10 de abril de 2008
10.04.2008

Sin luz en Irak al final del túnel

10.04.2008 | 02:00
Las lágrimas de Bush. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, lloró ayer durante el acto de entrega de una medalla a un soldado muerto en Irak en septiembre de 2006.

Los iraquíes viven con frustración el futuro y EE UU ve lejos una salida

Un soldado de EE UU se acercó y se ofreció a ayudarme; al principio estirábamos utilizando una cuerda y después utilizamos una cadena de metal´´. Así explica uno de los hombres que participó en el derrumbamiento de la estatua de Sadam en una céntrica plaza de Bagdad en declaraciones a la cadena de televisión árabe `Al-Jazeera´. Aunque las fuerzas de ocupación tardaron varias semanas en reducir a todos los grupos armados del antiguo régimen dictatorial y, de hecho, llevaban varios días en Bagdad aquel 9 de abril de 2003, la caída de Sadam será recordada como la caída de su estatua en bronce.
Cinco años más tarde, la violencia en Irak parece no tener final. Si el pasado martes el comandante en jefe de las tropas estadounidenses en el país, el general David Petraeus, pedía que se congelara el repliegue de tropas durante un tiempo porque los avances se realizaban muy lentamente, ayer los insurgentes celebraron el V Aniversario de la caída del dictador con tres ataques de morteros en diferentes puntos de Bagdad, uno de ellos en la Zona Verde, un área blindada por EE UU en el que se alojan los principales edificios gubernamentales y embajadas extranjeras.
El Gobierno de Al Maliki, consciente de que estas fechas simbólicas son siempre motivo de ataques, dictaminó un toque de queda que vació ayer las calles de la capital iraquí, con el fin de controlar los elementos insurgentes que persisten en ella. Sin embargo, pese al toque de queda, el Ejército del Mahdi, brazo armado de los simpatizantes del clérigo radical chií Muqtada al-Sadr, sigue enfrentándose con las tropas estadounidenses e iraquíes, especialmente en Ciudad Sadr, uno de los barrios más pobres de Bagdad y uno de los más fieles bastiones al Ejército del Mahdi.
EE UU conmemora el aniversario de la caída de Bagdad inmerso aún en una guerra impopular que ha dividido al país y se ha convertido en el más pesado lastre del Gobierno del presidente George W. Bush.
Para el Gobierno de Bush y para muchos partidarios de la intervención, ese era el comienzo del fin de una aventura iniciada pese a la oposición de muchos en la comunidad internacional y de los demócratas en el país. Cinco años después, y con más de 4.000 soldados estadounidenses muertos, el fin de esa intervención no se ve muy cercano.

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