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Faro de Vigo

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La invasión rusa

Guerra de Ucrania: Cultura bajo las bombas

El Teatro de Ópera y Ballet de Lviv protege sus ventanas y guarda los instrumentos musicales más valiosos en un refugio antiaéreo

La fachada del Teatro de Ópera y Ballet de Lviv. IRENE SAVIO

Nos espera en la entrada de servicio del Teatro de Ópera y Ballet de Lviv un empleado joven de aire asustadizo: "¿Quiénes son y qué quieren?", interroga. "Explíquenme", prosigue. El dependiente abre una puerta de madera y traspasa un pequeño habitáculo con un vigilante que conduce a un estrecho pasillo despojado de fruslerías. En el interior, abunda el silencio y no hay mucha luz. La mayoría de las bombillas están apagadas y, en las pocas ventanas que se ven, han colocado cintas adhesivas con las que pretenden proteger a los vidrios en caso de caiga alguna bomba.

"También estamos pensando en tapar los ventanales con madera y chapa, así como han hecho con varias estatuas en las principales plazas de la ciudad", masculla el empleado, que se llama Ostap Hromysh y es el responsable de las Relaciones Internacionales del teatro. "Los instrumentos musicales más valiosos, los hemos guardado en el refugio antiaéreo", explica, y su voz, con tono bajo y agobiado, adquiere entonces unas aristas nerviosas y preocupadas ante los inusuales huéspedes, a los que ha abierto excepcionalmente un teatro que permanece cerrado al público desde el 24 de febrero, día del inicio de la invasión rusa de Ucrania. "Parece que ha pasado una eternidad, la última obra que aquí se presentó fue una readaptación de Sherazade (de la recopilación de cuentos en farsi de Las Mil y Una Noches)", cuenta.

Los trabajadores del Teatro de Ópera y Ballet de Lviv han colocado cintas adhesivas en los ventanales para evitar que se rompan los cristales por la reverberación de las bombas. / IRENE SAVIO

Edificio icónico

La Ópera de Lviv se alza en medio del bulevar Prospekt Svobody (Libertad), fue construida entre 1897 y 1900, y es uno de los edificios más icónicos de esta ciudad del oeste ucraniano, cuyo centro histórico es patrimonio de la Humanidad desde 1998. La razón del reconocimiento de la Unesco es su fusión de las tradiciones de la Europa oriental con las de Italia y Alemania. Es en lugares como este donde se viven con mayor desazón las imágenes de los bombardeos sobre el teatro de Mariúpol, destrozado esta semana con civiles refugiados en su interior, o las llamas que dejaron derruido, en los primeros días de guerra, el Museo Histórico y Cultural de Ivankiv, a unos 70 kilómetros al noroeste de Kiev.

"En este teatro solíamos recibir a invitaciones de todo el mundo, pero ahora ya no... Algunos de los 300 empleados que trabajan aquí, entre ellos varios artistas, se han alistado, no querían quedarse con los brazos cruzados", insiste Hromysh, al encender finalmente las luces de la sala principal, donde están el escenario, los balcones y palcos, ahora vaciados de todo espectador.

No es el único monumento de la ciudad que teme por su destino. Ahora, también las estatuas de Neptuno y la de Amfitrite, en la céntrica plaza medieval de Rynok, delante del ayuntamiento de la ciudad, han desaparecido de la vista. Se encuentran debajo de unos rectángulos de madera y chapa metálica que han sido colocados a su alrededor. Y otras protecciones también han sido colocadas en los muros de las principales iglesias del centro de la ciudad.

Sacos de arena en las ventanas inferiores de la Biblioteca Nacional de Ciencia de Lviv. / IRENE SAVIO

Ocho millones de libros

En el patio de la Biblioteca Nacional de Ciencia de la calle Stefanika también hay obreros colocando sacos de arena en las ventanas de los pisos más bajos. La biblioteca es otro testimonio del legado histórico y cultural de Lviv. Su edificio más antiguo fue un convento carmelitano en el siglo XVII antes de convertirse, 200 años después, en el centro cultural en el que, ahora, hay conservados ocho millones de libros. Son textos ucranianos, españoles, italianos, británicos, polacos y alemanes, que también reflejan que Ucrania fue una encrucijada entre Occidente y Oriente. Sin embargo, desde el inicio de la guerra, también la biblioteca está cerrada y no hay estudiantes dentro.

Miroslava Diadiuk es una historiadora simpática y de voz amable, que trabaja -junto a otros 300 empleados- en este lugar desde hace 15 años. Mientras se enfila unos guantes blancos para mostrar unas crónicas que relatan la historia de Lviv entre el 1351 y 1447 y, luego, una Torá en pergamino del siglo XVIII, dice que lo más doloroso es pensar que "lo destruyan todo y este patrimonio no se pueda transmitir a las próximas generaciones, eso da miedo". "Aquí hay 140.000 libros escritos a mano y el más antiguo es de la segunda mitad del siglo XI", explica.

Una trabajadora de la Biblioteca Nacional de Ciencia de Lviv muestra uno de los ejemplares que conservan. / IRENE SAVIO

En su despacho, el director de la biblioteca, Vasyl Freshtei, manosea unos folios con una lista de artículos que, dice, necesita con cierta urgencia, y que pide que algún benefactor le ayude a comprar. Ha dividido el peculiar inventario en dos apartados, lo que requiere para salvar la vida de los empleados de la biblioteca y lo que se necesita para proteger a los libros. Para aquellos que deseen colaborar, facilita una dirección de correo electrónico: stefanyk@library.gmail.com.

El resultado es un catálogo que atestigua la necesidad de tener que prepararse también para el peor escenario. Por eso, ha incluido en su solicitud máscaras antigás, extintores de incendios, medidores portátiles de CO2 y botiquines de primeros auxilios, pero también unidades de discos duros, carpetas de cartón, y también unos contenedores especiales libres de ácidos y con válvulas internas para conservar las obras de arte.

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