El presidente de EE UU, Donald Trump, sus abogados y Mitch McConnell, el eficiente estratega que lidera la mayoría republicana en el Senado, habían preparado un estudiado guion para el juicio del "impeachment" del que parecía imposible salirse y que daba por seguro un final: la exoneración. Las últimas horas, no obstante, han recordado que hay espacio para alterar, si no ese desenlace, cuando menos el camino hasta llegar ahí.

La incertidumbre y la ansiedad planeaban ayer en el Capitolio bajo la sacudida de la filtración de parte del libro de John Bolton en el que el exconsejero de Seguridad Nacional asegura que Trump le admitió en agosto estar frenando la ayuda económica a Ucrania hasta que Kiev anunciara investigaciones por corrupción sobre el exvicepresidente Joseph Biden, su principal rival político, y su hijo Hunter. El debate sobre la eventualidad de que Bolton comparezca en el Senado ha tomado el lugar central, entre presiones de los demócratas y dudas de varios senadores republicanos. Solo se necesitan cuatro para que las cuentas salgan y ya hay tres candidatos.

Para saber lo que ocurre, no obstante, habrá que esperar al viernes, cuando se espera que se produzca la votación sobre la aceptación de nuevos testigos y documentos.

Antes, hoy y mañana, se celebrarán 16 horas de sesiones en las que los senadores plantearán preguntas tanto a los fiscales demócratas como a los abogados de Trump. En cualquier caso, el impacto de las afirmaciones escritas de Bolton es tal que en la Casa Blanca, según "The New York Times", hasta Trump "parece resignado" a que se llame a nuevos testigos, una opción que hace solo tres días parecía descartada.