Protestas, una demanda judicial y algunas detenciones de inmigrantes fueron ayer las primeras consecuencias de la orden ejecutiva firmada el viernes por la noche por el presidente de EE UU, Donald Trump, para incluir en la estrategia antiterrorista la legislación sobre inmigración y asilo a refugiados.

Trump, quien ha pedido al Ejército que tenga listo en 30 días un plan para derrotar al grupo yihadista Estado Islámico, estampó su firma en el decreto, de aplicación inmediata, durante una visita al Pentágono, la sede del departamento de Defensa, en la que también firmó otro para "robustecer" las Fuerzas Armadas.

El polémico texto sobre inmigración y asilo cierra la puerta durante 90 días a la concesión de visados a los nacionales de siete países con mayoría de población islámica -Irak, Irán, Siria, Libia, Yemen, Somalia y Sudán-, hasta que se adopten procesos de "vigilancia extrema". Igualmente, suspende durante 120 días la acogida de refugiados, incluidos los sirios, para examinar los mecanismos de aceptación y asegurarse de que, por esa vía, no entran radicales en EE UU. La suspensión de visados afectaría tanto a personas con doble nacionalidad como a residentes (en posesión de la llamada "carta verde") de esos países que actualmente estén fuera de EE UU y pretendan regresar. Estos últimos precisarán una exención específica por parte del consulado de EE UU en su país de origen. "Nos queremos asegurar de que no admitimos en el país a la misma amenaza que nuestros soldados combaten en el extranjero. Solo vamos a admitir a quienes apoyan a nuestro país y aman profundamente a nuestro pueblo", afirmó Trump.

Las consecuencias de la orden ejecutiva fueron inmediatas. En el plano internacional, Irán replicó prohibiendo la entrada en el país a todos los ciudadanos estadounidenses. Alemania y Francia mostraron su "inquietud" por la orden ejecutiva, en un día en el que sus máximos mandatarios, Angela Merkel y François Hollande, conversaron por teléfono con Donald Trump.

Las repercusiones sobre las personas fueron inmediatas. Dos iraquíes fueron detenidos ayer mismo a su llegada al aeropuerto neoyorquino John F. Kennedy, pese a encontrarse en posesión de un visado especial, lo que suscitó la presentación de una demanda judicial por parte de varios grupos de derechos civiles. Uno de ellos fue liberado. Otras once personas llegaron a encontrarse en la misma situación a lo largo de la jornada, según fuentes de esos grupos.

Protestas

El aeropuerto JFK fue escenario de una nutrida protesta, mientras se anunciaban varias más en otros puntos del país. En Holanda, la compañía KLM impidió al menos a dos personas subirse a vuelos con destino a EE UU, situación que se repitió con un número no precisado de personas en Egipto, Turquía y otros puntos del planeta.

Mientras reinaba esta súbita agitación, Trump hablaba por teléfono con los máximos mandatarios de Rusia, Alemania y Francia. Moscú aseguró que en la conversación con Putin, a la que sólo asistió el vicepresidente, Mike Pence, ambos dirigentes acordaron coordinar su lucha contra el Estado Islámico. De la charla con la alemana Merkel ha trascendido la coincidencia en la importancia de la OTAN para las relaciones trasatlánticas, mientras que el francés Hollande insistió en que defender la democracia exige acoger a los refugiados.