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Guerra en Ucrania

Los drones, los apagones y Lukashenko devuelven la ansiedad a Kiev

Los recurrentes ataques sobre la capital y la posibilidad de que Rusia reabra el frente norte generan de nuevo inseguridad en sus ciudadanos

Olga Oibrova se fotografía frente a blindados y tanques rusos exhibidos frente a una iglesia de Kiev. Ricardo Mir de Francia

Cuando todo parecía haber acabado, meses después de que el Ejército ucraniano lograra desbaratar los planes del Kremlin para tomar la capital y decapitar a su Gobierno, Kiev vuelve a caminar sobre el alambre. Los constantes ataques rusos sobre las infraestructuras energéticas han impuesto una estricta dieta de kilovatios entre la población cuando las primeras heladas del otoño asoman en el calendario. El despliegue de 9.000 militares rusos en la vecina Bielorrusia aviva las especulaciones sobre la reapertura de un nuevo frente en el norte. Y unos drones que suenan a moto gripada y vuelan tan alto como las mejores cometas no dejan de causar estragos. Nada de eso bastará para que la ciudad claudique, pero la ansiedad vuelve a apoderarse de sus gentes, como si un desmadre de matrioskas taconeara en el estómago colectivo de la ciudad.

A veces no son más que unos minutos lo que separa la vida de la muerte. Víktor lo aprendió luchando en el frente, pero el infortunio se encargó de confirmárselo la última vez que volvió a casa de permiso. Fue el pasado lunes, el segundo lunes negro consecutivo en Kiev, en plena hora punta de la mañana. Estaba con los suyos cuando sonaron las sirenas antiaéreas y Víktor bajó a la calle por las escaleras del edificio histórico del centro de Kiev donde vivía. "Mi madre me dijo que se ponía las zapatillas y bajaba", cuenta ahora a sus 34 años. Esas serían sus últimas palabras. Un dron enemigo se estampó contra el edificio y la explosión arrasó con todo. Murieron cinco personas, entre ellos sus padres, además de una pareja joven que esperaba su primer hijo.

"En el frente acabas normalizando estas cosas, pero no deja de ser durísimo", dice mientras abraza a uno de sus vecinos. Es posible que aquel no fuera necesariamente otro ataque deliberado contra civiles. Cruzando la calle desde su casa hay una pequeña planta térmica, ya rasguñada días antes. Pasa a menudo, como se ve en Zaporiyia y Dnipro. Misiles y drones rusos caen a decenas de metros de un cuartel, una sede de la seguridad o una instalación energética y acaban masacrando a civiles. "La ciudad llevaba mucho tiempo lejos del frente y ahora vuelve a estar asustada. Ha vuelto el miedo y el estrés. La gente ha dejado de ignorar las alarmas antiaéreas", dice Víktor.

Viktor se abraza a su vecinos tras perder a sus padres en un bombardeo con drones en el centro de Kiev. Ricardo Mir de Francia

Sin barricadas y todo abierto

Y eso que Kiev no se parece hoy en casi nada a la ciudad de principios de la guerra, cuando temía ser conquistada. Sus calles han recuperado el ajetreo. Todo está abierto. No quedan barricadas en los cruces ni demasiados parapetos en las fachadas. Los vecinos han dejado de dormir en las entrañas del metro para huir de los bombardeos. Y ni siquiera en la estación de tren se registra a los pasajeros. Pero los ataques han vuelto y la ciudadanía se pregunta si detrás de la crueldad del Kremlin hay algo más que un intento de aterrorizar a la población y dejar al país titilando a las puertas del invierno.

"Vuelven a atacar porque han perdido la iniciativa en el campo de batalla y no son capaces de recuperarla, ni siquiera después de la movilización", afirma Mijailo Samus, director del centro de análisis New Geopolitics Research Network. La novedad son los drones kamikaze Shahed-136 de fabricación iraní. Más de 230 han sido interceptados en el último mes, a un ratio del 85%, según Kiev, pero aun así han dejado un reguero de muertos y destrucción. "Hacen mucho ruido y son lentos, pero vuelan tan bajo que es difícil detectarlos con los radares y acaban penetrando muy adentro de nuestro territorio", explica Samus. De hecho, vuelan tan bajo que algunos han sido abatidos por policías armados como si dispararan en una competición de tiro al plato.

Artillería frente a los drones

Samus asegura que Ucrania ha recalibrado los radares para que puedan detectarlos y, en lugar de neutralizarlos con misiles, pronto empezará a usar a artillería. "Estos drones son muy baratos y los sistemas antimisiles muy caros. Es posible que no sea más que una estrategia rusa para que agotemos nuestras defensas aéreas y así poder atacar más fácilmente con misiles balísticos y de crucero". De momento, en cualquier caso, han obligado a la ciudad a vivir nuevamente en guardia. Los chats de padres con niños bullen cada vez que suenan las alarmas y muchos han vuelto a ponerse a cubierto. "Más que asustada, yo diría que esta es una ciudad exhausta tras ocho meses de guerra", asegura Olga Oibrova, una psicoterapeuta de 37 años, madre de dos niños.

"Hay más gente deprimida y con desordenes de ansiedad. Muchos han perdido el trabajo y no puede siquiera cubrir sus necesidades básicas. También se están rompiendo parejas, amistades y relaciones familiares, incapaces de gestionar tanto estrés", añade en su particular diagnóstico de la ciudad. Oibrova es de las que volvió a Kiev tras refugiarse durante cinco meses en Alemania con su familia. "Entre los que viven fuera, la soledad y la alienación son muy habituales. Es muy difícil compartir el duelo con otra gente que no ha pasado por algo parecido".

Flores frente uno de los edificio de apartamentos del centro de Kiev destruidos por los drones rusos el pasado 17 de octubre. Ricardo Mir de Francia

¿Un nuevo frente desde Bielorrusia?

Y por si fuera poco ha vuelto el runrún sobre la posibilidad de una nueva intentona rusa para asaltar la capital desde el norte, esta vez con la participación directa de Bielorrusia, que ya prestó su territorio en febrero para la agresión. Moscú ha creado una fuerza regional conjunta con el régimen de Lukashenko y ha vuelto a desplegar en la frontera septentrional de Ucrania 9.000 soldados. "La idea para reabrir el frente norte está en la mesa del Kremlin y su Estado Mayor. El plan está siendo preparado por el general Sergey Surovikin", asegura Samus, el analista. Surovikin es el nuevo comandante de la "operación especial" rusa en Ucrania, un militar tan despiadado en Siria y Chechenia que le llaman "el general del fin del mundo".

"El problema para Rusia es que no tiene actualmente suficientes soldados ni armamento para atacar otra vez desde el norte. Necesitarían como mínimo 50.000 hombres y, aunque tratan de conseguirlos con la movilización, muchos de ellos no son más que civiles con uniforme". En Bielorrusia la idea no tiene apoyo popular, según varias fuentes. Y para Lukashenko podría ser un suicidio. "Si vuelven a atacar desde Bielorrusia, esta vez Ucrania no se detendrá en la frontera. Nuestras tropas continuarán hasta Minsk hasta destruir el régimen". Por el momento, el viejo dictador sigue resistiéndose a involucrar directamente a su país en la guerra.

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