La inquietud por el estado de salud de la canciller Angela Merkel, de 64 años, se apoderó ayer de Alemania después de que volviera a sufrir en público un episodio de temblores en sus brazos y piernas que su rostro acompañó con gesto de preocupación contenida. Merkel se encontraba en la sede de la Presidencia germana para asistir al traspaso de poderes entre la ya exministra de Justicia, Katharina Barley, y su sucesora, Christine Lambrecht.

En las imágenes difundidas por las cadenas alemanas, se puede ver cómo la canciller trata de contener los temblores y poco después rechaza un vaso de agua que le ofrece un asistente. El martes de la semana pasada, Merkel sufrió un episodio similar, aunque de mayor intensidad y duración, mientras recibía en Berlín al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.

En esa ocasión, la canciller trató de restar importancia a las especulaciones desatadas sobre su estado de salud. Las imágenes de la canciller bajo el sol, con signos de debilidad física y sujetándose repetidamente las manos para tratar de calmar el temblor, durante más de medio minuto y mientras sonaba el himno alemán, se convirtieron de inmediato en objeto de comentarios en los medios alemanes. Los especialistas han precisado que los temblores pueden tener causas muy variadas, no necesariamente graves.

"Estoy bien, me he bebido al menos tres vasos de agua, que parece que me faltaban, ahora me siento de nuevo bien", comentó la semana pasada la canciller, que atribuyó su temblor a una deshidratación, al ser preguntada en una comparecencia conjunta con Zelenski. El presidente ucraniano bromeó incluso sobre el episodio: "Estaba a mi lado y completamente a salvo".

Ayer, un portavoz del Gobierno aclaró que la canciller "está bien" y anunció que mantenía su agenda. "Todo sigue como estaba previsto", dijo la fuente. De hecho, poco después Merkel emprendió viaje a Japón para participar en la cumbre del G20 que se celebrará hoy, viernes, y mañana en la ciudad de Osaka.