Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Día Internacional de la Mujer en el Mar

El legado de las Heroínas de Sálvora

Sasemar reivindica a sus pioneras y busca abrir más espacio a la mujer en un sector todavía masculinizado, pero donde más de 300 trabajadoras ya dedican su día a día a salvar vidas

Ainhoa Rúa, alumna en prácticas de Salvamento 
Marítimo, a bordo de la «Salvamar Mirach», en el 
muelle de Cangas.

Ainhoa Rúa, alumna en prácticas de Salvamento Marítimo, a bordo de la «Salvamar Mirach», en el muelle de Cangas. / Gonzalo Núñez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Vigo

María Fernández Oujo tenía 16 años cuando se echó a la mar en una pequeña dorna para salvar las vidas que trataba de tragarse el naufragio del correo Santa Isabel, hundido en la ría de Arousa en la madrugada del 2 de enero de 1921. Al siniestro se le bautizó pronto como el Titanic gallego por su catastrófico balance, más de 200 fallecidos, y a ella y a Cipriana Oujo Maneiro (24), Josefa Parada (32) y Cipriana Crujeiras (48) como las Heroínas de Sálvora, porque entre tanta desgracia estas vecinas de Ribeira lograron rescatar a medio centenar de personas.

Para que su valentía no cayese en el olvido, Salvamento Marítimo entregó ese mismo nombre a su buque más puntero. El Heroínas de Sálvora, un remolcador de 82 metros de eslora valorado en 53,6 millones de euros; la joya de la corona de la flota española destinada a garantizar la seguridad en los océanos. El homenaje del servicio, dependiente del Ministerio de Transportes, es solo el último de una larga lista de tributos que también han inmortalizado en barcos a Clara Campoamor, Concepción Arenal, María de Maeztu, María Zambrano, María Pita o Marta Mata.

El organismo ha dado y sigue dando pasos para acabar con la brecha de género en el ámbito marítimo, que van desde el reconocimiento y la normalización de la presencia femenina hasta la promoción de su inclusión a todos los niveles. Fruto de ello, apenas eran 200 las profesionales entre sus filas hace una década y hoy superan ya las 300, según los datos más actualizados de los que dispone la entidad, trasladados a FARO. En paralelo a ello se han ido cosechando otros hitos de calado, como la aprobación en 2021 del primer plan de igualdad de Sasemar.

Jana Pérez, jefa del CCS de Vigo, en su despacho. Sobre la mesa, un remolcador de Sargadelos.

Jana Pérez, jefa del CCS de Vigo, en su despacho. Sobre la mesa, un remolcador de Sargadelos. / Alba Villar

El próximo lunes será un nuevo Día Internacional de la Mujer en el Mar, el 18 de mayo, la fecha elegida por la Organización Marítima Internacional (OMI) para reivindicar su papel en un sector tradicionalmente masculinizado, pero para la jefa del Centro de Coordinación de Salvamento (CCS) de Vigo, Jana Pérez, ese día lo son y deben ser todos. Como recuerda, no hay que irse muy atrás, solo cinco décadas, para retrotraerse a los tiempos en los que ellas no podían acceder a las carreras náuticas de las Escuelas Superiores de la Marina Civil, la formación necesaria para ejercer como oficiales de la Marina Mercante. La apertura llegaría tras la Constitución de 1978, que blindó el principio de no discriminación por razón de sexo en su artículo 14.

«Para mí es un orgullo poder dedicar mi carrera a salvar vidas», señala Pérez en su despacho. Sobre el mostrador, una miniatura de un buque del servicio esculpida sobre cerámica de Sargadelos. Paradójicamente hay una Salvamar Sargadelos que opera desde el puerto de Ribeira y en ella trabajan hoy dos nietos sobrinos de Josefa Parada, una de las cuatro Heroínas de Sálvora.

