Una vida entre latas
Fin a tres generaciones ligadas a la conserva viguesa: la historia de Josefa, Mercedes y Nieves
Las hermanas Rodríguez Lorenzo trabajaron en la conservera Cerqueira. Con la jubilación de la más joven hace poco más de una semana, finaliza la presencia de la familia en el sector, del que ya formaron parte sus abuelos maternos y su madre

Marta G. Brea
Con abrazos, lágrimas y sonrisas de oreja a oreja. Así fueron recibidas las hermanas Josefa (Vigo, 1950), Mercedes (Vigo, 1957) y Nieves Rodríguez Lorenzo (Vigo, 1962) en la fábrica de Conservas Cerqueira de la calle Tomás A. Alonso, donde pasaron gran parte de su vida haciendo «de todo»: desde preparar el atún, el mejillón, la ventresca o el bonito hasta realizar tareas en el almacén o limpiar. FARO las reunió en las instalaciones de la firma viguesa una semana después de prejubilarse la más joven, paso que puso fin a tres generaciones vinculadas a la conserva: primero, fueron sus abuelos maternos; después, su madre. Ellas cierran este círculo, ya que sus hijos han tomado otros caminos: un ejemplo de la dificultad para encontrar relevo en un gremio que ha alimentado a multitud de familias en el sentido literal y figurado.
Mercedes, conocida como «Merchi», empezó a trabajar en Cerqueira a los 14 años, después de ejercer brevemente otros trabajos vinculados con este sector, y se prejubiló a los 62. Josefa, «Sefi», entró a los 26 y se prejubiló a los 61 años. Antes, pasó por Conservas Garavilla, ya extinta, de la que guarda buenos recuerdos. Nieves estuvo en las conserveras Alfageme, Connorsa o Fandicosta, entre otras, antes de entrar en las instalaciones de Tomás A. Alonso: acumuló contratos entre 1979 y el año 2000, cuando comenzó a formar parte de la plantilla. Hace poco más de una semana, se despidió de sus compañeros y compañeras (ellas son un 87%) con una fiesta en la que, como es habitual en esta empresa, ocupó un trono de reina elaborado con estuches de Pay Pay Oro, una de las marcas que comercializa la compañía.

Josefa y una excompañera de Cerqueira se dan un abrazo en la fábrica de Tomás A. Alonso. / Marta G. Brea
«Eso no nos lo hicieron a nosotras», bromean Mercedes y Josefa, que presumen de buena salud y dedican gran parte de su tiempo a la familia. También lo hace Nieves, que ha dejado de trabajar después de una vida llena de responsabilidades laborales: su primera experiencia la vivió con 12 años, cuidando a una niña totalmente dependiente. A edades similares comenzaron sus hermanas en empleos. «Eran otros tiempos», reconocen. Nieves asegura estar «muy feliz» por el inicio de esta nueva etapa y ya piensa en practicar más yoga y viajar. Bien se lo merece después de tanto esfuerzo: llegó a compaginar la conservera con tareas del hogar en viviendas de particulares. Los destinos que tiene en mente son Sevilla y Granada. Le sobran ilusión y energía, dos cualidades que lleva en su ADN y que contagia a quienes la rodean.
Durante los años que coincidieron las tres en Cerqueira, «cada una tenía su bando», aseguran. Cuando había un hueco libre en la empresa, se avisaban. Ellas vivieron la modernización de determinados procesos y agradecen que las tareas fueran menos físicas con la llegada de las máquinas. Mercedes y Nieves destacan que iban a la conservera con alegría. Josefa reconoce que se sentía afortunada, sobre todo, en la época más crítica del sector, a finales de los 70. «Valoraba mucho el poder levantarme, tener salud y saber que iba a estar trabajando todo el año en el mismo sitio», apunta la hermana más joven antes de comentar que se siente «muy orgullosa» de haberse jubilado en la fábrica viguesa, donde ha estado «muy contenta». «Me costó, ya que pasé muchos años como contratada», indica.

De izq. a dcha., Nieves, Mercedes y Josefa, en las instalaciones de Cerqueira de Tomás A. Alonso. / Marta G. Brea
Mercedes, que vive en Ponteareas, vuelve a la fábrica cada cierto tiempo a recoger pedidos para ella y su familia. Hará lo mismo Nieves, que reside en Vigo. Es una forma de regresar a sus vidas pasadas: el olor a pescado, el movimiento de camiones y los saludos a las compañeras ayudan a recargar sus baterías. Josefa está algo más lejos: tiene casa en Tui. Las tres hermanas reconocen que las conservas forman parte de su dieta y ponen en valor el papel de la mujer en un gremio fundamental para la economía gallega. La constancia y el trabajo minucioso las caracterizan, así como el compromiso. Mercedes cuenta que superó un cáncer de mama cuando estaba en Cerqueira y fue ella quien llamó para pedir el alta. «El encargado me ofreció puestos en los que no hacía esfuerzos, pero yo elegí ir donde hacía más falta», recuerda.
Trabajar «con corazón»
Antes de finalizar la entrevista, lanzan consejos para los que empiezan en un sector en el que, como en otros muchos, cuesta encontrar trabajadores. Los extranjeros ayudan a paliar esta necesidad. Josefa les recomienda que desempeñen sus tareas «con corazón». Mercedes les pide compromiso: «No solo trabajar cuando están los encargados mirando. Las tareas hay que hacerlas». Nieves cree que les ayudaría ir a la fábrica con ilusión, implicación y sentido de responsabilidad, valorando que tienen un empleo. También considera clave que exista «compañerismo». Después de la charla, con batas blancas, gorros y zapatos de trabajo, recibieron en la fábrica el cariño infinito de una plantilla que las recordará siempre.
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