, el doble del salario mínimo afgano.

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Fuente: El Periódico

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