Los ánimos en EE UU están más exaltados que nunca en vísperas del cuarto aniversario del comienzo de la guerra de Irak, pero ni republicanos ni demócratas han conseguido todavía dar con un plan que ofrezca una solución al conflicto.

Además, aumenta el rechazo de la opinión pública a la contienda. Seis de cada diez estadounidenses se oponen a la guerra y quieren que las tropas regresen a casa.

Pese al desaliento ciudadano con una guerra que se ha cobrado la vida de más de 3.200 soldados de EE UU y cientos de miles de iraquíes, la Casa Blanca insiste en que saldrá triunfal del conflicto. Para lograr ganar la guerra, EE UU enviará a unos 30.000 soldados adicionales a ese país, cuyo cometido será reducir los enfrentamientos sectarios para conseguir un acuerdo político.

Ese acuerdo, que según los analistas pasa por un entendimiento regional que ponga fin al respaldo exterior a los combatientes extranjeros en Irak, allanaría el camino para la retirada estadounidense.

En esa línea se enmarcan los recientes esfuerzos diplomáticos de EE UU, que ha accedido a negociar con enemigos acérrimos como Irán y Siria para tratar de poner fin al caos en Irak.