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Sostenibilidad

El marisqueo vigués prueba que «sí se puede» regenerar los bancos: «Ojalá O Areíño sirva para motivar a otras cofradías»

El pósito de «San Francisco» realiza una nueva siembra de 200.000 semillas y vuelve a la actividad cogiendo el tope diario de almeja babosa, que además goza de buena talla y se paga al doble

Mariscadores vigueses muestran la almeja babosa extraída este martes de O Areíño.

Mariscadores vigueses muestran la almeja babosa extraída este martes de O Areíño. / Pablo Hernández Gamarra

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Vigo

Los socios de la Cofradía de Pescadores San Francisco de Vigo llevan más de una década trabajando en la regeneración de la playa de O Areíño, lastrada por un fuerte episodio de mortandad que hizo desaparecer la actividad marisquera en la zona. La última gran iniciativa tuvo lugar hace poco más de un año, en abril, cuando se plantaron 400.000 semillas de almeja babosa en menos de cuatro horas. «El objetivo no es recoger lo sembrado, sino que el banco no vaya a peor», señalaba a FARO el patrón mayor del pósito olívico, Iago Soto, seis meses después de aquella actuación, con la «sensación» de que lo habían logrado.

Y así ha sido, porque hoy puede decirse que el arenal se ha recuperado y vuelve a ser uno de los mayores vergeles del marisqueo de a pie local. Hay producto y es de buena talla. Pero lo más importante: el esfuerzo de los profesionales del mar por repoblar esta área ha dado sus frutos. Un ejemplo que cabe poner en valor este 2026 en el que la crisis ha vuelto a manifestarse en muchas rías gallegas donde el tren de borrascas de enero y febrero ha desalinizado sus aguas, provocando la muerte masiva de diferentes especies de bivalvos.

Mariscadores del banco San Franciso de Vigo realizan una nueva siembra de semillas de almeja babosa en el banco de O Areíño y recogen el tope diario. Marisqueo de a pie

Mariscadores en la ría de Vigo, con el puente de Rande al fondo. / Pablo Hernández Gamarra

«Ojalá O Areíño sirva para motivar a otras cofradías», apunta Soto, remarcando que el banco vigués ha dejado claro que «sí se puede», que «hay futuro» para la actividad marisquera. «Nos solidarizamos con todos nuestros compañeros y queremos animarlos a que vean que pueden salir adelante», añade el patrón mayor, recordando que «los mariscadores conocen bien sus playas» y darán con la solución para reflotar sus producciones.

El kilo de babosa alcanza los 40 euros

La asfixia del marisqueo empujó a medio millar de mariscadoras gallegas a cobrar el «paro» en el peor momento de la crisis de este año, en enero, cuando el número de trabajadores forzados a parar se multiplicó por cuatro. Para afrontar la situación, la Xunta acordó movilizar 22,7 millones dirigidos a restaurar los bancos de 25 cofradías, muchas de las cuales ya han accedido a regenerar sus zonas y frenar la actividad mientras se llevan a cabo estas labores, a cambio de 700 euros al mes (por 48 horas de trabajo) para los profesionales que se presten a ello.

Soto, a la derecha, muestra la almeja babosa extraída de O Areíño.

Soto, a la derecha, muestra la almeja babosa extraída de O Areíño. / Pablo Hernández Gamarra

Ante la escasez de producto, el poco que hay se paga más, como está ocurriendo con la almeja babosa que están extrayendo los integrantes de la Cofradía de San Francisco. Todos están cogiendo el cupo diario, que asciende a seis kilos, y cada uno de ellos se está pagando en estos momentos a un mínimo de 30 euros y a un máximo de 40, prácticamente el doble de lo que estaba hace un par de años.

A fin de reforzar el buen estado del banco vigués, los mariscadores han realizado una nueva siembra de 200.000 semillas del molusco que tuvo lugar a mitad de junio. A ello se suma otra iniciativa que proyectan para principios de 2027, cuando prevén estrenar un hidroarado que, a bordo de una embarcación, se encargará de descompactar con chorros de agua el fondo de otra de las zonas que trabajan, donde hay muy poca corriente y se acumulan distintos sedimentos. «Habitualmente utilizábamos un tractor, pero de esta forma es mejor porque se rompe menos almeja y no se comprime tanto la tierra», explica Soto.

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