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Comercio

La tolerancia cero china contra la pandemia amenaza las cadenas de suministro globales

La economía del país asiático creció el 8,1% en 2021 pero las cuarentenas amenazan con rebajarlo a la mitad y con volver a frenar también el crecimiento mundial

Operaciones en el puerto chino de Qingdao.

Las predicciones más apocalípticas anuncian el caos inminente y las peores disrupciones de las cadenas de suministro globales en las últimas décadas. La llegada de ómicron a China y la innegociable tolerancia cero han alterado la producción y el transporte de mercancías. No es un fenómeno nuevo porque China ha lidiado con brotes durante dos años con idéntica receta pero la última variante agrava el escenario. Primero, porque su mayor capacidad de contagio ha desbordado los acostumbrados brotes localizados. Y segundo, porque ha atacado con precisión quirúrgica las ciudades con los principales puertos de la fábrica global.

Las sombras no alcanzan por el momento a China. Su PIB aumentó el pasado año un 8,1%, ha informado Pekín. La cifra supera en dos puntos el conservador pronóstico del Gobierno, dobla el crecimiento estimado por el Banco Mundial para el conjunto del mundo y triplica el de Alemania. Su expansión, la mayor de la década, llega a pesar de las tensiones inmobiliarias representadas por el gigante Evergrande y de pertinaces cortes de producción durante el invierno para rebajar las emisiones de carbono. La evolución, sin embargo, permite lecturas negativas. Aquel exuberante crecimiento del 18% de los primeros trimestres se recortó al 4,9% y al 4% en los últimos, lastrados por los rebrotes del coronavirus.

Y es que la fórmula china, que contempla cierres estrictos por un puñado de casos, castiga cíclicamente la producción. Las plantas de Toyota en Tianjin, las de Samsung en Xian y las de Volkswagen o suministradores de Nike o Adidas en Ningbo han sufrido cierres temporales. En esa estricta política china justificaba recientemente Goldman Sachs la rebaja de sus pronósticos de crecimiento económico de China en 2022 del 4,8% al 4,3%. También Morgan Stanley subrayaba los riesgos y aludía a la “interrupción más profunda de los servicios”. La amenaza se cierne sobre el mundo porque siete de los diez puertos con mayor actividad del mundo son chinos y ómicron ha alterado la actividad de varios de ellos.

Malas noticias para la inflación

Carecemos aún de datos actualizados para medir el golpe, señala Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia Pacífico de Natixis. “Es probable que se enmascaren con la caída de la producción de las vacaciones de año nuevo chino porque los datos de enero y febrero suelen ser malos. El impacto en los costes del transporte no lo sabremos hasta finales de febrero o marzo pero creo que aumentarán por la obsesión del Gobierno con la tolerancia cero. Son malas noticias para la inflación global”, añade.

La variante ómicron apareció dos semanas atrás en Tianjin, a media hora en tren de Pekín, y saltó a Dalian a través de dos estudiantes que regresaban tras el curso escolar. Los dos puertos más relevantes de la China septentrional han recortado sus operaciones. Los problemas se extienden a Shenzhen, la macrociudad del sur, donde los camiones que nutren su puerto de Yantian no pueden circular. Su cierre ya congestionó las rutas internacionales en mayo. Tampoco Ningbo, en la provincia meridional de Zhejiang, se ha salvado. La vecina localidad de Beilun, de donde parten el 3% de las exportaciones chinas, funciona al 20%. En el puerto de Shanghái, que absorbe el grueso de los desvíos, los retrasos suman ya una semana. La consultora Nomura vaticinaba esta semana que las cuarentenas “probablemente aumentarán los cuellos de botella de la logística internacional y empujarán al alza de nuevo los precios de la carga”. La situación es también inquietante en Hong Kong. Cathay Pacific Airways, su mayor aerolínea, ha alertado de que su carga podría caer en tres semanas a una quinta parte del volumen pre-pandémico y sus costes logísticos aumentarían en un 40 %.

La amenaza llega tras dos años turbulentos para el tráfico marítimo, con las tarifas en niveles récords y algunos puertos estadounidenses congestionados. El precio del envío de un contenedor de 40 pies desde China a México se ha triplicado, desvela un alto ejecutivo de una compañía química española que produce en el sur del país. “Compensa si envías teléfonos de alta gama; si envías fruta, no. Son gastos desmesurados. Las navieras no han ganado dinero durante muchos años y ahora se están aprovechando pero no creo que la situación aguante. Los gobiernos están interesados en que no suba la inflación y es probable que presionen a las compañías”, juzga.

El empresario de una empresa catalana especializada en aromas afirma que sus exportaciones al sudeste asiático no han sufrido retrasos pero que ya han planeado el envío por tren si la situación empeora. Este año se verán forzados a repercutir los costes acentuados por primera vez al cliente tras los forzosos parones invernales para economizar energía y el encareciminto de las materias primas. “Si China no relaja las medidas, pronosticamos que subirán un 8%”, añade. Es improbable que vire el timón. Su política de tolerancia cero ha mantenido los contagios y muertes en niveles ridículos en contraste con las cifras globales y salvado la economía.

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