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Relevo en el país sudamericano

El final no elegido de Gustavo Petro, el presidente de Colombia que quiso gobernar con un teléfono en la mano

El exguerrillero abandona el poder con un 40% de aprobación pero con fuertes críticas no solo de la derecha por su forma de gobernar

El presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, en una imagen de archivo.

El presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, en una imagen de archivo. / CARLOS ORTEGA / EFE

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Abel Gilbert

Abel Gilbert

Buenos Aires

Gustavo Petro asoció tempranamente a la literatura con su actividad política. Al incorporarse al Movimiento 19 de abril (M-19), siendo un adolescente casi, adoptó como nombre de guerra el de Aureliano. Un homenaje al coronel Aureliano Buendía, el personaje de la novela cumbre de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, pero también una promesa de centralidad política y destino manifiesto. Aquel Buendía encarna en la novela la desilusión que provoca el poder después de tantos alzamientos contra el orden conservador. Petro ha concluido su gestión de cuatro años con un sabor amargo: su expectativa era otorgar los atributos de mando a Iván Cepeda para continuar las transformaciones de Colombia hacia la izquierda. El país inicia un recorrido inverso con Abelardo de la Espriella y él, Petro, al igual que otros personajes de García Márquez, termina su ciclo en un laberinto y sin que le escriban los cantos de alabanza institucional que esperaba escuchar. Antes de decir adiós por completo ha prometido volver por la revancha.

Desde que tomó las riendas del Estado, Petro intentó dar continuidad al liderazgo que había alcanzado especialmente durante los estallidos sociales contra el gobierno de derechas de Iván Duque, entre 2019 y 2021. De ese fermento salió el proyecto de gobierno. El propósito, al juramentar aquel 7 de agosto de 2022, fue convertir en realidad las promesas incumplidas de la Constitución de 1991, adecuadas a las urgencias del cambio climático. Mientras la ultraderecha festeja el inicio de una nueva era, se inició en el "petrismo" y la procesión de desencantados, la hora de los primeros balances.

"Hasta el último día en la presidencia, Gustavo Petro se mantuvo en su discurso polarizador y de choque con la institucionalidad. Ningún mandatario en los últimos 35 años había puesto tan a prueba el principio de la cooperación armónica consagrado en la Constitución", se quejó este viernes el diario bogotano El Tiempo al despedirlo. Petro fue insurgente, pero, ante todo, su voluntad de poder pasó de un arma al teléfono, otra forma de combate. Durante su mandato publicó, de acuerdo con el diario El Espectador, unos 15.000 tuits. La verborragia digital, entendida como un lugar de combate político, tiene, curiosamente, una comparación en el extremo opuesto de las querellas ideológicas. Solo el ultraderechista Javier Milei habita con mayor intensidad el mundo paralelo de las redes. Gobernar, para Petro, fue, en un punto, hacerlo desde las plataformas: anuncios, exaltaciones, controversias. El teléfono como bastón de mando para representar a lo que su vicepresidenta, Francia Márquez, llamó "los nadies", esa Colombia fuera de foco a la que trató de darle una nueva ciudadanía. El 40% de aprobación con los que se despidió de la Casa Nariño proviene de esos obreros, campesinos, indígenas, afrodescendientes, estudiantes y las disidencias sexuales que, a partir de este viernes, ya no tendrán un interlocutor, ni siquiera a través de sus pantallas.

"Petro veía su rol como gobernante más como la de comunicador que como la de un gestor", señaló el portal La silla vacía. "Si algo hizo estos cuatro años fue comunicarse vía largos y enredados trinos, via alocuciones en los medios públicos, vía sus consejos de ministros televisados en los que solo hablaba él. Pero esos espacios que chocaban a tantos en el establishment, unidos a sus pintas de ruana o de santero, de alguna formaba acercaron la figura presidencial a muchos otros". Si hubo un "estilo Petro", ese también tuvo que ver con la gobernanza cotidiana: su gabinete nunca fue estable. El presidente tuvo 60 ministros contra 40 de su antecesor, y ese número informa a los analistas de las dificultades para darle continuidad a su equipo. No ha terminado bien su relación con Márquez.

Primeros balances

La derecha nunca le dio tregua. Mucho menos Donald Trump, con sus amenazas latentes de escarmiento. Ha sido desde sectores de la izquierda desde donde provinieron no obstante las observaciones críticas más punzantes. Se le reprocha no haber podido promover verdaderamente un cambio estructural. Petro no pudo modificar la estructura productiva. Tampoco la energética, a pesar de su intensa prédica contra el combustible fósil. Colombia terminó importando gas, y a precios mayores. La reforma del sistema de salud, para protegerlo de la lógica mercantil, una de las razones del estallido que hizo tambalear a Duque, no llegó a buen puerto. La reforma agraria quedó a mitad de camino. No se adquirieron las 1,5 millones de hectáreas que iban a repartirse entre los campesinos. La reforma de las pensiones se encuentra en el limbo y es posible que la Corte Constitucional la tumbe. Y, sobre todo, debido a su pasado insurgente, no logró la "paz total" que parecía estar al alcance de sus manos. Los grupos armados, ya sean remanencias de antiguas guerrillas de izquierda dedicadas a diversos negocios ilícitos o el narcotráfico en estado de máxima pureza, han crecido en estos cuatro años y explican en parte la penetración del discurso del mandatario entrante en las zonas más expuestas a la violencia.

El ciclo de la izquierda termina con un modesto crecimiento económico y baja inversión extranjera. Al asumir, Colombia tenía casi un 37% de pobres. La cifra se redujo al 28%. Unos 3,8 millones de personas se beneficiaron de sus políticas. El paro, en tanto, ha pasado de 11,3% a 8%. La última medida de Petro fue crear un Programa de Alimentación Universitaria (PAU) para apoyar a los estudiantes más vulnerables. Como su ejecución depende del presupuesto nacional, es altamente probable que De la Espriella la elimine con su prometida "motosierra".

La corrupción

La entrada de Petro a la Casa Nariño estuvo asociada a una promesa taxativa de campaña: poner fin a la corrupción política. El presidente deberá enfrentar algunos asuntos en tribunales. Su hijo Nicolás ya se ha sentado en el banquillo de los acusados y es posible que también lo haga su exesposa, Verónica Alcocer. "Si Petro hubiera impedido la corrupción en su Gobierno, incluyendo la de algunos de sus colaboradores inmediatos y miembros de su familia; si no más hubiera trabajado con disciplina y puntualidad, haciéndole menos concesiones al hedonismo y a la pereza; si simplemente se hubiera enamorado más de la realidad y menos de su oratoria; si tal vez hubiera sido más pragmático para conservar las alianzas con las que arrancó; seguramente su Gobierno habría tenido un buen pasar. Y con que apenas hubiera tenido un buen pasar, no estaríamos condenados a cumplir su premonición", señaló Daniel Coronell, columnista de Cambio. "A pesar de sus inmensos errores, pecados, indisciplinas e ineficiencias, Petro entrega un país mejor que el que recibió de Iván Duque".

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