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Impacto socioeconómico

La crisis del cerco agrava su fragmentación en Galicia: la principal asociación del sector ya solo representa a un tercio de la flota

Acerga pasa de 108 a 45 socios en dos años, marcados por los duros recortes que ha asumido la pesquería

Los armadores no tienen claro si la campaña de la sardina llegará a San Juan por falta de cuota

El cerquero «Novo Rosymar» durante una jornada de pesca a la altura de A Illa de Arousa.

El cerquero «Novo Rosymar» durante una jornada de pesca a la altura de A Illa de Arousa. / Iñaki Abella

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Vigo

El cerco es uno de los principales motores de la pesca más próxima al litoral gallego. Su actividad permite acercar al consumidor especies como la sardina, la caballa, el jurel o la anchoa, capturadas actualmente por 140 barcos que emplean este arte, y genera riqueza no solo para la flota, sino también para las lonjas, el transporte o los frigoríficos.

Hubo más buques, eso sí. De hecho, se encuentran en mínimos y lejos del récord de 188 embarcaciones contabilizadas en el arranque de la serie histórica del Rexistro de buques pesqueiros, allá por el 2004. Pero además de haberse reducido de forma sostenida, casi medio centenar de unidades que se han esfumado por un problema multifactorial —pérdida de cuotas, falta de relevo o caída del consumo del pescado, entre otras causas—, su voz está hoy más dispersa que nunca.

La principal agrupación del sector, la Asociación de Armadores de Cerco de Galicia (Acerga), reunía hace cuestión de dos años a 108 buques y de ellos solo quedan 45, pasando a representar solo a un tercio del gremio. Atrás queda la mayor influencia que ejercía la OPP-82, que en su mejor momento llegó a congregar a más del 70% de los cerqueros de la comunidad. La fragmentación se agrava y con ello el colectivo se arriesga a que el conjunto de sus reivindicaciones pierda fuerza, por ejemplo a la hora de salvaguardar sus intereses ante las distintas Administraciones.

Todo ello en una etapa en la que se acentúan las desinversiones y las salidas por parte de algunos propietarios próximos a la edad de jubilación, ya sea a través de ventas o con la mirada puesta en las paralizaciones totales. La situación socioeconómica de la flota se ha dinamitado, en esencia, por los recortes que ha sufrido a lo largo de los últimos años la pesquería, que ha visto cómo la caballa se hundía este ejercicio con un desplome inédito al que acompaña un nuevo tijeretazo al jurel y a la sardina.

«Hay mucha gente que desguazaría», reconoce Carlos Pose, que tomó las riendas de Acerga a finales del pasado año al ser elegido presidente de la entidad. El responsable achaca la pérdida de socios a «diversos motivos», asegurando que hay armadores que abandonaron el barco para gestionar su cuota de forma individual y también hay gente que se marchó «por disconformidad» con algunas decisiones tomadas en el pasado.

La realidad es que el sector cerquero prácticamente vive solo de la sardina, la especie de la que más toneladas dispone para capturar con mucha diferencia. Como avanzó FARO, el gremio ya ha consumido más de la mitad de la cuota habilitada para el caladero del Cantábrico Noroeste. «La campaña es una aberración», señala Pose, que muestra sus dudas respecto a si el pelágico que queda llegará hasta San Antonio y San Juan, festividades en las que el consumo de la especie se incrementa.

Acerga contaba con 81 buques hace algo más de un año, cuando este periódico informó por primera vez de la dispersión de voz del gremio. El agravamiento de la pérdida de integrantes, con 36 nuevas bajas, ha repercutido en que ahora haya más barcos que van por libre o faenan bajo el paraguas de otras asociaciones. Una de las que más miembros ha ganado es la Organización de Productores de Pesca Fresca del Puerto de Vigo (OPPF-4), que ya supera la veintena de buques del cerco vinculados, muchos con puerto base en la ciudad olívica y sus alrededores.

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