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Informe del Stecf

El primer diagnóstico social de la pesca europea alerta de una «tormenta perfecta» sobre la flota española y su relevo generacional

España es el tercer país de la UE, solo tras Grecia e Italia, que más empleos del mar ha perdido: 4.360 en seis años

«La escasez de tripulantes amenaza la viabilidad de la actividad», advierten los expertos que asesoran a Bruselas

Carga de hielo en un barco vigués.

Carga de hielo en un barco vigués. / Marta G. Brea

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Vigo

España es el tercer país de la Unión Europea que más pescadores perdió entre 2017 y 2023, el periodo objeto de estudio del primer diagnóstico social del sector pesquero comunitario, elaborado por el Comité Científico, Técnico y Económico de la Pesca (Stecf) y que al fin acaba de ver la luz. En solo seis años se esfumaron cerca de 4.360 empleos del mar, un recorte que solo superan los desplomes que encajaron en ese mismo intervalo temporal las flotas de Grecia —⁠más de 5.200 bajas⁠— e Italia —⁠cerca de 4.750⁠—.

La tripulación conjunta de los Veintisiete se ha reducido cerca de un 15% y ronda los 120.000 efectivos: una caída que preocupa, y mucho, a los expertos que asesoran al Ejecutivo comunitario. La falta de relevo generacional «se ha convertido en un problema sistémico en casi todos los segmentos», advierten en su informe, de 726 páginas, dando cuenta de las «fuertes percepciones entre la fuerza laboral de que la profesión pesquera no tiene futuro».

Las cifras así lo evidencian, puesto que los pescadores europeos mayores de 40 años han pasado de representar el 65% al 71% del gremio entre 2017 y 2023. Hay cada vez menos jóvenes dispuestos a embarcarse y a ojos de los especialistas del Stecf esto se debe a múltiples factores socioeconómicos, entre ellos «la carga de trabajo exigente, incluida la administrativa, condiciones laborales duras y riesgos para la salud en el sector pesquero en comparación con otras ocupaciones», pero también «los bajos salarios —⁠y así lo remarcan los especialistas⁠—⁠, a menudo derivados de las capturas limitadas o de los bajos precios del mercado, intensificados por la competencia de importaciones de productos pesqueros más baratos».

La flota europea desembolsa de media 29.447 euros por cada pescador a jornada completa, según los datos más actualizados por Bruselas, menos de la mitad del coste laboral medio de la UE (61.541 euros) y por debajo del promedio nacional en 16 de los 22 Estados miembros con costa. A ello se suma la alta siniestralidad que sufre el sector, que ha afrontado unos 600 accidentes anuales en el sexenio analizado, seis veces más que en 2011.

«La capacidad de vivir de la pesca está bajo presión», señalan los expertos, que vaticinan un escenario peor cuando se mejoren los sistemas de recopilación de información y se vuelva a evaluar la situación: «Lo más probable es que el problema del relevo generacional haya seguido empeorando». La percepción de falta de perspectivas de futuro «desalienta la entrada en el sector, con pescadores experimentados que a menudo aconsejan a las generaciones más jóvenes no hacer carrera en la pesca», indican. Una «falta de estímulo» que se da también en las familias con raíces pesqueras, de armadores o mariscadores.

Todo ello ha empujado al sector a tirar cada vez más de trabajadores extranjeros, concretamente no europeos, que representaban el 7,8% de los efectivos de la flota comunitaria en 2017 y escalaron hasta el 10% en 2023. En España, su peso es el doble, habiendo aumentado del 14% al 20% entre esos años. El Stecf cita como caso más claro el de Burela, donde siete de cada diez tripulantes son inmigrantes procedentes de Senegal, Cabo Verde o Indonesia. «Esto ha cambiado el tejido social de la comunidad: una localidad de menos de 10.000 habitantes que reúne 44 nacionalidades alrededor de la pesca», subraya.

«Tradicionalmente, las tripulaciones se reclutaban en las comunidades pesqueras locales, con la mayoría de sus miembros procedentes del mismo pueblo o de pueblos cercanos, lo que fomentaba fuertes vínculos sociales (...) Debido a la escasez de tripulantes, existe ahora una creciente dependencia de agencias externas para reclutar personal de orígenes diversos y geográficamente dispersos», recoge la radiografía social de la pesca europea, que deja claro que «el porcentaje significativo de no nacionales en la flota de gran escala está relacionado con la falta de atractivo del trabajo a bordo en estas flotas para muchos nacionales».

Pese a ello, el empleo del mar ha bajado de 34.326 a 29.964 ocupados en España, que aun así sigue reteniendo el podio como principal empleador del sector en la Unión Europea. El envejecimiento es especialmente acusado, teniendo en cuenta que el colectivo de trabajadores de 15 a 24 años es el que más se ha reducido (de 1.430 a 723, un 49%). En cuanto al resto, los de 25 a 39 han bajado un 24% (de 11.506 a 8.768), los de 40 a 64 han subido un 10% (de 16.657 a 18.387) y los de 65 o más se han disparado un 142% (de 92 a 222).

Según los expertos del Stecf, «está emergiendo una tormenta perfecta en el sistema socioeconómico pesquero» como consecuencia no solo del envejecimiento de su fuerza laboral, sino también de la pérdida de atractivo del sector, la alta carga regulatoria, la presión operativa, la competencia por el espacio marítimo, el descenso de los recursos pesqueros, la presión de las importaciones, la inflación y la caída del consumo de pescado. «La escasez de tripulantes amenaza la viabilidad de la actividad», sentencian: «Existe la necesidad de aplicar urgentemente un enfoque de precaución y de desarrollar medidas políticas para revertir esta tendencia».

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