13 de marzo de 2020
13.03.2020
Faro de Vigo

Turquía, un asociado a la UE y miembro de la OTAN cada vez más problemático

Erdogan impulsa una política nacionalista agresiva para compensar la pérdida de apoyos

13.03.2020 | 01:10
Una familia de refugiados en Edirne, en la frontera grecoturca. // Efe

Turquía se ha convertido en un miembro de la OTAN y en un asociado a la UE cada vez más problemático a lo largo de la última década. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha instaurado un régimen autoritario, ha desarrollado una política contraria a los principios, los intereses y la seguridad de los miembros de la Alianza Atlántica y de la UE y ha impulsado una política nacionalista cada vez más agresiva en el exterior.

Erdogan intenta contrarrestar así la pérdida de respaldo electoral y desviar la atención de la población de las graves dificultades económicas del país. El presidente turco explota al máximo la importancia geoestratégica de su país para la OTAN y la UE para eludir las consecuencias de su política de confrontación. La pasividad mostrada por la OTAN y la UE ante sus sucesivos desafíos ha alimentado en él la percepción de que puede permitírselo todo con impunidad.

Turquía se convirtió en 1952 en miembro de la OTAN para reforzar la política occidental de contención de la URSS. La Guerra Fría también facilitó el Acuerdo de Asociación de 1963 con la CEE, antecesora de la UE, que sigue en vigor y que condujo a una unión aduanera.

Régimen autoritario

Pese a que en teoría la OTAN está formada por países democráticos, la Alianza ha tolerado la instauración por Erdogan de un régimen autoritario y la persecución generalizada de políticos, periodistas, escritores, profesores y activistas.

En materia de seguridad, la OTAN también se ha mostrado pasiva con la cooperación de Ankara con el Estado Islámico, Al Qaeda y otras milicias yihadistas en Siria mediante apoyo logístico, militar y financiero, incluida la compra de petróleo de contrabando.

Todo esto está documentado por publicaciones como "The Guardian", "Foreign Policy", "The New York Times", "Financial Times" y "Cumhuriyet", así como en el libro "An Uncertain Ally: Turkey under Erdogan's Dictatorship (Un aliado incierto: Turquía bajo la dictadura de Erdogan) del profesor David L. Philips. Erdogan vetó hasta julio del 2015 el uso del espacio aéreo turco para atacar al Estado Islámico y después se abstuvo en la práctica de combatirlo, pese a la amenaza que representaba para la seguridad de la OTAN.

La Alianza se muestra acomodaticia con la invasión turca del norte de Siria, su limpieza étnica de la población kurda, su protección a los yihadistas de Al Qaeda y Estado Islámico en Idlib y el envío de 2.000 yihadistas sirios y tropas turcas a la guerra civil de Libia.

Además de cerrar los ojos a la sistemática y provocativa violación del espacio aéreo griego por aviones militares turcos, la OTAN parece resignada a que Turquía instale en su territorio las baterías de misiles antiaéreos rusos S-400, incompatibles con el sistema aliado y que irán acompañadas del despliegue de militares y técnicos rusos en el seno de un país de la Alianza.

Turquía depende económicamente de la UE, adonde van el 50% de sus exportaciones. Pero la falta de una política común de asilo e inmigración mantiene a la UE cautiva de Erdogan, que utiliza a los refugiados como peones para lograr concesiones políticas y fondos europeos. Ahora, Erdogan ha enviado a los inmigrantes hacia la frontera de Grecia, el eslabón más débil de la UE, pero han evitado que los refugiados se dirigieran a la frontera búlgara, para no perjudicar el naciente negocio gasista bilateral.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook