Francia llamó ayer a consultas a su embajador en Roma como expresión de su profundo malestar por la reunión mantenida el martes en París por el vicepresidente del Gobierno italiano y líder del Movimiento 5 Estrellas (M5S), Luigi Di Maio, y un grupo de "chalecos amarillos", calificada por el Ejecutivo galo como "inaceptable". Una medida similar entre los dos aliados -miembros fundadores de la UE- no se conocía desde 1940, en vísperas de que Italia atacase a una Francia que, a duras penas, intentaba contener la arrolladora invasión de la Alemania nazi.

"Las últimas injerencias constituyen una provocación adicional e inaceptable. Violan el respeto debido a la elección democrática hecha por un pueblo amigo y aliado, y el respeto que gobiernos democrática y libremente elegidos se deben entre ellos", se quejó el ministerio de Exteriores francés.

La llamada a consultas culmina una espiral de tensión que se inició hace nueves meses y se renovó días atrás cuando el presidente francés, Emmanuel Macron, denunció la "lepra nacionalista" que, a su entender, se está apoderando de Italia. El otro vicepresidente italiano, el liguista Matteo Salvini, replicó con desdén que Macron es el "peor presidente" que ha tenido Francia. Mientras, Di Maio expresaba su apoyo a los "chalecos amarillos", el movimiento de protesta ciudadana que tiene en vilo a Francia desde mediados de noviembre. Los "chalecos" van a presentar una lista a las elecciones europeas y Di Maio quiere atraerlos al campo del antisistema M5S.

Las autoridades francesas subrayaron ayer que "tener desacuerdos es una cosa e instrumentalizar la relación con fines electorales es otra". El ministerio de Exteriores aseguró que "todos estos actos crean una situación grave que obliga a preguntarse por las intenciones del Gobierno italiano en su relación con Francia". Para París, la relación con Roma está en una "situación sin precedentes".

Di Maio replicó a la represalia francesa asegurando que su reunión del martes fue "legítima". El líder de los grillini lamentó que Macron haya "atacado varias veces al Gobierno italiano por motivos políticos relacionados con las elecciones europeas" de mayo. Más moderado fue Salvini, habitualmente muy crítico con Macron y aliado de la ultraderechista Marine Le Pen. Salvini garantizó que no quiere "pelearse" con Francia y propuso reunirse con Macron para resolver las diferencias bilaterales, entre las que destacó la devolución francesa de migrantes en la frontera norte de Italia, que cifró en 60.000 desde 2017.