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El sustento de 33 barcos

La flota gallega de la anguila, contra las cuerdas por los arroaces: «Nos pasamos 40 horas a la semana cosiendo redes»

Las capturas de los pescadores de Arcade se hunde un 63% en los primeros dos meses de campaña

Piden a la Xunta una línea de ayudas que compense, por lo menos, los gastos de reparación de las nasas

El anguilero Juan Carlos Rivas cose en su casa una de las nasas destrozadas por los arroaces.

El anguilero Juan Carlos Rivas cose en su casa una de las nasas destrozadas por los arroaces. / Pedro Mina

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Vigo

Juan Carlos Rivas se levanta cada mañana pronto y sale a la ría de Vigo a bordo del Tana, uno de los 33 barcos que viven de la anguila en la Cofradía «Virgen del Carmen» de Arcade. Con él viajan decenas de butrones, como se conoce a las nasas que esta flota emplea para hacerse con los largos ejemplares de la especie, capturada de forma pasiva en la Ensenada de San Simón. 

Habitualmente se lanzan los aparejos al mar y se dejan ahí hasta el día siguiente, cuando se recogen para ver si hay algo en su interior, y así todas las jornadas. El problema, como ya ha ocurrido otros años, es que apenas se encuentran peces en las redes, que están volviendo a aparecer con agujeros. Los marineros lo achacan de nuevo a las mordidas de los arroaces, atraídos por un suculento manjar que acaba en sus estómagos y no en las lonjas.

Juan Carlos Rivas es anguilero, pero dedica más tiempo de su día a coser que a la pesca. Porque su trabajo desde que sale del puerto hasta que vuelve solo dura un par de horas, tres como mucho, frente a las seis o más que se pasa en casa con la aguja en la mano, parcheando los butrones rotos.

Los pescadores aseguran haber advertido a la Xunta de la situación reiteradas veces, por escrito, sin que de momento se les haya trasladado una solución a un problema que no es nuevo. En esos avisos, la flota urge ayudas que cubran como mínimo los desperfectos causados por los arroaces.

«Entendo a dificultade de atopar unha solución a este problema, pero espero que dende a Administración que representa se tome algún tipo de medida ao respecto. Dada a súa natureza, parece que a máis sinxela pasaría pola creación dunha liña de axuda que compense aos armadores que poidan demostrar os efectos negativos provocados nas súas artes, e que cubra ao menos os gastos de reparación das nasas», señala una de las comunicaciones, firmada por el propio Juan Carlos Rivas y dirigida a la Consellería do Mar.

Menos ingresos para la cofradía

El problema de los arroaces no es menor, teniendo en cuenta el impacto que está teniendo en las cuentas de la flota. La campaña arrancó en abril y según los datos disponibles se ha pescado un 63% menos de anguila en los primeros dos meses, apenas 2.311 kilos frente a los 6.259 del año pasado. 

«Estamos pescando una media de cinco o siete kilos por barco al día», apuntan los pescadores, que rezuman una sensación de «desánimo total» por la falta de apoyos. Hay barcos que han cesado su actividad o la han reducido, trabajando con menos redes ante el esfuerzo que supone tener que reparar la mayor parte de ellas al llegar a casa.

Porque los marineros se pasan «tardes enteras» remendando sus aparejos. «Después de llegar del mar nos ponemos a coser. Pasamos mucho más tiempo cosiendo que en el mar», exclaman. Pueden ser tranquilamente «35 o 40 horas a la semana», casi lo mismo que una jornada laboral entera.

El desplome de las capturas de anguila tiene consecuencias directas sobre los pescadores arcadenses y evidentemente también sobre las arcas de la Cofradía «Virgen del Carmen». Y es que es la especie que sustenta el pósito, al que los socios aportan un 4% de sus capturas para hacer uso de los viveros en los que se almacena el producto hasta ser comercializado, así como un 9% del valor total de las ventas.

A ojos de los pescadores, la nueva ola de daños ocasionados por los arroaces es una prueba fehaciente de que sí hay poblaciones de Anguilla anguilla, una especie que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) propuso catalogar como «en peligro de extinción» a comienzos de año, algo que no apoyaron la mayoría de las comunidades autónomas y a lo que frontalmente se opusieron algunas de ellas, como Galicia.

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