Alianza entre España y Portugal
El milagro de la sardina, del colapso a referente europeo de gestión
Ocho años han pasado desde que los científicos situaron la especie al borde del cierre hasta que su recuperación se ha convertido en un ejemplo de gobernanza compartida
El sello MSC ya certificó este «hito en la colaboración transfronteriza para la pesca sostenible», que ahora avala un nuevo estudio encargado por el Parlamento Europeo

El cerquero «Playa de Covas», de Ribeira, pescando sardina en el canal de acceso de la ría de Arousa. / Noe Parga
La sardina es indispensable para la flota cerquera gallega. Si queda fuera de juego, los resultados de la temporada serían nefastos. Y eso es lo que estuvo a punto de pasar en 2018, hace ocho años, cuando los científicos del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) recomendaron cerrar la pesquería para proteger el recurso. Su biomasa se encontraba entonces en caída libre, encadenando casi una década de bajo reclutamiento que derivó en la pérdida de más del 70% de la población entre 2007 y 2015. Pero España y Portugal desoyeron el polémico advice y apostaron por impulsar un plan plurianual de gestión para evitar el impacto socioeconómico sobre la flota. Y acertaron. Porque hoy la especie no solo se recuperó, sino que además es referente en materia de sostenibilidad.
Es todo un caso de éxito que ahora recoge un nuevo estudio encargado por la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo (PECH), publicado bajo el título Cooperación transfronteriza en la gestión pesquera: buenas prácticas en las aguas occidentales. Un informe made in Vigo, para más orgullo, ya que ha sido elaborado por Cristina Pita, Xochitl Elias Ilosvay, Priscila Silva y Mónica Mandado, parte del equipo del Instituto de Investigacións Mariñas (IIM-CSIC).
«La sardina es un recurso estratégico de interés tanto para Portugal como para Galicia», remarca el documento, que analiza todo el proceso de recuperación de la especie en apenas una década. Concluye que ese milagro fue posible gracias a la colaboración que venían manteniendo ambos países desde 2012 y que se intensificó en 2018, en plena crisis del recurso. Fue entonces cuando se comenzó a aplicar un plan de gestión que integró medidas más duras, al establecer un límite a la pesca dirigida de un máximo de seis meses, cierres de ciertas zonas para proteger los juveniles o topes diarios en las cantidades desembarcadas, además de controlar la flota autorizada para pescar. Al mismo tiempo, los centros de estudios pesqueros de ambos lados de la frontera empezaron a colaborar en diferentes campañas para obtener una estimación precisa de la abundancia de ejemplares jóvenes, bajo el acrónimo Iberas, continuando el legado que el IEO español y el IPMA luso —antaño Ipimar— iniciaron en 1988.
Dentro de ese marco, otro de los compromisos que se alcanzaron fue la fijación de un Total Admisible de Capturas (TAC) conjunto, que se repartió en un 66,5% para Portugal y un 33,5% para España. La biomasa mejoró, según los análisis realizados tras su aplicación. Y los países ibéricos presentaron un nuevo plan de gestión para 2021-2026, mediante el cual el año pasado se gestionaron 51.738 toneladas, un 20% más.
Pero si por algo destacó 2025 fue porque los barcos españoles y portugueses lograron conjuntamente la certificación Marine Stewardship Council (MSC) para la sardina ibérica de la costa atlántica. Este sello, que enarbola la pesca respetuosa con el medio ambiente, tiene una vida útil de cinco años, hasta 2030, «y marca la primera vez que flotas de ambos países consiguen una certificación conjunta, un hito en la colaboración transfronteriza para la pesca sostenible».
En total, 317 buques operan bajo este distintivo: 132 de Portugal y 185 de España, la mayor parte de ellos gallegos. Pertenecen a 15 organizaciones de productores pesqueros y tres asociaciones portuguesas de la industria implicadas en la transformación y distribución.
«Este logro refleja una década de esfuerzos hacia la recuperación del stock y la colaboración de toda la cadena de valor, desde pescadores hasta transformadores y minoristas», subraya el informe. «La cooperación transfronteriza es un componente fundamental de la gobernanza pesquera porque muchos stocks de peces son transfronterizos, altamente migratorios o se distribuyen entre varias jurisdicciones nacionales», evidencia asimismo, recordando que esto exige «una gestión pesquera coordinada para evitar medidas unilaterales que puedan socavar los esfuerzos de conservación, crear incoherencias regulatorias, conducir a la sobreexplotación de recursos compartidos y generar tensiones entre flotas y Estados costeros».
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