Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Investigación

Vigo pone rostro a la pesca europea

Marta Ballesteros, del Instituto Español de Oceanografía (IEO), es una de las autoras del primer análisis sobre la dimensión humana del sector

«Este trabajo avanza con una limitación de fondo: la escasa presencia de perfiles de ciencias sociales en la gestión de las pesquerías», subraya

Reunión del Grupo de Expertos de Datos Sociales del Stecf, este año en Ispra (Italia).

Reunión del Grupo de Expertos de Datos Sociales del Stecf, este año en Ispra (Italia). / IEO

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Vigo

La gran radiografía de los pescadores europeos tiene ADN vigués. Marta Ballesteros, investigadora del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en Vigo y copresidenta del Grupo de Expertos de Datos Sociales del Comité Científico, Técnico y Económico de la Pesca (Stecf), es una de sus autoras. Y si algo tiene claro es que «la Comisión Europea ha realizado una apuesta decidida por la dimensión social». El mayor informe sobre la dimensión humana del sector certifica el momento crítico que vive el empleo en el mar. Muestra que la tripulación comunitaria se redujo en torno a un 15% entre 2017 y 2023, hasta los 120.000 efectivos, y que además continúa envejeciendo, puesto que los pescadores mayores de 40 años representan más del 70% del colectivo. «Detrás de las cifras y las tendencias hay realidades muy distintas, por lo que conviene huir de las generalizaciones», advierte a FARO la investigadora, que celebra que «por primera vez, se dispone de una fotografía conjunta de la dimensión social de la pesca en Europa», capaz de confirmar tendencias conocidas y mostrar diferencias entre países y flotas.

El documento sitúa la falta de expectativas como uno de los principales riesgos para el trabajo: la posibilidad de «ganarse la vida con la pesca» se resiente por la menor disponibilidad de recursos, la reducción de cuotas, la viabilidad económica, la competencia por el espacio marítimo y el escaso reconocimiento de la profesión. Se trata de un diagnóstico que requiere una lectura mucho más detallada en Galicia, incide la investigadora, porque en esta comunidad la pesca «no es solo una actividad económica más», sino un sistema que integra desde la flota artesanal hasta la gran altura y sostiene un tejido no solo productivo, sino también cultural. «Cada barco que deja de faenar supone pérdida de actividad económica y empleo a lo largo de la cadena de valor, pero también de la identidad pesquera que define a nuestra comunidad y que constituye un atractivo turístico singular».

La publicación del informe evidencia una deuda histórica con el pilar social de la pesca, a pesar de que este haya ganado «mayor atención en los últimos años». «Este trabajo avanza con una limitación de fondo: la escasa presencia de perfiles de ciencias sociales en la gestión de las pesquerías», apunta Ballesteros, que recuerda que reconocer que las decisiones tienen consecuencias sobre el empleo o las comunidades costeras no equivale a disponer de indicadores comparables para medirlas e integrarlas junto a los criterios biológicos y económicos.

Ante la sangría demográfica, que se siente especialmente en el relevo generacional del mar, Ballesteros admite que el aumento de trabajadores de mayor edad anticipa más jubilaciones, pero rechaza reducir el problema a una simple salida de efectivos. «El desafío es garantizar que existan personas dispuestas a ocupar esos puestos y que la actividad siga siendo viable y atractiva», explica. Según el documento, los tripulantes extracomunitarios ya suponen el 10% de la mano de obra de la flota europea y el 20% en España, con casos extremos como Burela, donde siete de cada diez marineros son extranjeros.

El trabajo se ha tenido en cuenta en la evaluación de la Política Pesquera Común (PPC) presentada por Bruselas en abril y llega cuando la dimensión humana del sector gana espacio en la agenda comunitaria. «La Comisión Europea ha realizado una apuesta decidida por la dimensión social», asegura Ballesteros, que vincula este avance también al trabajo del IEO. En cuanto a lo que queda por hacer, la investigadora remarca que «no hay una palanca única que lo cambie todo». «La evidencia apunta a varios frentes bastante claros: reforzar la estabilidad económica del sector, mejorar las condiciones de trabajo, racionalizar la creciente presión normativa y revertir la tendencia de descenso en el consumo de productos pesqueros», receta. Todo ello sin contraponer la protección y el uso de los recursos «como si fueran opciones excluyentes», y situando la pesca como parte estratégica de la soberanía alimentaria y la identidad cultural europea.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents