"Este mundo es una sopa", decía Mafalda que asociaba las aberraciones globales a lo que había en su plato. La madre trataba de convencerla de que "sopa" no era una mala palabra. "¿De qué son culpables las gallinas?", la desafiaba la niña indómita que Quino había creado en 1964, cuando Argentina, a pesar de sus desatinos políticos, tenía menos de un 8 por ciento de familias pobres y en una mesa familiar, de clase media baja como en el caso de Mafalda, podían aflorar cuestiones de gusto.

Quizás hoy Mafalda tendría hambre y recibiría la sopa con la boca bien abierta. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) el 56,3% de los menores de 14 años argentinos son pobres. Hace un año, antes de la pandemia, eran un 52,6% los que vivían en hogares que no cubrían la canasta básica. Y un 15% de ellos subsistían en la indigencia más absoluta.

Ante estos datos, los berrinches de Mafalda deberían leerse en clave casi arqueológica. De acuerdo con Unicef, Argentina todavía no ha tocado fondo. El PIB caerá este año un 12%, en el mejor de los casos, y arrastrará los índices de pobreza infantil al 63%, con lo cual, habrá 1,2 millones más de niños, niñas y adolescentes pobres que durante el anterior Gobierno de derechas de Mauricio Macri.

Otro informe de Unicef se refiere a los efectos de la crisis económica en los menores: multiplicación de casos de migraña a causa del hambre y diarreas de niños que comen en basureros o contraen enfermedades respiratorias por vivir en la calle.

Empeoramiento

Todo ha empeorado con el Covid-19 y la paralización de actividades. La intemperie es parte del paisaje natural de muchos niños, entre ellos los que acompañan a sus padres en los intentos de tomas de tierras en la provincia de Buenos Aires o los que han empezado a peregrinar otra vez por la capital y sus alrededores desde el relajamiento de las restricciones sanitarias.

El informe del Indec, que se ha conocido estos días, revela que la pobreza ha subido cinco puntos en 12 meses. Ahora el 40,9% de la población es pobre y con el correr de las semanas ese número irá creciendo sin pausa. De este total, el 10,5% son indigentes, lo que quiere decir que 2,9 millones de personas no cubren la canasta básica. "Los resultados de la pobreza serían infinitamente más negativos si el Estado no hubiera auxiliado como lo ha hecho", defiende el presidente Alberto Fernández.

Argentina salió de la última dictadura militar (1976-83) con un 21% de pobres. "Con la democracia se come, se cura, se educa", dijo Raúl Alfonsín, el primer presidente de la transición.

Corralito

Sin embargo, 15 años más tarde los índices de pobreza ascendieron al 35,4%. A principios del 2002, y tras la crisis del corralito financiero, el porcentaje subió 14 puntos. Los indicadores se redujeron a casi la mitad en los años de crecimiento económico sostenido, entre 2003 y 2010.

"Me parte el alma ver tanta gente pobre", dice Mafalda a Susanita. "A mí también", contesta su amiga. "Habría que dar techo, trabajo, protección y bienestar a los pobres", continua Mafalda. Susanita responde: "¿Para qué tanto? Bastaría con esconderlos". Medio siglo más tarde hasta este comentario clasista resulta inviable.