Con la salida del Reino Unido de la UE se marcha la segunda potencia económica del club y el 15% de su PIB, se pierde la segunda plaza financiera del mundo tras Nueva York -la City de Londres- y a uno de los estados más poblados con 66 millones de habitantes (13%). Una amputación que dejará secuelas económicas, políticas y diplomáticas importantes además de un agujero presupuestario en las arcas comunitarias.

El grado del perjuicio a uno y otro lado del Canal de la Mancha dependerá de la futura relación entre las autoridades británicas y comunitarias. Cuanto más estrecha, menor será el impacto.

La primera consecuencia será una brecha de unos 10.000 millones anuales si el Reino Unido deja de participar en todos los programas europeos (Horizon, Erasmus...) y no aporta un euro al presupuesto.

Suplir este agujero no será fácil. Bruselas ha propuesto un presupuesto equivalente al 1,11% del PIB europeo -la Eurocámara un 1,13%- y recortes en gasto agrícola y de cohesión para contener la pérdida del Reino Unido. Un montante excesivo para los países que más pagan (Alemania, Suecia, Austria, Países bajos, Finlandia o Dinamarca), porque les obligará a elevar su aportación, pero insuficiente para los beneficiarios (países del Este, Grecia, Portugal o España) que temen un tijeretazo de fondos.

La aportación británica al presupuesto es, sin embargo, una pequeña parte del problema. "Si vamos a ser más o menos ricos depende de muchos factores que no conocemos ahora", apunta Karel Lanoo, director ejecutivo del Centre for European Policy Studies (CEPS). Todo dependerá del tipo de relación. "Cuanto más duro sea, mayor será el daño económico porque la desintegración económica genera reducción de la tarta de crecimiento. Cuanto más cercana -una opción como Noruega- el impacto económico sería muy pequeño o prácticamente insignificante", sostiene Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano.