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Pesca internacional

Liberados de su «abandono» los marineros del palangrero gallego «Novo Ruivo» en Cabo Verde: «Un final feliz para todos»

Los tripulantes afectados, de Angola e Indonesia, recuperaron sus pasaportes y han viajado a sus países

El pesquero, en proceso de venta, sigue a nombre de Somar, de capital guardés

El «Novo Ruivo», en el puerto de Mindelo

El «Novo Ruivo», en el puerto de Mindelo / Cedida / CC

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Lara Graña

Lara Graña

Vigo

José Viti y Vitorino Ungulo ya están en casa. Y, como ellos, los otros diez marineros que llevaban desde el pasado mes de septiembre atrapados en un palangrero de capital gallego, el Novo Ruivo, amarrado en el puerto caboverdiano de Mindelo. «Ya se han ido», han confirmado a FARO fuentes del sector desde el archipiélago africano. Fue este periódico, en noviembre del año pasado, el que desveló la situación por la que atravesaban los trabajadores, en una situación calificada de «abandono de las responsabilidades del armador» por la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF, por sus siglas en inglés).

«Fui testigo de la entrega de los salarios, que tenían más de un año de retraso, y de los pasaportes que estaban en poder del armador», ha declarado a la prensa local el embajador de Angola en Cabo Verde, Agostinho Tavares. «Es un final feliz para todos». Parte de los tripulantes afectados abandonaron Mindelo el pasado día 4 y otra tanda hizo lo propio el sábado, día 6. El dueño del pesquero —está a nombre de una mercantil de Portugal, Somar Produtos do Mar— aseguró a este diario que había conseguido vender la embarcación y que procedería de inmediato al pago de las cuentas pendientes con sus empleados.

Fue el 16 de septiembre de 2025 cuando el Novo Ruivo arribó al puerto de Mindelo cargado de pescado. Para ese momento, una docena de tripulantes llevaba ya meses sin cobrar —había partido de Namibia rumbo al caladero en abril— y el buque, de 35 metros de eslora por 8 de manga y 481 GT (arqueo bruto o gross tonnage), constaba como abandonado en los registros de ITF. Solo hasta finales del pasado noviembre, cuando este periódico sacó a la luz su situación, los trabajadores —de Angola e Indonesia— tenían pendientes de cobro más de 68.000 dólares.

«El armador no nos paga nada, solo nos manda 50 euros cada dos semanas. Le hemos dicho que queremos nuestro dinero, que necesitamos mandarlo a casa. Él solo nos pide esperar, esperar, esperar... ¿Hasta cuándo?», reprochó Suruno, de nacionalidad indonesia, a un canal de televisión local el pasado febrero. «Cuando llegamos aquí —complementaba José Viti, angolano— nos dijo que volvía en tres días. Y nunca ha vuelto». Los hijos de Vitorino Ungulo habían tenido que dejar el colegio. «Es triste que un padre esté fuera trabajando y no pueda pagar sus estudios».

La situación se fue enquistando hasta tal punto que la Embajada de Indonesia en Dakar (Senegal) —el país no cuenta con ningún departamento consular en Cabo Verde— se aprestó a preparar salvoconductos para sus cinco conciudadanos para facilitar, al fin, su regreso a casa. Y tuvo que trabajar en esos salvoconductos porque, como explicó el coordinador de la ITF para la Pesca, Gonzalo Galán, los tripulantes del Novo Ruivo no tenían sus pasaportes. Pero estos renunciaron a abandonar el buque sin cobrar primero.

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