Conservación
Investigadores vigueses sobrevuelan con drones la costa de Galicia para evaluar la salud de las ballenas
El IEO aplica desde hace tres años un innovador método para monitorizar los rorcuales que llegan al litoral y ahora lo reforzará con nuevas líneas de marcaje satelital y escucha con hidrófonos

Dos rorcuales comunes y el catamarán «Chocolate» de Charter Terranova con el que se realizó una de las últimas campañas RorquGAL. / Miguel Álvarez
«Parece que las imágenes se tomaron en el Caribe o en Hawái, pero son de aquí, las sacamos en Galicia», destaca Camilo Saavedra, investigador en el centro vigués del Instituto Español de Oceanografía (IEO), sobre los dos minidocumentales que acaban de publicar y firma el cineasta submarino José Irisarri. Las piezas audiovisuales ponen en valor el trabajo del grupo MegaMAR, que en 2023 inició su primera campaña con drones para monitorizar desde el cielo las poblaciones de ballenas que arriban al litoral. Cerca de 200 avistamientos se han contabilizado desde entonces en cada una de las misiones que se han ido sucediendo, bautizadas todas con el nombre RorquGAL. Las aeronaves no tripuladas han captado instantáneas aéreas de alta resolución que han servido para realizar biometrías ultraprecisas de los ejemplares o analizar sus diferencias morfológicas. Y también han permitido recoger, de forma directa y no invasiva, el aire que expiran los cetáceos para estudiar su microbioma respiratorio, logrando datos nunca antes cosechados sobre su estado de salud.
Para reforzar este trabajo, los científicos contemplan dos nuevas líneas de investigación que impulsarán a lo largo de los próximos meses, centradas en el marcaje satelital y la escucha con hidrófonos. Colocarán balizas a los rorcuales para seguir sus rutas y así tener un mayor conocimiento de sus movimientos migratorios, qué lugares frecuentan y cuánto tiempo pasan en cada zona. Esto lo complementarán con la instalación de varios aparatos electroacústicos en la costa gallega, con el objetivo de grabar los sonidos que transmiten y poder detectar cuándo llegan y cuándo se van.
Conforme explica Saavedra, las Balaenoptera physalus se aproximan al litoral entre la primavera y el otoño, atraídas por la disponibilidad de alimento asociada a los afloramientos, principalmente krill, un tipo específico de zooplancton que consumen en cantidades ingentes —pueden devorar entre 3,5 y 16 toneladas tranquilamente en un solo día—. Sin embargo, la presencia de temporales y los cambios oceanográficos pueden perturbar ese proceso, reducir la cantidad de este manjar para ballenas en la plataforma continental y hacer que los animales permanezcan más alejados. Eso fue precisamente lo que ocurrió el último año, cuando se observaron menos cetáceos.

Un rorcual captado durante una de las últimas campañas RorquGAL. / Miguel Álvarez
El número de rorcuales que los investigadores vigueses quieren marcar está todavía pendiente de concretarse, aunque la idea es que sea «elevado», ya que estos dispositivos son costosos, con precios de mercado que oscilan entre los 3.000 y los 5.000 euros, y no tendría sentido tirar la inversión al geolocalizar unos pocos que podrían llegar a desperdigarse de sus grupos. La idea es radiografiar los desplazamientos que realizan las manadas, de ahí que sean necesarios bastantes. En cuanto a los hidrófonos, «tres o cuatro» serán suficientes para poder triangular la posición de los ejemplares a partir de los cantos que emplean para comunicarse.
El personal del Centro Oceanográfico de Vigo impulsará el próximo mes de septiembre una nueva campaña de RorquGAL, al mismo tiempo que monitoriza diversas especies de delfines presentes al oeste de las Rías Baixas, una zona de alta productividad marina fundamental para la ecología de estos mamíferos. Todo ello se lleva a cabo en paralelo al proyecto Emphatic, que combina métodos de seguimiento tradicionales con herramientas tecnológicas avanzadas para estudiar la salud de los cetáceos. Y aquí juegan un papel crucial los susodichos drones, así como los análisis de ADN ambiental aislado que se efectúan tras recolectar distintas muestras del agua, una técnica que permite caracterizar las diferentes especies que hay y entender su conectividad poblacional sin necesidad de invadir su entorno o alterar su comportamiento.
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