Barreras comerciales
Bruselas sancionará por primera vez a la pesca rusa por la guerra de Ucrania y vetará el bacalao entre otras «restricciones sustanciales»
Desde la flota bacaladera celebran que la Comisión Europea sea al fin «coherente con sus palabras», aunque las nuevas medidas puedan generar «un problema de desabastecimiento»

El buque «Melkart-5», de la compañía rusa Murman Sea Food, una de las sancionadas ya en 2025 por Bruselas. / Murman Sea Food
Como su nombre indica, el Melkart-5 es el quinto buque de la gran familia de arrastreros de la pesquera rusa Murman Sea Food, una de las firmas más importantes del sector en el país y que opera desde el puerto de Múrmansk, el mayor de Rusia en el Ártico. La empresa fue sancionada en mayo de 2025 por el Consejo de la Unión Europea junto a Norebo JSC, otra histórica de la pesca de la nación. Ambas habrían colaborado con el Kremlin patrocinando diferentes «actividades desestabilizadoras» contra los Veintisiete. Actuando como una especie de agentes encubiertos, pero que fueron cazados in fraganti en plena escalada de las tensiones entre las dos potencias, tres años después del estallido de la guerra en Ucrania.
Al Melkart-5 se le acusó de adoptar «unas prácticas de navegación muy inusuales en las inmediaciones de un cable submarino situado en la parte noruega del mar del Norte», casualmente «justo antes de que dicho cable sufriera importantes daños». En consecuencia, se acordó inmovilizar los bienes y activos de la armadora en el bloque comunitario, además de impedir sus operaciones comerciales y financieras con compañías europeas.
Fue una medida quirúrgica, justificada por un motivo concreto, pero Bruselas nunca optó por castigar al sector pesquero ruso en su conjunto: no lo hizo en ninguno de los paquetes de sanciones específicas que periódicamente ha ido proponiendo y se han aprobado. El único golpe real que sufrió Moscú fue en 2024 cuando la UE le arrebató el privilegio de beneficiarse de su nuevo régimen de contingentes arancelarios autónomos, el mecanismo que permite a la industria transformadora importar ciertos productos del mar procedentes de terceros países libres de aranceles.
A raíz de ello, las compras de pescado y marisco que llegan directamente de Rusia han caído con fuerza. En España, su valor se hundió de los 70,5 millones de euros a solo 19,8 entre 2023 y 2025, mientras que en Galicia se redujo de 22,5 a 2,5 millones.
Ahora se avecina otra gran embestida. La Comisión acaba de proponer un vigesimoprimer paquete de sanciones contra el país de Vladímir Putin que incluye, por primera vez, medidas sobre «uno de los últimos grandes sectores no sancionados: la pesca», tal como anunció este martes la presidenta europea, Ursula von der Leyen.
La número uno del Ejecutivo comunitario prometió «restricciones sustanciales» a la importación de algunos productos del mar, así como una prohibición completa para otros, «incluido el bacalao». A sus ojos, las sanciones europeas «siguen golpeando con fuerza y calando hondo», al debilitar «los fundamentos económicos» que sostienen la ofensiva de Moscú sobre Kiev.
El futuro escenario podría interpretarse, a priori, como más ventajoso para la flota europea y española, especialmente la bacaladera, si se tiene en cuenta que su pescado ya no competiría contra el ruso en los mercados de la UE. En el censo nacional figuran cuatro embarcaciones —dos de ellas gallegas: el Monte Meixueiro y el Lodairo—. Para el presidente de la Asociación Nacional de Armadores de Buques de Pesca de Bacalao (Agarba), Iván López, las restricciones anunciadas son una «buena noticia». «Ya es hora de que Europa sea coherente con sus palabras», esgrime, dejando claro que hasta ahora han venido compitiendo en desigualdad de condiciones.
Más allá del contexto bélico, López critica los subsidios que Rusia ofrece a su flota, por ejemplo al gasóleo marino, o la explotación laboral de algunos pesqueros del país eslavo y su menor compromiso con la sostenibilidad, llegando a capturar «bacalao por debajo de la talla mínima». Aun así, reconoce que estas barreras podrían desembocar en «un problema de desabastecimiento». «Pero también hay que tener en cuenta que lo que no es justo es que está entrando producto en unas circunstancias completamente diferentes a las nuestras», sentencia.
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