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Faro de Vigo

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60 años

La guerra de Argelia, la herida que aún supura en Francia

Sesenta años después del final del conflicto, el presidente Emanuel Macron intenta reconciliar las memorias en torno a un conflicto que sigue agitando la sociedad y la política francesas

Vista del puerto de Argel, en 1921.

Jacky Malléa ha consagrado buena parte de su vida al estudio y el recuerdo del último acontecimiento trágico de la historia de Francia: la guerra de Argelia (1954-62). Con apenas 20 años, estuvo alistado en el ejército francés que participó en ese brutal conflicto colonial, que dejó un reguero de 140.000 muertos, según los balances más benignos. “Pero decidí no combatir y me ocupaba de los niños que estaban en la calle”, explica a EL PERIÓDICO, diario que pertenece al mismo grupo que este medio, Malléa, 82 años, quien ahora vive en Ortaffa, cerca de Perpinyà. Como hicieron 800.000 franceses afincados en territorio argelino, tuvo que abandonar la patria de su infancia y regresar a la metrópoli, donde lo recibieron bajo susurros de “sucio pieds-noirs”.

A diferencia, sin embargo, de muchos de esos expatriados, cuyo resentimiento y nostalgia de la “Argelia francesa” sirven como caldo de cultivo de la ultraderecha, Malléa apuesta por una reconciliación de las memorias. “Es más que necesaria, sobre todo para las nuevas generaciones y para que logramos tener una historia compartida con Argelia”, afirma uno de los cofundadores en 2008 de la Asociación de los Pieds-Noirs Progresistas y sus Amigos. Pero la tarea se augura ardua. Este 19 de marzo se cumplieron 60 años de los Acuerdos de Evian de 1962, que pusieron punto final al conflicto y abrieron la puerta a la independencia de Argelia. Seis décadas, este pasado representa una herida sin cicatrizar en la sociedad gala.

Según un sondeo del instituto Ifop, publicado en 2020, el 39% de los franceses de entre 18 y 25 años asegura que al menos uno de sus familiares se vio afectado por la colonización o la guerra de Argelia. Este episodio trágico alimenta relatos familiares tan dolorosos como dispares. Con los pieds-noirs, los harkis —argelinos que combatieron en las filas del ejército galo— o los millones de franceses oriundos de familias argelinas víctimas del yugo colonial, hay una miríada de puntos de vista.

Los gestos de Macron El relato histórico oficial, más sosegado, pero sin disimular las atrocidades cometidas, destaca por su ausencia. La administración francesa tardó hasta 1999 para designar oficialmente como “guerra” los “acontecimientos de Argelia”. En las escuelas del país vecino apenas se estudia el conflicto. De hecho, el Estado francés favoreció una amnesia colectiva con la adopción de una serie de legislaciones (1962, 1964 y 1968) de amnistía.

“Todas estas leyes (…) fabricaron una cadena de amnesia, sin construir un consenso político, a diferencia del post-1945 con la Francia de Vichy y la colaboración” con los nazis, sostiene el historiador Benjamin Stora, uno de los especialistas más reputados del conflicto en Argelia, en un informe encomendado por Emmanuel Macron. El presidente francés ha centrado sus esfuerzos en materia de memoria histórica en torno a esta guerra de descolonización. Este 60 aniversario era una fecha marcada en rojo en el calendario, aunque ha quedado eclipsada por los tambores bélicos de la invasión rusa de Ucrania. Su conmemoración consistió, finalmente, en un acto más bien austero en el Elíseo. Siguiendo las recomendaciones del mediático informe Stora, publicado en enero de 2021, el dirigente centrista adoptó una serie de gestos audaces para “mirar el pasado de frente” y acabar con este “veneno” que corroe la sociedad. Reconoció la responsabilidad de Francia en la desaparición del matemático comunista Maurice Audin y en el asesinato del abogado nacionalista argelino Ali Boumendjel. Decidió abrir el acceso a una parte de los archivos del periodo. También se convirtió en el primer presidente francés en reconocer los “crímenes inexcusables para la República” del prefecto (delegado del gobierno) Maurice Papon en la masacre de manifestantes argelinos el 17 de octubre de 1961 en París.

