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Minorías

Sefardíes en Estambul: una lucha a muerte por la supervivencia

La comunidad judía de Turquía, que aún conserva el ladino, idioma nacido del español medieval, languidece mientras trata de mantener vivo su legado

La comunidad sefardí en Estambul. ADRIÀ ROCHA

Cuando pasea por su antiguo barrio, en Estambul, donde nació y vivió sus primeros años de vida, Salomon no puede parar quieto. Anda rápido, con prisa, girándose en cada esquina, a sabiendas de lo que encontrará después o, más bien, lo que había allí antes, hace más de 60 años, cuando su barrio, Balat, era el mismo pero otro bien distinto.

"Mira, aquí está la casa en la que nací yo. Era de madera. Nosotros vivíamos en el piso de abajo y arriba estaba nuestra vecina, Sol Rosales. Hay algunos que piensan que volver a este sitio puede ser triste para nosotros. Pero no lo es para mí. Las cosas cambian, el pasado queda atrás ya. Esto, para nosotros, ya es historia", dice Salomon, cuya energía a los 70 años es imparable.

Mientras anda por su barrio, sin embargo, no saluda a casi nadie; conoce a muy pocos, y es reconocido por menos. Salomon, un judío sefardí de Estambul, vivió en Balat cuando el barrio era poblado casi únicamente por miembros de las minorías de la ciudad: griegos, armenios y judíos. Ahora por sus calles ya no queda ninguno: solo los esqueletos de sus antiguas casas -las que no hayan sido derruidas-, y algunas iglesias y sinagogas cuyos interiores ya no visita casi nadie.

"Yo iba a marcharme de Turquía cuando tenia 14 ó 15 años -reconoce Salomon-. Mi madre me dijo: 'Donde comiste el pan y bebiste el agua, no lo dejes. Este país es tuyo. Aquí naciste y aquí te vas a morir’. Y qué bueno que no me fui de aquí", añade.

Hace más de 500 años, en 1492, los judíos que habitaban la Península Ibérica fueron expulsados por los Reyes Católicos. Un total de 150.000 tuvieron que marcharse y la gran mayoría lo hizo a, por aquel entonces, el Imperio Otomano, cuya capital era Estambul. 

Pero con la caída de ese imperio y la creación de la República de Turquía -y la presión del nacionalismo turco-, muchos sefardís empezaron a abandonar el país anatolio. En la actualidad, tan solo quedan unos 14.000 en la ciudad de 17 millones; y de ellos, solo 5.000 hablan el ladino, el idioma de Salomon, que recoge el español medieval que se hablaba en la Península Ibérica durante la expulsión sumado a palabras del turco, árabe, hebreo, griego, catalán y portugués.

Una misión

El ladino está a punto de morir. En todo el mundo solo existe una publicación que lo usa, y los esfuerzos de este periódico, 'Salom', no son promover su uso, sino mantenerlo con vida tanto tiempo como sea posible antes de que irremediablemente se pierda en las páginas pasadas de la historia.

"Durante los años 40 y 50, Turquía impuso a las minorías el uso del turco. La república era joven, y creyó que necesitaba crear una unidad nacional, en todos los aspectos. En esa época, el número de las minorías era mucho más elevado que ahora, y el Gobierno creó la campaña 'Ciudadano, habla turco' ('Vatandas', 'Türkçe konus', en turco)", explica Ivo Morales, editor jefe del periódico 'Salom', el único diario sefardí de Turquía y que publica, mensualmente, la revista 'El Amaneser', la única publicación en ladino en el mundo. 

"Entre todas las minorías, solo los judíos seguimos esta orden. Cedimos a la presión, y lentamente la comunidad empezó a hablar más en turco que en ladino: los nuevos bebés recibían nombres en turco", explica el periodista, que continúa: "Yo soy de la última generación que puede entender ladino. Pero la siguiente ya no lo habla. Esto significa que en máximo 20, 30 o 40 años, desaparecerá. Lo que nosotros hacemos es intentar que esta desaparición tarde lo máximo posible. No soy optimista. Soy pesimista, pero esto es lo natural".

Turistas y la curiosidad

Rafael, otro judío sefardí, la situación le apena. Él y su mujer hablan ladino perfectamente, pero ya nadie más en casa, ni sus hijas ni yernos lo hablan o lo entienden. Es lo que hay, dice mientras se encoge de hombros, aunque él sí lo usa cada día, constantemente y, aunque pueda parecer raro, le va genial para el negocio hablarlo.

Rafael lleva más de 20 años trabajando en el Gran Bazar de Estambul, en su pequeña tienda de zapatos artesanos. Y cuando habla del tema ríe, se lo pasa bien. Le encanta tomarle el pelo a los turistas. "Cuando pasa un cliente de España o Sudamérica no lo entienden. Me preguntan que por qué hablo español. Pero yo no hablo español, hablo ladino, y les explico que soy sefardí, que hace siglos vinimos de España. Muchos no conocen la historia. Para ellos es muy curioso que aún hablemos el idioma después de tantos siglos", explica Rafael, que desde hace unos años es ciudadano portugués.

Desde hace una década, España y Portugal aprobaron una legislación para entregar la ciudadanía a cualquier sefardí que pudiese demostrar serlo, como reparación por la expulsión en el siglo XV. Casi todos los miembros de la comunidad son ahora, además de turcos, portugueses o españoles: Rafael y Salomon son portugueses; Ivo, español.

"Hace tiempo me contaron que el presidente [Recep Tayyip] Erdogan estaba molesto con la cuestión de los pasaportes, y le preguntó al jefe rabino de la comunidad que por qué los sefardís estaban tomando pasaportes extranjeros -explica Salomon-. El rabino contestó: "¿No los conoces? A los sefardís les gusta caminar, viajar. No pueden estarse quietos. Así somos nosotros".

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