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Primera imagen en 3 años

El Gobierno birmano muestra al fin a Suu Kyi para acabar con las dudas sobre su salud

La lideresa detenida se reunió este lunes con un representante de la Cruz Roja

La dirigente birmana Aung San Suu Kyi recibe la visita del representante del Comité Internacional de la Cruz Roja Arnaude de Baecque, este lunes.

La dirigente birmana Aung San Suu Kyi recibe la visita del representante del Comité Internacional de la Cruz Roja Arnaude de Baecque, este lunes. / OFICINA DE PRENSA DE LA PRESIDENCIA BIRMANA / AFP

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Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Pekín

Sonriente, relajada y aparentemente lozana, en una sobria estancia con paredes de madera y escaso mobiliario, estrechándole la mano a un representante del Comité de la Cruz Roja. Es la primera fotografía en casi tres años de Aung San Suu Kyi, la lideresa condenada por la presunta justicia birmana. La Oficina de Información y Prensa de Presidencia sólo ha aclarado que esa reunión se produjo el lunes, sin concretar el lugar ni los asuntos tratados. Otras dos fotos entregadas por los militares la muestran el pasado 19 de junio celebrando con una tarta su 81 cumpleaños. La Cruz Roja ha confirmado poco después con un comunicado la visita de su representante, Arnaud de Baecque, cumpliendo "los estándares y procedimientos" de la organización que ofrece a las personas detenidas la posibilidad de "intercambiar noticias con sus familiares".

Con esas fotos pretende el Gobierno frenar la inquietud global por la salud de la Nobel de la Paz tras la continuada falta de noticias. Incluso su hijo menor, Kim Aris, había pedido desde Londres una prueba de vida a sus captores ante su pertinaz silencio. "Es el primer paso pero no debe ser el último", pedía este lunes tras la publicación de las fotografías. En abril había informado la prensa nacional que Suu Kyi había sido trasladada a arresto domiciliario para cumplir el resto de su condena.

Washington, Pekín y Bruselas habían presionado a Myanmar para que probara que Suu Kyi estaba en buenas condiciones. El empujón decisivo llegó del vecindario. Los ministros de Exteriores de la ASEAN, la organización de los países del sudeste asiático, repitieron el mes pasado la exigencia en su primera reunión con su homólogo birmano. No es casual que Min Aung Hlaing, el jefe militar que ejerce de presidente, visite esta semana Tailandia. Su primer ministro, Anutin Charnvirakul, ha exigido transparencia antes de recuperar las relaciones con un país que ahora es un paria global.

Golpe militar

Suu Kyi, el rostro de la lucha contra los militares, fue detenida tras la asonada de 2021. El regreso de Myanmar a su normalidad dictatorial fue causada por la indigestión que les había provocado a los militares las últimas elecciones. La Liga Nacional por la Democracia, liderada por Suu Kyi, avasalló con el 83% de los votos. Al Partido por el Desarrollo y la Unión Solidaria, apadrinado por el Ejército, le quedaron apenas 33 de los 476 asientos parlamentarios. Arreciaron desde su bando las denuncias de pucherazo y exigencias de nuevos comicios limpios hasta el previsible golpe militar que subrayó la fragilidad de la transición democrática. Los supervisores internacionales de los comicios no vieron más que los mínimos, inocuos y comprensibles desajustes contables de un país en vías de desarrollo.

Sobre Suu Kyi cayó una miríada de condenas con el indisimulado objetivo de desterrarla de la escena civil y política. Sus defensores denunciaban los motivos espurios y las organizaciones de derechos humanos consignaban los atropellos en procesos a puerta cerrada. Ha sido condenada por sobornos, fraude electoral o filtración de secretos de Estado. También por violar la ley de importaciones debido a los walkie-talkies que utilizaban sus guardaespaldas o por transgredir la ley de gestión de desastres naturales tras saludar con mascarilla el desfile de sus seguidores por las calles de Rangún en tiempos del covid. El maratón concluyó con una condena de 33 años, reducida poco después, pero aún le quedan 18 años por cumplir.

La mayoría budista idolatra a la que conocen como "La Dama", hija del general Aung San, un héroe nacional que en 1948 logró la independencia. Pasó ya casi dos décadas en arresto domiciliario durante la larga dictadura militar y el país estalló de júbilo cuando lideró el Gobierno tras las primeras elecciones. El poder, sin embargo, apagó su aura ante un mundo que la había adoptado como un símbolo democrático. Su falta de sensibilidad hacia los rohingya, una etnia musulmana masacrada, le mereció críticas de organizaciones de derechos humanos y de otros galardonados con el Nobel de la Paz.

El país sufre desde aquel golpe militar una cruenta guerra civil entre el Ejército y la miríada de guerrillas étnicas que ha dejado decenas de miles de muertos y millones de desplazados. El pasado año, para aparentar cierta normalidad, la Junta Militar convocó elecciones, desdeñadas globalmente por puramente cosméticas.

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Fuente: El Periódico

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