Sin embargo, las autoridades argelinas consideran insuficientes estos gestos y le exigen que denuncie, como ya hizo durante la campaña presidencial de 2017, los “crímenes contra la humanidad” cometidos por Francia en su país. Un mensaje de arrepentimiento descartado por el Elíseo, ante el temor de excitar las pasiones tristes de la derecha francesa en torno a este conflicto. Desde la izquierda, también reprochan al dirigente centrista que no quiera tratar algunos de los episodios más sombríos del colonialismo en Argelia, como los ensayos nucleares en el desierto argelino o los brutales atentados de la Organización del Ejército Secreta (OAS, por sus siglas en francés), creada en Madrid y que protagonizó matanzas como en el puerto de Argel en 1962, con un centenar de muertos.                        Crisis diplomática entre París y ArgelEl voluntarismo de Macron respecto a la guerra en Argelia también quedó salpicado por unas polémicas declaraciones suyas en octubre del año pasado, que desembocaron en una crisis diplomática entre París y Argel. Tras haber acusado al gobierno argelino de aprovecharse de “una renta histórica”, este llamó a consultas a su embajador en la capital francesa. Pero, finalmente, volvió a su puesto a principios de año, todo un signo de distensión en plena campaña electoral en Francia. “Las autoridades argelinas prefieren que gane Macron en lugar de cualquiera de sus rivales de la derecha y la ultraderecha”, sostiene el historiador Pierre Vermeren, profesor en la Universidad Sorbona I y quien prepara un libro sobre la historia de Argelia.

“Entre los principales candidatos a las presidenciales, varios de ellos están marcados por la cuestión argelina. Es el caso de Marine Le Pen, cuyo partido fue fundado por su padre Jean-Marie Le Pen, que combatió en la guerra, pero también del polemista ultra Éric Zemmour, hijo de una familia de pieds-noirs judíos”, recuerda este especialista en el Magreb. El resentimiento por la guerra también irradia en las filas de la conservadora Valérie Pécresse, candidata de Los Republicanos (socios del PP en Francia). Cuenta como consejeros con dirigentes como Michèle Tabarot, hija de una de los fundadores de la OAS, o Gérard Longuet, que en 2012 hizo una peineta en un plató de televisión después de que le pidieran que reconociera los delitos del colonialismo francés.

La ideología sudista La derecha y la ultraderecha instrumentalizan el recuerdo de la guerra, que asimismo nutre los discursos islamófobos, sobre todo en el arco mediterráneo del sur de Francia, donde los pieds-noirs representan el 15% y el 12% del electorado de las dos regiones de la zona. De hecho, Stora habla de una ideología sudista francesa, en una analogía con el sudismo de los confederados de Estados Unidos.

"La reconciliación de las memorias resulta fundamental para poder contrarrestar el imaginario de aquellos franceses que asocian los árabes con los ladrones o los violadores"

Jacky Malléa

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Un ejemplo paradigmático de esta identidad del sur es la ciudad de Perpinyà. No solo su alcalde, el ultraderechista Louis Aliot, procede de una familia de pieds-noirs, sino que en la ciudad abundan los monumentos con una visión revisionista del conflicto, como un monumento funerario en honor a varios fundadores de la OAS o una placa en honor a las víctimas en que solo aparecen los nombres de muertos por parte del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino.

“La reconciliación de las memorias sobre la guerra resulta fundamental para poder contrarrestar el imaginario de aquellos franceses que asocian los árabes con los ladrones o los violadores”, asegura Malléa. “Pero lograrla resultará muy difícil ante las presiones de aquellos nostálgicos de la Argelia francesa”, añade este pieds-noirs progresista, quien recuerda las amenazas que recibió recientemente un alcalde del sur de Francia por haber dejado organizar un acto a su asociación.

En Montpellier, otra localidad meridional con una importante comunidad de pieds-noirs, existe toda una controversia desde hace más de quince años por la construcción de un museo sobre la guerra de Argelia. El proyecto empezó a discutirse a principios de los 2000 y en 2014 todo parecía listo para que viera la luz. El alcalde de entonces, el socialista Philippe Saurel, suspendió el proyecto en el último momento, ante la sospecha de haber recibido presiones por parte de los nostálgicos de la Argelia francesa.

Ahora Macron quiere recuperarlo, pero llevarlo a cabo como un museo nacional. Y así no depender de los dirigentes locales. Si al final se convierte en una realidad, simbolizaría la cicatrización incipiente de esta herida del pasado. 

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