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Pesca internacional

Malvinas designa al petróleo como el sucesor de la pesca para el futuro de su economía: «Tendrá más impacto»

El Gobierno insular da por bueno el calendario de las petroleras Navitas y Rockhopper: la explotación industrial arrancará en 2028

Las malas campañas de calamar «loligo» y las inversiones en buques reducen a menos de la mitad la aportación fiscal a sus presupuestos

Plataforma de Navitas Petroleum para el proyecto Shenandoah, en el Golfo de México

Plataforma de Navitas Petroleum para el proyecto Shenandoah, en el Golfo de México / NavitasPet

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Lara Graña

Lara Graña

Vigo

Antes del desarrollo de su industria pesquera la economía de las Islas Malvinas (Falkland Islands) dependía principalmente de la cría de ovejas. En su escudo, de hecho, el protagonista es un carnero blanco, ubicado sobre un dibujo del velero Desire, a bordo del cual el británico John Davis descubrió este territorio a finales del siglo XVI. Pero todo cambió cuando el Gobierno británico fijó la denominada FICZ (Falklands Interim Conservation and Management Zone), en 1987, delimitando un área exclusiva de gestión pesquera con un sistema propio de licencias, sobre todo para calamar loligo. En torno al 60% del PIB malvino lo aporta hoy la pesca; los 16 buques con licencia para la pesquería de calamar tienen capital gallego.

El Gobierno de este territorio británico de ultramar pone siempre en valor hasta qué punto la actividad en su caladero ha sido disruptiva, y lo ha vuelto a hacer ahora en el documento que fija su Estrategia de Desarrollo Económico 2026/2040. «En casi 45 años ha pasado de ser una economía rural a una moderna y en gran medida autosuficiente, con una importante industria pesquera de la que se ha derivado una considerable prosperidad económica», dice el informe, recién presentado en Port Stanley. Pero el Ejecutivo local atisba un reemplazo, y para dentro de muy poco: el inicio de las actividades de extracción de petróleo en sus aguas tendrá unos efectos «incluso más significativos» que los generados por la pesca. El proyecto Sea Lion, promovido por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration, empezará a funcionar, recuerda el mismo documento, en 2028. Las primeras perforaciones están previstas para 2027, coincidiendo con la primera zafra del año para la flota del calamar.

Para el Ejecutivo que dirige Colin Martin-Reynolds, gobernador designado por Londres en mayo del año pasado, Sea Lion aportará «una importante oportunidad económica durante la vigencia de esta estrategia [hasta 2060] y, potencialmente, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XXI». De ahí que este plan incida en que la extracción de petróleo frente a sus costas será determinante «tanto para las generaciones actuales como para las futuras», teniendo en cuenta que el objetivo de Port Stanley pasa por crear «un fondo de riqueza» para «garantizar que los habitantes de las islas van a estar en el centro de la prosperidad derivada de esta nueva industria». Será gracias al petróleo, siempre según esta estrategia oficial, que Malvinas se permita avanzar de cara otras actividades como «la producción de amoníaco» o «los centros de datos».

Zarpan de Vigo los buques que feanan en las Malvinas

Lara Graña

Mientras, la pesca

Entre tanto, y como consecuencia de las malas campañas registradas en la pesquería de calamar loligo en los últimos años, el Gobierno de este territorio ha tenido que hacer ajustes presupuestarios. Una de las tasas que aplica Malvinas es el equivalente al impuesto de Sociedades, que generó unos ingresos de 42 millones de libras para el periodo 2023/2024, según apuntó el responsable de Finanzas, Pat Clunie, y han recogido medios como MercoPress. Para el de 2026/2027, por contra, la recaudación rondará los 19 millones de libras, que equivalen a algo más de 22 millones de euros al tipo de cambio actual.

El legislador Roger Spink enumeró las campañas pobres para explicar esta caída. «Tuvimos una zafra de pesca mala, la segunda que se trancó por completo y luego otra tercera igualmente de pobre». Pero también apuntó que la recaudación fue más reducida como consecuencia de las enormes inversiones realizadas por las pesqueras con capital gallego para la renovación de flota. «Cuando se construye un barco se autoriza un reembolso de inversión del orden del 20% por año, por buque», abundó a la prensa local. Cada arrastrero congelador de nueva generación cuesta en torno a 30 millones de euros.

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