La ex espía estadounidense Valerie Plame rompió ayer su casi total silencio al declarar ante el Congreso que la divulgación de su identidad por altos cargos de la Casa Blanca fue una irresponsabilidad con una motivación "puramente política".

Han pasado ya casi seis años desde que la vida paralela de Plame saliera a la luz pública en una columna del periodista conservador Robert Novak, pero hasta ahora la empleada de la CIA no había explicado lo que ese acto supuso para ella.

Ayer tuvo esa oportunidad ante la audiencia del Comité de Supervisión y Reforma del Gobierno de la Cámara Baja, que fue una muestra del poder de los demócratas para indagar en asuntos que el Gobierno preferiría que se olvidaran.

En una sesión impensable cuando los republicanos controlaban el Congreso y transmitida incluso por el canal de derechas "Fox News", la ex espía removió en una herida antigua de un Gobierno acosado por los escándalos.

"Altos funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Estado usaron mi nombre y mi identidad sin ningún cuidado y de forma irresponsable", afirmó Plame.

Su trabajo de agente de la CIA salió a la luz de forma solapada, en forma de "filtraciones" anónimas a la prensa.

El objetivo era desacreditar a su marido, el ex embajador Joseph Wilson, que había criticado las razones dadas por la administración de George W. Bush para invadir Irak. En 2002, la CIA envió a Wilson a investigar si el entonces presidente iraquí, Sadam Husein, había intentado comprar uranio de Níger, una información que se originó en la oficina del vicepresidente Dick Cheney, según testificó ayer Plame bajo juramento, pero su marido concluyó que era falsa.

Aun así, un año después, el presidente Bush reiteró esa acusación en el discurso sobre el Estado de la Unión.