El Renault Clio GLP es una de las grandes sorpresas del verano. Tengo que reconocer que al comienzo tenía mis dudas para hacer los cerca de seiscientos kilómetros, Madrid- Vigo, con un tricilíndrico, caja manual de cinco velocidades y GLP. Recelos que se convirtieron en toda una sorpresa tras completar el viaje y los seiscientos kilómetros.

El Renault Clio GLP solamente cuenta con los acabados Intens y Zen, y no se diferencian en nada a sus hermanos con otros propulsores. Los mismo que en interior, aunque hay que reconocer una mínima diferencia, y es el indicador del depósito de GLP que viene situado en la parte izquierda del salpicadero. El resto, es exactamente igual.

Por defecto, y siempre que haya combustible, va a rodar con GLP, y solo cuando se agote dará el salto a la gasolina. Un salto que no notamos, pues el vehículo lo hace automáticamente y pasa totalmente imperceptible. El sonido del motor no es el habitual de un tres cilindros, a pesar de serlo. La caja de cambios manual de cinco velocidades funciona a la perfección y no tenemos la sensación de necesitar una marcha más para que el coche vaya más desahogado. A pesar de todos los condicionantes que podrían limitar el largo desplazamiento, hay que reconocer que fue una experiencia agradable, superando el examen con nota.

En determinados momentos se le exigió al vehículo no solo potencia, sino empuje para no quedarse rezagado en las subidas, y ahí el motor de GLP no se escondió, permitiendo transformar lo que en un principo era un viaje lleno de temores, a un desplazamiento divertido y sin contratiempos. La comodidad del coche es buena, y a pesar de los muchos kilómetros, conseguimos llegar en buena forma a nuestro destino final. La posibilidad de contar con un depósito de GLP de 32 litros, y uno de gasolina de 39 litros, le dan al Renault Clio GLP una autonomía muy grande.