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Pionero del caladero africano

El último palangrero gallego de Mauritania, a la venta por falta de pescado: «Da pena ver cómo se extinguen empresas de varias generaciones»

Propiedad de Veraguas Lar, de las hermanas De Pazo, el «Sajabi» busca comprador en los muelles de Marín tras más de dos décadas de actividad

La palometa que capturaba este histórico barco se distribuía a grandes superficies y comedores escolares desde Vigo, donde la especie triunfaba por su modesto precio y por contener pocas espinas, lo que la hacía ideal para todos los públicos

El «Sajabi», amarrado en el puerto de Marín.

El «Sajabi», amarrado en el puerto de Marín. / Rafa Vázquez

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Vigo

Cada barco tiene su historia, y en el caso del Sajabi se encapsulan más de dos décadas de actividad en alta mar. En las aguas bravas de Mauritania. El palangrero gallego capturaba allí palometa negra (Brama brama), un pelágico que llegaba semanalmente a Vigo y se distribuía entre grandes superficies y comedores escolares, donde triunfaba por su modesto precio y por contener pocas espinas. En definitiva, por ser un pescado ideal para todos los públicos. También llamada castañeta, la especie ha desaparecido progresivamente del caladero africano hasta el shock fatal que sufrió el año pasado, en el que las capturas se desplomaron hasta hacer inviable la actividad de los barcos de la categoría 3, en la que se encontraba el Sajabi. Uno de los pioneros de su modalidad, dentro una saga de buques que se ha ido desvaneciendo, poco a poco. Precisamente este barco ha sido el último palangrero en decir adiós, junto con el Puerto de Figueras.

Llegaron a ser ocho, luego seis... hasta estos dos últimos. Estaban todos asociados a la extinta Organización de Productores de Pesca de Palangre (Orpal), que extendía sus raíces de Ribeira a Marín.

Ahora, el Sajabi descansa en el puerto de este último concello, en los muelles marinenses, donde ha colgado el cartel de «Se vende». El buque, como el Puerto de Figueras, es propiedad de la gallega Veraguas Lar, dirigida por las hermanas De Pazo, María José, Mercedes y Lucía. Y es solo uno de los palangreros que busca un armador que lo devuelva al mar. A la pesca.

«Muchos barcos están amarrados, otros se han vendido», reconoce María José de Pazo. «Nuestro caso no es diferente al de otros compañeros que estuvieron trabajando toda la vida en ese caladero, donde hubo grandes pioneros del palangre», reivindica asimismo.

El «Sajabi», atracado en el puerto marinense.

El «Sajabi», atracado en el puerto marinense. / Rafa Vázquez

En aguas de Mauritania faenaban barcos de empresas gallegas de 20 a 30 años de antigüedad, algunas de las cuales se han visto forzadas a echar la verja ante el deterioro de la población de palometa negra, a ojos de la armadora «un problema multifactorial» en el que converge el impacto del cambio climático o la depredación de las flotas rusas, turcas, argelinas y chinas. «Las razones son muchas», evidencia, como también reconoce que detrás de la especie había pesqueras que generaban riqueza y empleo en la comunidad gallega. Compañías que ya no están. «Da pena ver cómo se extinguen empresas de varias generaciones», apunta De Pazo, que también constata cómo la Brama brama ha desaparecido de Galicia tras desplomarse sus capturas.

Según los investigadores, las descargas de castañeta en el caladero africano han pasado de las 2.928 toneladas de 2019 a solo 80 en 2025, precipitándose un 97%. Esto ha llevado al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación a trabajar en una bolsa común de 80.000 euros para ayudar a los barcos afectados, mientras todas las miradas están puestas en si Bruselas renovará a tiempo el protocolo pesquero que mantiene con Nuakchot, que exige más dinero a cambio de abrir su litoral.

«Esperamos que haya una renovación, por lo menos para el resto de categorías», señala De Pazo, que también pone en valor que «toda la flota española hizo un gran esfuerzo para adaptarse a todos los requerimientos de estar la Unión Europea». «La palometa negra siempre tuvo un precio muy popular. Era muy demandada en las guarderías por no tener espinas y ser rica en Omega 3, entre otros nutrientes esenciales. Los médicos la recetaban mucho», recuerda también la armadora. «Todos es un círculo», añade. Y sin barcos que la pesquen, evidentemente es imposible que llegue a tierra.

A pesar de la «pena» que rodea a la venta del Sajabi —⁠de 25 metros de eslora y 149 GT, construido en el año 2000 en Astilleros Ría de Avilés⁠—⁠, Veraguas Lar encara su futuro con optimismo. La compañía de Marín proyecta otro buque que será pionero, el Ventura, en su caso por ser el primer palangrero de superficie español con motor híbrido. Armón Vigo inició su construcción a finales del pasado mes de febrero. Contará con casi 36,5 metros de eslora y 482 GT que tendrá una vela rígida, baterías y placas solares.

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