La muerte, ayer, del juez del Tribunal Supremo de EE UU Antonin Scalia, uno de los cinco magistrados conservadores de la Alta Corte, pone en manos del presidente Obama la posibilidad de alterar su signo. El nombramiento por la Casa Blanca de un juez progresista elevaría a cinco su número en el Supremo, mientras que los conservadores quedarían reducidos a cuatro.

Scalia murió en Texas a los 79 años y había sido designado juez del Tribunal Supremo en 1986 por el entonces presidente, Ronald Reagan. Su fallecimiento ha puesto en marcha una batalla política que adquiere especial trascendencia en el clima de campaña electoral que vive EE UU ante los comicios presidenciales de noviembre.

Anticipándose a la previsible pérdida de la mayoría en el Supremo, el líder del grupo republicano en el Senado, Mitch McConnell, amenazó ayer con vetar a cualquier sustituto de Scalia que proponga Obama, por considerar que debe ser el próximo Presidente de EE UU quien elija al nuevo juez. Para McConnell, el asiento de Scalia debe permanecer vacío hasta que el actual mandatario deje la Casa Blanca, dentro de 11 meses.

Frente a él, el líder de la minoría demócrata en el Senado, Harry Reid, consideró que Obama debe enviar al Senado un candidato de forma "inmediata" y resaltó que "no tendría precedentes en la Historia reciente que el Tribunal Supremo estuviera un año con plazas vacantes".

El propio presidente no ha perdido el tiempo y ayer mismo anunció que propondrá un nuevo juez para el Supremo antes de dejar la Casa Blanca, a pesar de la amenaza de veto de los republicanos del Senado.