Visita al gigante asiático
La visita de Trump a Pekín deja más fanfarria y buenas intenciones que acuerdos
El presidente de EEUU solo concretó la compra de 200 aviones Boeing por parte de China pero no se pronunció sobre puntos clave como la soja y el vacuno

Javier Vendrell Camacho

La entusiasta chavalería despidió a Donald Trump, presidente estadounidense, mientras caminaba hacia el 'Air Force One' en la plomiza tarde pequinesa. “Han sido dos días maravillosos. Volveremos”, había avanzado. No le ha faltado a su visita fanfarria ni boato. Sobre sus logros sustanciales hay más dudas porque ni la discreción confuciana de unos ni la verborrea ditirámbica de otros ayudan a medir el éxito del segundo viaje de Trump como presidente a China. Tras la humareda de declaraciones bienintencionadas y rimbombantes apenas emerge la certeza del diálogo y la química personal entre Xi y Trump.
Meses atrás se esperaba que esta cumbre sirviera para elevar la tregua que había terminado con la fragorosa guerra comercial hasta un acuerdo sólido. Expirará a finales de año y en Pekín ni siquiera se ha acordado prorrogarla. El clima actual permite el optimismo pero seis meses son un océano temporal en las relaciones sinoestadounidenses.
El portavoz del Ministerio de Exteriores regateó la pregunta sobre los acuerdos concretos firmados cuando Trump ya volaba a Washington. La comitiva estadounidense había alardeado de pactos de miles de millones de dólares en productos agropecuarios pero no los detalló. "Fantásticos", abundó Trump. No bastarán, en ningún caso, para igualar al volumen que compraba China antes de que Washington le declarase la segunda guerra comercial. Sólo concretó Trump la compra de 200 aviones Boeing. "Aviones muy grandes que darán muchos puestos de trabajo", añadió en una entrevista televisiva. Y de inmediato cayeron un 4 % las acciones de Boeing porque los mercados especulaban con 500 unidades. Sobre la soja y el vacuno, cuestiones primordiales para la industria agrícola, no hubo noticias. La Casa Blanca sugirió que podrían llegar en los próximos días.
Repaertura de Ormuz
Respecto a Irán se mostró también triunfal. China, desveló Trump, pretende la reapertura urgente del estrecho de Ormuz y no enviará armas a Teherán. Esas reclamadas victorias diplomáticas son, en realidad, la postura de Pekín desde que Estados Unidos lanzó los primeros misiles. Desoyó China la petición de Trump de enviar sus buques de guerra para proteger el tráfico marítimo pero su diplomacia ha hablado con todas las partes para alcanzar el armisticio. El comunicado del Ministerio de Exteriores supura cierto hastío con Washington: "Esta guerra nunca tendría que haber empezado y no hay razón para que continúe".
Han solidificado estos días Xi y Trump su sintonía. A las discusiones sobre comercio y geopolítica han sumado bucólicos paseos, el jueves en el Templo del Cielo y el viernes en Zhongnanhai, el complejo amurallado y hermético a un escaso centenar de metros de Tiananmén. Fue construido para el asueto imperial y desde Mao sirve de cuartel general para la élite del partido. Es un delicado conjunto de edificios y jardines con árboles centenarios y muestras del arte chino más refinado. Pero a diferencia de la Casa Blanca o el Kremlin, no está destinado para recepciones oficiales. Las visitas de extraños son contadas y la prensa, si tiene la suerte de adentrarse, es conducida en autocar con estrictas instrucciones de subirse de nuevo tan pronto concluya el evento.
Trump reparó en las rosas, las más bonitas que nunca había visto, y Xi prometió enviarle algunas a la Casa Blanca. "Creo que es una persona muy cálida. Pero también está muy focalizado en los negocios, para él no hay juegos", dijo Trump de Xi subrayando su compartida naturaleza. El día anterior había mostrado el orgullo por la amistad del que calificó como "un gran líder". Este habló de la visita como "un hito". "Hemos establecido una nueva relación bilateral, o mejor dicho, una relación estable, constructiva y estratégica", afirmó sin concretar si se refería a Estados Unidos o a su presidente.
La prensa nacional abundaba en la nueva era. Un editorial del matutino 'Global Times' mencionaba el "nuevo posicionamiento" y "la estabilidad estratégica constructiva" en las futuras relaciones bilaterales tras el primer día de la cumbre. China ha recibido esta semana a Trump más fortalecida que nueve años atrás. Llegó esta vez derrotado en la guerra comercial con Pekín, angustiado por el conflicto en Irán y con variados pleitos con sus socios tradicionales. Sus erráticas políticas impulsan a China al centro de la escena internacional: los líderes europeos han desfilado por Pekín en los meses previos a la llegada de Trump y la semana próxima aterrizará Putin.
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