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En Ankara

La cara b de la cumbre de la OTAN: Turquía detiene a cientos de personas y prohíbe todo acto público por miedo a manifestaciones

En una decisión duramente criticada por organizaciones de derechos humanos, la justicia turca ha puesto en prisión preventiva a 103 personas, sobre todo activistas, periodistas, académicos y izquierdistas, acusados todos de "terrorismo", para evitar que protesten durante la reunión de jefes de Estado de la alianza transatlántica

Protesta contra la cumbre de la OTAN, este domingo en Estambul.

Protesta contra la cumbre de la OTAN, este domingo en Estambul. / YASIN AKGUL / AFP

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Adrià Rocha Cutiller

Adrià Rocha Cutiller

Estambul

Era aún de madrugada, con el sol apenas asomándose en el cielo, cuando la policía llamó a la puerta de Yildiz Tar, un joven activista turco de derechos LGTBI+. Podía ser cualquier cosa: desde una petición de ir a comisaría a declarar hasta una detención rutinaria, algo relativamente común entre activistas y opositores turcos.

Pero no. Junto con Tar, en pocas horas, cerca de 200 personas fueron detenidas en una macrooperación policial en toda Turquía. Entre los detenidos —103 han sido puestos en prisión preventiva sin fianza— hay estudiantes, izquierdistas, activistas de todo tipo, académicos, voluntarios medioambientales, periodistas e incluso abogados. Todos son investigados por "terrorismo".

"La operación se llevó a cabo en el marco de una investigación realizada por la Fiscalía General de Ankara antes de la Cumbre de la OTAN que arranca este martes en la capital turca. La orden de arresto incluía una evaluación que indicaba que los sospechosos 'podrían llevar a cabo actos terroristas con el objetivo de convertir a la República de Turquía en un país asociado al terrorismo...'", explica Murat Karaçor, abogado de Yildiz Tar, ahora entre rejas.

El "acto terrorista" no era otro que organizar protestas y encuentros públicos durante la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN, que tendrá lugar durante el martes y miércoles 7 y 8 de julio en Ankara.

El Gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan ha decretado una serie de medidas draconianas para este encuentro: desde una chapa y pintura de la capital —edificios en mal estado han sido cubiertos con barreras, murales y flores—, hasta un cierre casi total del centro de la ciudad, además de una prohibición absoluta de cualquier reunión, manifestación, y acto callejero durante las dos primeras semanas de julio. De hecho, este domingo, la policía detuvo a más de 100 personas que participaban en una marcha contra la OTAN en Ankara.

Por su parte, periodistas de medios opositores turcos han visto denegados sus permisos para seguir la cumbre, y varios parques de la capital han sido cerrados para que el presidente francés, Emmanuel Macron, pueda correr sus kilómetros mañaneros. Mientras se celebra la cumbre de la OTAN, queda prohibido respirar.

"En la declaración policial de Yıldız Tar la policía nunca preguntó sobre la OTAN ni sobre la 'organización terrorista' con la que supuestamente está vinculado. Le cuestionaron sobre sus textos en una revista de derechos LGTBI, y sobre un artículo en el que criticaba varias iniciativas del Gobierno", explica Karaçor.

Detenciones preventivas

Se ha convertido algo habitual en Turquía: durante el último año, sobre todo en la represión contra el principal partido de la oposición turca, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, en turco), la justicia del país anatolio se ha acostumbrado a arrestar y acusar antes de que se cometa un presunto crimen, según organizaciones de derechos humanos.

La detención preventiva se ha convertido en una norma y forma de castigo. "Las medidas como la detención preventiva deberían ser una práctica excepcional. Pero son usadas como forma de represión, para que la gente no pueda ejercer sus derechos, como son el de libre asociación y expresión. Reclamamos que Turquía dé marcha atrás en todas todas las detenciones en comisaría como en arresto domiciliario, y también la prohibición total de toda manifestación. Todas estas medidas son excesivas; un ataque injustificado", explica Esther Major, vicedirectora de investigación en Europa de Amnistía Internacional.

Turquía ve esta cumbre de la OTAN, la primera en suelo turco en dos décadas, como una oportunidad enorme para conseguir que EEUU y Europa levanten sus restricciones a la creciente industria armamentística turca, que busca tener una posición mucho más prevalente en el nuevo reorden militar europeo ante la retirada parcial de Washington del Viejo Continente.

Para Erdogan, esta cumbre es clave. Y lo es tanto que incluso el Gobierno ha forzado a los taxistas de Ankara, durante los días de la cumbre, a vestirse de blanco y pantalón gris; a sonreír a los huéspedes y regalarles tanto agua como dulces y delicias turcas. Nada ha sido dejado al azar. Y en este azar, por supuesto, no entran ni activistas ni opositores.

"Tanto los abogados como todos los ciudadanos que participan en luchas basadas en derechos tenemos la expectativa de que los detenidos sean liberados [una vez termine la cumbre de la OTAN] —asegura el abogado—. Este es el tema principal de debate: la transformación de una medida que debería ser una excepción, la detención preventiva, a un instrumento de castigo. Es algo preocupante no solo para las personas afectadas, sino también para los derechos y libertades fundamentales de toda la sociedad".

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