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Tras los temporales

El colapso del marisqueo reduce un 30% las ventas de bivalvos en las lonjas y deja sus ingresos por debajo de los 10 millones hasta mayo

La mortandad causada por las lluvias y el cierre progresivo de los bancos marcan el peor arranque de siglo para el sector, con solo 788 toneladas comercializadas

Vuelta al marisqueo en la ría de Pontevedra el pasado marzo, tras un parón de mes y medio para favorecer la recuperación de la almeja.

Vuelta al marisqueo en la ría de Pontevedra el pasado marzo, tras un parón de mes y medio para favorecer la recuperación de la almeja. / Rafa Vázquez

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Vigo

Los chubascos que descargó sobre la costa gallega el tren de borrascas de enero y febrero hilvanaron «seis períodos concatenados de bajada de salinidad» que han resultado ser letales para los bancos marisqueros. Así lo constató a finales de marzo la Consellería do Mar tras analizar el impacto del temporal en los arenales y concluir que seis de cada diez zonas sujetas a planes de gestión registraban una mortandad calificada como «severa»; es decir, con una cantidad de moluscos muertos superior al 50% en el caso del berberecho o la almeja babosa. De ahí que la Xunta decidiese movilizar 22,7 millones para recuperar las áreas más afectadas, retribuyendo con 700 euros al mes (por 48 horas de trabajo) a las mariscadoras que participen en las labores de regeneración. 

Por ahora ya son cinco las cofradías que han aceptado estos apoyos formalmente —las de Noia, Vilaxoán, Muros, Cabo de Cruz y Vilanova—, que han suscrito sendos convenios de colaboración con el Gobierno gallego por los que se comprometen a establecer «medidas técnicas de conservación extraordinarias» para proteger sus poblaciones de bivalvos, contemplando entre ellas la prohibición de la actividad extractiva. La idea del Ejecutivo autonómico, no obstante, es que esta cifra se eleve hasta los 25 pósitos, que si todo sale como está previsto pararán totalmente su producción para centrarse en exclusiva en los trabajos de restauración.

Ante este panorama, la caída de las ventas en las lonjas es una realidad innegable. El golpe de las precipitaciones y el progresivo cierre de los bancos ha reducido considerablemente la cantidad de moluscos comercializados y su valor. Hasta mayo, solo se han despachado 788 toneladas tasadas en 9,7 millones de euros, un 29% y un 26% menos respectivamente. Se trata, en todo caso, de la peor cifra en lo que va de siglo para este periodo. 

Entre las grandes especies que más sufren están la almeja japónica —cae un 53% hasta las 212,2 toneladas—, el berberecho —su presencia merma un 78% hasta los 18.875 kilos— o la almeja fina —se hunde un 49% hasta las 11,7 toneladas—. También bajan el ameixón (-84%), la vieira (-75%), el longueirón vello (-70%), la almeja babosa (-45%), el carneiro (-44%) y la navaja (-18%). Por el contrario, suben la volandeira (+284%), el reloxo (+249%), la ostra rizada (+71%) y la almeja rubia (+13%), evitando que la sangría vaya a más.

Aun así, el roto que han causado las inclemencias meteorológicas al sector se traduce en un tijeretazo de 320 toneladas de bivalvos para las lonjas y un agujero de casi 3,5 millones de euros en términos de facturación durante los primeros cinco meses de 2026. La diferencia sería mucho más profunda si se tomasen como referencia ejercicios previos a 2025 y 2024, ya que sus arranques no fueron precisamente buenos. En el 2019 de prepandemia, por ejemplo, se comercializaron hasta mayo 2.600 toneladas valoradas en 22,3 millones de euros, más del triple y el doble respectivamente que este año.

El precio medio de las principales especies de moluscos se ha disparado a causa de su escasez. Así ocurre con el berberecho, que ha pasado de 4 a 9,2 euros/kilo en primera venta (+130%), y lo mismo sucede con la almeja babosa (+46%) o la almeja japónica (+26%).

El escenario es cuanto menos complejo y no hay visos de que vaya a mejorar a corto plazo. De hecho, la Consellería do Mar calcula que harán falta «de dos a cuatro años» para la recuperación del marisqueo gallego. Y por este motivo prorrogará los planes de gestión más allá del 2026, después de constatar que la crisis no permite «diseñar de una manera realista» nuevas propuestas.

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