El legado de las heroínas subyace oculto en esos detalles y se deja ver en una presencia femenina cada vez mayor. A ojos de la jefa del CCS de Vigo, una de las cuatro responsables que hay en los 20 centros de Sasemar a nivel nacional, es consecuencia de «la evolución natural». «Bienvenidas todas las que quieran trabajar con nosotros», dice, animando a las jóvenes a seguir rompiendo registros y acceder, como ella, a más puestos de responsabilidad. El centro ya ha alcanzado la paridad total, con una plantilla de 14 efectivos que en estos momentos conforman siete mujeres y siete hombres. «Necesitamos gente, porque se aproxima un relevo generacional importante», añade, aunque avisa: «Es un oficio que necesita una gran vocación».

El techo de cristal se rompe con la fuerza de las pioneras. Pioneras en todos los sentidos como también lo es Mercedes Bouza, una de las controladoras marítimas que supervisa que todo marche en orden en la ría olívica. La más veterana, con 20 años de experiencia. «No tenía tradición familiar marinera, pero la carrera me llamó la atención y mis padres siempre me apoyaron», cuenta sobre sus inicios.

Jana Pérez, jefa del CCS de Vigo, y Mercedes Bouza, controladora marítima, en la azotea del centro, con la ría de fondo.

Pérez y Mercedes Bouza, controladora marítima del centro vigués del Sasemar, con la ría de fondo. / Alba Villar

Antes de decantarse por entrar en Salvamento Marítimo, Bouza se formó durante cinco años y navegó otro lustro entero, tanto en aguas de España como del resto de Europa. «Éramos muy poquitas. A bordo siempre tenías que estar demostrando que valías para el puesto por el hecho de ser mujer. Los hombres siempre me preguntaban qué hacía porque no estaban acostumbrados», recuerda: «Yo les daba a entender que estaba preparándome, y que si estaba allí era por mi esfuerzo».

En su caso, llegó un instante en que lo vio claro y cambió la vida en el mar por la de tierra, cuando decidió que quería ser madre. La conciliación es seguramente una de las materias pendientes que más urge abordar, conciliación que el Sasemar sí le permitió compaginar sin desconectarse del sector marítimo.

Bouza en la sala de control del CCS de Vigo, donde coordina los operativos.

Bouza en la sala de control del CCS de Vigo, donde coordina los operativos. / Alba Villar

«Animo a todas las que quieran entrar en este mundo: por el mero hecho de que siempre haya sido masculino, no significa que no podamos. Y animo a navegar, a ver el mundo desde los océanos. No es lo mismo verlo desde la universidad que desde un barco. La experiencia a bordo cambia completamente», remarca Bouza, que cuando empezó en el CCS de Vigo era la única mujer.

La conquista de nuevos espacios continúa, y en el caso de Salvamento uno de esos territorios donde los hombres siguen siendo la aplastante mayoría reside precisamente en el mar. La plantilla del Sasemar en tierra está próxima a la igualdad (con un 43% de los puestos ocupados por ellas), pero en el caso del personal de flota todavía queda mucho por hacer (teniendo en cuenta que la presencia femenina se reduce a solo el 3% del total de profesionales).

A fin de revertir este desequilibrio, el servicio fomenta la inclusión de nuevo talento joven ofreciendo periodos de formación a alumnas como Ainhoa Rúa, que está realizando sus prácticas a bordo de la Salvamar Mirach, con base en Cangas. «Cuando le dices a alguien a qué te dedicas, sí se sorprende porque no es lo normal», reconoce: «Pero al final es lo que me gusta. Es difícil de explicar».

Rúa a los mandos de la «Salvamar Mirach».

Rúa a los mandos de la «Salvamar Mirach». / Gonzalo Núñez

«Lo que más me llena es poder ayudar cuando hay una emergencia», destaca Rúa, que tiene claro el consejo que le daría a cualquier mujer que, como ella, esté pensando en capacitarse para el día de mañana dirigir una embarcación: «Aunque siga habiendo prejuicios, como en todos lados, que no tengan miedo y lo intenten. Si es de verdad lo que quieren hacer, no se arrepentirán».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents