Siete personas murieron en la noche del lunes en París, entre ellas cuatro niños, al arder el vetusto edificio habitado por unas doce familias marfileñas, apenas cuatro días después de que fallecieran otros diecisiete africanos en un drama similar, en una nueva muestra de la precariedad de miles de inmigrantes en la capital francesa.

El incendio en el turístico e histórico barrio del Marais, que según los primeros indicios recogidos por los investigadores fue de origen accidental, también provocó catorce heridos, tres de ellos graves.

El centenar de bomberos que acudió al edificio a los pocos minutos de que se diera la alerta controló el fuego en hora y media, y se encontró con los cuerpos sin vida de seis personas en el interior. El séptimo muerto fue un niño que había saltado al vacío desde la tercera planta del edificio -que contaba con cinco pisos- para tratar de escapar de las llamas.

El fuego se había declarado hacia las 22.00 locales en el hueco de la escalera por causas indeterminadas, aunque se descartaba un acto voluntario, sobre todo a la vista del estado de los circuitos eléctricos y las instalaciones, los cables que colgaban por todas partes y el estado general de insalubridad del inmueble.

Los habitantes, que no tenían agua corriente en las viviendas y debían aprovisionarse en la calle, se habían quejado del pésimo estado de las escaleras o del plomo de la pintura en las paredes desconchadas, al que se atribuía los casos de saturnismo entre los niños de las familias ocupantes, muy numerosas.

Realojo

El edificio, que en su tiempo había sido un hotel, lo ocupaban desde hacía años inmigrantes de Costa de Marfil, que habían aprovechado su abandono. El Ayuntamiento de París lo compró a comienzos de año para proceder a su renovación, que debía empezar en septiembre.

El alcalde de la ciudad, Bertrand Delanoe, explicó que algunos de los habitantes habían podido ser realojados, y que se trabajaba para regularizar la situación del resto.

Los supervivientes rechazaron la oferta de un realojo de urgencia en hoteles y exigían una solución definitiva, al igual que los habitantes del edificio igualmente vetusto y también de inmigrantes africanos que ardió al sureste de París el pasado viernes, y que se saldó con la muerte de diecisiete personas, de ellos catorce niños.